La semifinal en el Sánchez Pizjuán o Valdano, la desesperación de un poderoso

En las semifinales de la Copa del Rey, el sorteo le jugó una mala pasada al Sevilla y, de paso, al Real Madrid. La fortuna puso frente a frente a los dos equipos que lucían más aptos para...
En las semifinales de la Copa del Rey, el sorteo le jugó una mala pasada al Sevilla y, de paso, al Real Madrid. La fortuna puso frente a frente a los dos equipos que lucían más aptos para enfrentarse en la final.
 En las semifinales de la Copa del Rey, el sorteo le jugó una mala pasada al Sevilla y, de paso, al Real Madrid. La fortuna puso frente a frente a los dos equipos que lucían más aptos para enfrentarse en la final.

MEDIOTIEMPO | Redacción12 de Febrero de 2004

En las semifinales de la Copa del Rey, el sorteo le jugó una mala pasada al Sevilla y, de paso, al Real Madrid. La fortuna puso frente a frente a los dos equipos que lucían más aptos para enfrentarse en la final.

En el partido de ida, pese a un partidazo de los andaluces, los Merengues se llevaron un 2-0 del Santiago Bernabéu. Este marcador, que prácticamente sentenciaba la eliminatoria, hizo a todos voltear al juego de vuelta en Sevilla, la típica atención que se le pone al lugar donde puede ocurrir un milagrito.

Así llegó el duelo decisivo que, para comenzar, tuvo que ser retardado 10 minutos por la gran cantidad de gente que permanecía amontonada en las afueras del estadio Sánchez Pizjuán, del Nervión que, para ese día, generaba el apoyo más poderoso que podía lograr.

A los 40 segundos de arrancado el encuentro, en una cancha pintada de amarillo por una bengala, el Sevilla anotó el gol que acababa con la necesidad de un milagro y comenzaba a materializar una actuación heroica. Después de esto comenzó la verdadera guerra, el gol sacó por un momento a los “Galácticos” del Limbo y los puso al alcance de un equipo terrenal, los puso en la mira del Sevilla.

Al minuto 44’, Zidane se hizo expulsar, fue provocado por Alfaro que, como todo humano necesita hacer algo más para detener al “Mago”, entonces Zinedine se quitó por un momento la toga y el gorro de estrellas, dejó la varita mágica sobre el césped y reaccionó a la provocación con un golpe.

El juez de línea, el famoso Asistente Rafa Guerrero apreció todo y, si el central se había hecho de la vista gorda, el hombre de la bandera no lo hizo e informó de la agresión a Iturralde que puso el cartón rojo frente a Zidane, frente al hombre de la “ruleta” mágica, frente al mejor jugador del mundo. Un remolino se formó en la banda, cámaras, “Galácticos”, gente de seguridad, un caos, ¡habían mandado a la calle a Zidane!. Entonces, el mejor equipo del mundo comenzó a rogar por ayuda.

Esto trajo como consecuencia que, al medio tiempo, uno de los hombres con más poder en el futbol mundial, que comúnmente se expresa con inteligencia y mucho respeto a los actores principales del juego (jugadores y Árbitros), perdió la compostura, se levantó del trono y sacó las credenciales para hacerse sentir, para que el silbante sudara frío, para que el poder madridista comenzara a pesar. Quiso tomar el papel de Juez supremo.

Iturralde escribió en su acta que Valdano le dijo “esto es una vergüenza” y, a decir de los testigos, el directivo madridista era increpado por algunos jugadores del Sevilla que lo encaraban para evitar que tanto poder influyera en las decisiones del silbante. El propio delegado del equipo andaluz y la fuerza pública intentaban frenar a ese poder que quería colarse hasta los mundanos sótanos de los vestuarios, que alteraba ese cuarto de hora de descanso que tanto y tantas veces cambia el destino.

“Valdano ha bajado a apretar al árbitro”, denunciaba Antonio Álvarez, auxiliar técnico del Sevilla ante los micrófonos de las estaciones de radio al arranque del segundo tiempo.

El partido acabó en lo que parecía obvio, un Sevilla heroico pero terrenal, un Real Madrid que, aunque establezca guerras terrenales, nunca dejará de estar en el Limbo. Sevilla 1(1)-0(2) Real Madrid, otro equipo que “casi” deja fuera a los Merengues, que casi toca el cielo.

“Puedo entender que alguien que está en el campo, con tantas pulsaciones, haga algo, pero lo de él no tiene justificación. Le tenía un gran aprecio hasta hoy. (…) Cuando peor lo veía ha ido a meterle presión al árbitro, a coaccionarlo. Eso es así y no hay burras que valgan” decía Pablo Alfaro de la actitud de Valdano, mientras Monchi, el Director Deportivo del Sevilla calificaba al directivo Merengue como un rabanito “rojo por fuera y blanco por dentro”.

Antoñito, jugador del Sevilla declaró. “Sabíamos que con la que se montó en el medio tiempo, algo iba a ocurrir, queda en su conciencia”. Y así es, el árbitro reportó el hecho, la prensa lo denunció, los jugadores los repudiaron, pero al final, Valdano sólo tendrá el castigo de su conciencia, el castigo de que, por un momento, no pudo evitar usar ese gran poder para algo tan pobre como pararse enfrente del árbitro y, con un guiño espetarle en la cara, -a mí, a Valdano, al que escoge a los “Galácticos”, tu trabajo no me gusta-.

Valdano sacó las credenciales, puso el cargo por delante, se olvidó de cuando le gritaba a la “gordita” que se metiera al arco en la final del Mundial de México, se olvidó de cuando rogaba por que los partidos se decidieran por lo que él y sus compañeros hacían en la cancha, se olvidó del olor a hierba y de la sensación al golpear una pelota.

La pregunta es si, con tantas posibilidades de hacerlo, con tanto poder, con tanta influencia, ¿alguien es capaz de tener ese poder y no caer en el error de usarlo, al menos una vez, para arreglar injustificada e indebidamente lo que se considera una injusticia?

[mt][foto: Mexsport]

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas
×