Muricy Ramalho, el entrenador que rechazó a la Selección Brasileña

El título de Liga del Fluminense agregó hoy una nueva página dorada al currículo de Muricy Ramalho, uno de los más completos entrenadores de Brasil y al que solo falta la Selección, a la que le...
 El título de Liga del Fluminense agregó hoy una nueva página dorada al currículo de Muricy Ramalho, uno de los más completos entrenadores de Brasil y al que solo falta la Selección, a la que le dio calabazas sorprendentemente en julio.  (Foto: Reuters)
Río de Janeiro, Brasil (Reuters) -
  • La Liga supone un regalo de cumpleaños y su cuarto Campeonato Brasileño

El título de Liga del Fluminense agregó hoy una nueva página dorada al currículo de Muricy Ramalho, uno de los más completos entrenadores de Brasil y al que solo falta la Selección, a la que le dio calabazas sorprendentemente en julio.

Para el entrenador, que cumplió 55 años el pasado martes, la Liga supone un regalo de cumpleaños y su cuarto Campeonato Brasileño, después de los tres que logró con el São Paulo entre 2006 y 2008, lo que lo deja a un título del técnico más laureado del país, Vanderlei Luxemburgo.

El triunfo también le servirá para borrar en parte cualquier atisbo de arrepentimiento que pudiera sentir por haber dicho "no" a la Selección el pasado julio, cuando el Presidente de la Confederación Brasileña de Futbol (CFB), Ricardo Teixeira, se la ofreció en persona.

En un primer momento Ramalho aceptó, pero advirtió que la decisión dependería de la Directiva del Fluminense, que obviamente se negó en redondo a perder a uno de los mejores entrenadores de Brasil tres meses después de haberle contratado.

Así pues, desechó romper el contrato de forma unilateral para alcanzar el sueño de cualquier entrenador brasileño y gentilmente declinó la invitación de la CBF argumentando que él cumple sus compromisos con los clubes.

Con gesto torcido y ceño fruncido, fiel a su fama de malhumorado, continuó su labor en el “Flu” y hoy completó un trabajado triunfo en una campaña tortuosa.

Precisamente, la disciplina y el trabajo duro que ha impuesto Ramalho han supuesto el principal factor para explicar el salto del equipo, que pasó de salvarse del descenso en la última Jornada el año pasado a lo más alto de la Tabla al final de esta campaña.

La receta de Ramalho siempre pasa por un futbol competitivo, muy estudiado en todas sus líneas y, en definitiva, no tan vistoso como le gustaría a los aficionados, puesto que su mente está siempre en el éxito.

Por ello, Muricy es firme candidato de nuevo al título de mejor entrenador del año, premio que la CBF le entregó cuatro veces entre 2005 y 2008, la primera de ellas a cargo del Internacional y el resto del São Paulo.

Alumno aventajado del histórico Telê Santana, su mentor en el São Paulo, Ramalho vivió su época más gloriosa precisamente en el “Tricolor Paulista”, con el que ganó tres Ligas y construyó un tanque que apisonó a casi todos sus rivales.

La maquinaria del São Paulo de Ramalho funcionó a la perfección en 2007, cuando ganó la Liga con 15 puntos sobre el Santos, una holgura inusitada, y más teniendo en cuenta que apenas necesitó anotar 55 goles, un registro bajísimo pero suficiente por su defensa inquebrantable, que encajó solo 19 goles en 38 partidos.

Sus reiterados fracasos en la Copa Santander Libertadores y el desgaste de su sistema, que había perdido efectividad, le costaron el puesto a mediados del año pasado.

Tras un breve e infructuoso paso por el Palmeiras, asumió las riendas del Fluminense el pasado abril y ha dejado al club en la cumbre, de nuevo con la mejor defensa del campeonato.

Ramalho inició su carrera como técnico en el Puebla mexicano (1993), donde colgó las botas después de haber jugado en ese equipo entre 1979 y 1985 y en el São Paulo entre 1973 y 1978.

Volvió al São Paulo un año después, para trabajar junto a Telê Santana, que falleció en 1996, y después comenzó una peregrinación que le llevó a una decena de equipos brasileños y al Shanghai Shenhua chino.

Siempre vestido con el chándal del club en el banquillo, lejos de la elegancia de otros colegas en el cargo, Ramalho, al que muchos jugadores consideran un padre, rehuye entablar amistades con sus pupilos fuera del ámbito laboral.

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