Porteros: De santos y milagros

Dicen que los porteros son seres acostumbrados a la soledad, pero pocos saben que, como ángeles custodios, viven acompañados del halo propio de los santos.
Dicen que los porteros son seres acostumbrados a la soledad, pero pocos saben que, como ángeles custodios, viven acompañados del halo propio de los santos.
 Dicen que los porteros son seres acostumbrados a la soledad, pero pocos saben que, como ángeles custodios, viven acompañados del halo propio de los santos.
Madrid, España (Reuters) -
  • La soledad de los porteros es una invitación al heroísmo

Dicen que los porteros son seres acostumbrados a la soledad, pero pocos saben que, como ángeles custodios, viven acompañados del halo propio de los santos.

Cada vez que un arquero protege la meta con paradas asombrosas, o milagrosas, se recurre rápidamente a elevarlo a los altares del futbol, añadiendo a sus nombres la vitola de santos.

De Iker Casillas a "san" Iker, de Gordon Banks a "San" Gordon, de Sergio Goycoechea a "san" Sergio, de Dino Zoff a "san" Dino, de Lev Yashin (la "araña negra") a "san" Lev, un santoral liderado tal vez por el único portero que se ganó el apodo de "divino", el español Ricardo Zamora.

A Casillas le habían colgado la etiqueta de "santo" en el Mundial de Corea del Sur-Japón (2002) cuando en los Octavos ante Irlanda detuvo tres penaltis (uno en tiempo normal, dos en la tanda final).

El portero está ya en los libros de historia del futbol como uno de los grandes, pero la parada que hizo el pasado domingo ante el Sevilla, a tiro del argentino Diego Perotti, a dos metros de la línea de gol, entró en la categoría de las "imposibles".

Corría el minuto 46 y el Sevilla ganaba 1-0. Álvaro Negredo superó a Albiol y pasó a Perotti, que, con la portería "aparentemente" vacía -Casillas estaba en el poste vigilando la internada de Negredo-, disparó y se dispuso a cantar el gol con los hinchas sevillistas.

Sólo el "santo" decidió aquel disparo no terminaría en gol. Corrió del palo izquierdo al derecho, voló, estiró los brazos y despejó. Visto y no visto.

Los medios madrileños comparan la parada con la que Banks hizo a Pelé en el Mundial de México 1970. Pelé cabeceó hacia abajo un centro de Jairzinho, el portero inglés corrigió su posición, rectificó su caída y rechazó el testarazo picado de "O Rei".

Banks tenía unos reflejos felinos. En la historia de los intensos duelos entre Inglaterra y España, quedó grabada una extraordinaria parada a Grosso en Wembley el 3 de abril de 1968, en los Cuartos de Final de la Eurocopa.

Bobby Charlton anotó el 1-0 en el minuto 85. España presionó en busca del empate. Casi en el último minuto, llegó la gran oportunidad. Amancio envió un centro muy cerrado. Banks buscó instintivamente su poste derecho, pero se cruzó Grosso y con el tacón enfiló el balón hacia el palo izquierdo.

Los más de 94.000 espectadores enmudecieron, ya que se daba el gol por hecho. Nadie podía esperar el felino salto de Banks, que detuvo la pelota sobre la misma raya.

La soledad de los porteros es una invitación al heroísmo. Héroe, y "santo" fue el argentino Sergio Goycoechea que en el Mundial de Italia 1990 neutralizó cuatro penas máximas (dos ante Yugoslavia y otras tantas ante los anfitriones) que colocaron a la Albiceleste en la Final (perdida ante Alemania por 1-0).

También Oliver Kahn llevaba camino de ser el héroe de Alemania en el Mundial de 2002. De hecho se ganó el "Trofeo Yashin" de la FIFA al mejor portero. Había encajado un solo gol y recibió el galardón justo antes de la Final contra Brasil.

El trofeo lo envolvió en un halo de mala suerte. En el minuto 67, Kahn no atrapó un remate de Rivaldo y el rechace fue aprovechado por Ronaldo para marcar el primer gol, el que abrió el camino del triunfo por 2-0 y el quinto título para Brasil.

"Después del partido, me sentí vacío y culpable", escribe Kahn en su biografía "Yo. El éxito viene de adentro" para ilustrar la eterna disyuntiva en que se mueven los porteros: si aciertan, son los salvadores del equipo; si fallan, son los culpables de la derrota. A un delantero se le disculpan los errores, a un arquero jamás.

Hay porteros que no se recuperan del fallo. O no les dejan recuperarse. Moacir Barbosa tuvo la desgracia de guardar la meta de Brasil en la Final del Mundial de 1950 frente a Uruguay, aquella que perdió el equipo "verdeamarelha" y que pasó a la historia como el "Maracanazo".

Edgar Alcides Ghiggia marcó el gol de la victoria uruguaya por 2-1 en el minuto 79 y muchos brasileños culparon a Barbosa, que dejó escapar un balón que botó frente a sus manos.

Barbosa, que falleció en 2000, fue conocido durante años como "el portero maldito". Quedó tan marcado que él mismo repetía que sólo sería absuelto "por la justicia divina".

Casillas, ahora héroe, también vivió su tiempo de penitencia, aunque tuvo la fortuna de cara para levantarse. Ocurrió en la Final de la Champions League de 2002 conquistada por el Madrid ante el Bayer Leverkusen.

Iker, cuando aún no era "san", llevaba dos meses en el banquillo y veía su futuro con pesimismo. Pero en el minuto 67, se lesionó el titular, César, y Casillas ocupó su puesto y evitó con paradas decisivas el empate de los alemanes.

Nunca lloró tanto. Había pasado en minutos de la pena a la gloria, de vivir "la parte más gris del futbol, estar en el banquillo", como él mismo dijo, a protagonizar el noveno título europeo blanco, cumpliendo una vez mas el caprichoso destino de los porteros.

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