Cristiano, el extraterrestre

"A Messi lo llaman extraterrestre, pero en realidad, si lo analizas, Cristiano Ronaldo es mucho menos humano".

Al terminar el Clásico de Copa del Rey el martes pasado, conversaba online con Fernando Ruiz, un muy buen amigo, madridista y periodista deportivo también. En la charla dijo algo que me dejó pensando: “a Messi lo llaman extraterrestre, pero en realidad, si lo analizas, Cristiano Ronaldo es mucho menos humano”.

En general, al argentino le han puesto ese adjetivo los autodenominados poetas del futbol. Quienes creen que el juego es lírica y lo que hacen los futbolistas en la cancha es arte. Antes que a él, ya se lo habían dicho a Maradona. En ambos casos, se refiere a sus acciones dentro del rectángulo verde y tiene mucho que ver con la manera de ser de los argentinos, tan apasionados como exagerados, para bien y para mal.

Pero, si se analiza, tanto Messi como Diego eran bastante más humanos que Cristiano. Maradona es un tipo con muchas, muchísimas, debilidades, capaz de lo mejor y lo peor en momentos sucesivos; Leo por otro lado, es un personaje simple y entrañable. Tímido fuera del campo, expansivo dentro, genera simpatía de entrada. No es descabellado decir que, para los fanáticos del Barça, e incluso para el aficionado promedio, el “10” del Barcelona se ha vuelto un poco como el hermanito genial que nunca tuvieron, y si lo vieran en la calle lo primero que harían sería tenderle la mano.

Ronaldo tiene una personalidad mucho más compleja. Por un lado, es una especie de máquina. Messi es más genial y su techo es más alto, pero el portugués rinde siempre al mismo nivel. Y físicamente es el futbolista más poderoso que haya existido jamás. Una mezcla entre extremo y centro delantero que no se había visto antes. Capaz de galopar por banda como hicieron los grandes punteros y definir a primer toque como los mejores arietes. De los 46 goles que marcó en la Liga el año pasado, 34 fueron de primera intención, al más puro estilo de Hugo Sánchez.

Fuera del campo es casi imposible de leer. Para unos, parece ser arrogante y banal. Sus compañeros dicen que es un tipazo. La verdad es que no lo sabemos. Yo he tenido la oportunidad de hablar dos veces con él, y en ambas me quedé con una sensación rarísima. Cuando uno se sienta con un entrevistado, automáticamente trata de generar empatía, de verlo a los ojos y sentirse identificado. Con Cristiano era imposible. Parecía haberse creado una barrera tan grande que no había manera de atravesarla. Contestaba las preguntas y aguantaba las más difíciles a pie firme, pero de sus labios no salía una sonrisa y sus ojos no reflejaban emoción alguna. Nunca he sentido lo mismo con nadie en el pasado.

Quizá es esa falta de calor lo que le ha permitido las comparaciones, a menudo desfavorables, con Lionel Messi. Con excepción de los madridistas más recalcitrantes, el mundo parece coincidir en que el argentino es mejor jugador. Eso a veces nos hace olvidar que Cristiano es un fenómeno en sí mismo. Un futbolista de esos que normalmente surgen uno por generación. Físicamente adelantado a su tiempo. El anterior a él fue Ronaldo el brasileño, antes de romperse la rodilla, y antes que ellos… Pelé.

A algunos puede parecerle un sacrilegio pero es quizá Cristiano el verdadero heredero de “O Rei”. De acuerdo con las palabras del tricampeón del mundo, la razón principal por la que dominó su era como lo hizo fue por su patente superioridad física, y al ver videos de sus partidos queda más que comprobado. Pelé parecía un Ferrari en un mundo de bicicletas. Lo mismo que Cristiano ahora. Su cabezazo ante Italia en la final de México 70 es tan parecido al que el portugués marcó ante el Manchester United que dan escalofríos.

Por supuesto, Pelé es simpático y Cristiano no tanto, lo mismo que Messi es más amable que Maradona. Quizá por ello, en las comparaciones particulares, suelen salir mejor parados Leo y “O Rei”, pero no hay que confundirse. Estamos frente a uno de los jugadores más grandes en la historia del futbol mundial. Y así como debe disfrutarse cada partido del Barcelona y cada exhibición de su número 10, los juegos del 7 del Real Madrid son dignos del mismo análisis y elogio, aunque cuando usemos la palabra extraterrestre para referirnos a él, no la rodeemos de adjetivos poéticos y fórmulas edulcoradas. Que no quepa duda, pasará mucho tiempo antes de que volvamos a ver a un jugador así, y sería una lástima que nuestros colores nos impidieran darnos cuenta.

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