Oribe provocó estallido de frustraciones contenidas

Estupefacta durante 88 minutos, la afición americanista llenó el Azteca para estallar a punto del final toda la frustración contenida y evitar que fuera la minoría canadiense quien disfrutara de...
 Estupefacta durante 88 minutos, la afición americanista llenó el Azteca para estallar a punto del final toda la frustración contenida y evitar que fuera la minoría canadiense quien disfrutara de la noche.
Estadio Azteca, Ciudad de México -
  • El Presidente de CONCACAF, Jeffrey Webb, estuvo en un palco del Azteca

Estupefacta durante 88 minutos, la afición americanista llenó el Azteca para estallar a punto del final toda la frustración contenida y evitar que fuera la minoría canadiense quien disfrutara de la noche.

El inmueble parecía preparado para que las Águilas se dieran un festín y sellaran desde la Ida el boleto a Japón para el Mundial de Clubes.

Las ingenuas ilusiones del rival manifestadas un día antes por llevarse al menos el empate se quedaban cortas ante una sorpresiva ventaja que no llegó a la otra orilla.

El remate de Ignacio Piatti que no alcanzó Moisés Muñoz provocó que toda la banca visitante saltara como con resorte. Eufóricos, los de Montreal debieron mezclar el éxtasis con la incredulidad.

Sin embargo, a fuerza de solidez defensiva y ráfagas de contragolpe, el Impact poco a poco se creía la hazaña, misma que en lo más alto del estadio, en una de las esquinas de la Cabecera Sur, disfrutaba como nadie la breve porra canadiense de aproximadamente 200 seguidores.

Siempre tenso, el entrenador Frank Klopas alentaba y daba indicaciones sin ánimos triunfalistas, mientras a unos metros quien más sufría era Gustavo Matosas, de impecable traje oscuro, frecuentemente con las manos en la cintura y actitud preocupada como buscando explicaciones.

La goleada que le propinaron los Gallos de Ronaldinho apenas el sábado anterior era el peor antecedente para la derrota que presagiaba la noche, en la que él sobre todo quedaría mal parado, aun cuando parecía el destino y no el funcionamiento el culpable de la falta de contundencia.

El pronóstico de lleno se cumplió con aproximadamente 80 mil espectadores, con espacios vacíos únicamente en los últimos metros superiores de la Cabecera Sur, el único lugar del que no salieron abucheos para Darío Benedetto cuando salió de cambio en la recta final, a pesar de que en la reciente Semifinal fue ídolo por los cuatro que le marcó al Herediano.

Pero todo el coraje guardado se convirtió en júbilo con el cabezazo que sirvió a Oribe Peralta para convertirse en el héroe que salió de la banca y provocar un estallido en el Azteca que debió retumbar hasta Montreal y cuyo eco bien podrá durar hasta la Vuelta.

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