Las esposas de los futbolistas españoles se sinceran

Viven el futbol de manera distinta a un aficionado, a un futbolista, a un entrenador o a un periodista. Entienden que el balompié es un fenómeno de masas que en ocasiones roza el absurdo.
Viven el futbol de manera distinta a un aficionado, a un futbolista, a un entrenador o a un periodista. Entienden que el balompié es un fenómeno de masas que en ocasiones roza el absurdo.
 Viven el futbol de manera distinta a un aficionado, a un futbolista, a un entrenador o a un periodista. Entienden que el balompié es un fenómeno de masas que en ocasiones roza el absurdo.
Madrid, España -
  • Tres parejas de futbolistas españoles narran la angustia de ser "la esposa de un futbolista"
  • No todo es color de rosa en la vida de un futbolista, dicen

Viven el futbol de manera distinta a un aficionado, a un futbolista, a un entrenador o a un periodista. Entienden que el balompié es un fenómeno de masas que en ocasiones roza el absurdo. La palabra  glamour no está en su diccionario, a diferencia de las parejas de David Beckham y Cristiano Ronaldo. Son trabajadores e independientes, dicen llevar una vida normal, son sencillas y se desenvuelven con naturalidad. Son Marta Parreño, esposa de Jofre Mateu, centrocampista español que se formó con Xavi, Iniesta y Puyol en La Masía, que debutó en el Barça de la mano de Louis Van Gaal y puede sentirse orgulloso de haber levantado en alto una Copa del Rey con el Espanyol. Teresa Otegui, pareja de Jorge Alonso, jugador español que ascendió con el Hércules a Primera División y ha estado cerca de fichar por el Sevilla en varias ocasiones. Y Laura Franco, mujer de Iñaki Aispurúa, ex portero del Levante y que actualmente forma parte de la secretaría técnica del mismo club. "Al finalizar el encuentro, los aficionados les esperaban para insultarles a todos, y la manera de insultar a Pedja fue: “¡Que se muera el hijo de Mijatovic!" Estas mujeres se han acostumbrado a lidiar con este deporte de sol a sombra. Coinciden en que lo más difícil de ser la esposa o pareja de un futbolista es verlos tristes cuando su equipo va mal, animarlos cuando sufren alguna lesión y escuchar los insultos que evocan las gradas cuando sus parejas se equivocan. Al respecto, Marta comparte con Medio Tiempo una anécdota que la hizo pensar que el futbol a veces es cruel y despiadado. “Partido del Levante. Allí jugaba Pedja Mijatovic, el ex futbolista del Real Madrid. Este jugador tenía un niño pequeño que tenía una enfermedad cerebral muy grave (ya murió). El equipo iba mal y perdieron otro partido. Al finalizar el encuentro, los aficionados les esperaban para insultarles a todos, y la manera de insultar a Pedja fue: “¡Que se muera el hijo de Mijatovic!”. Gritando todos y repetidas veces. "Eran muchos, no solo un descerebrado. Es algo que nunca olvidaré. A veces le gente se toma el futbol como algo personal. La gente va al estadio a descargar sus frustraciones personales. Hay gente que va a los partidos no a animar, sino a criticarlo todo, a insultar, a gritar, a maldecir”. Teresa asegura que en la vida de un futbolista no todo es color de rosa, detrás del dinero y de la fama, del reconocimiento social y del héroe que viste de corto, hay mucho sacrificio. “La gente que dice que la vida de los futbolistas es increíble, yo les diría que no lo es tanto, sobre todo en los aspectos de tiempo libre. Es duro no poder disfrutar de un fin de semana con tu novio tranquilamente. Nos vemos siempre que podemos”. Según comenta Marta, la fiebre por este deporte roza el absurdo. Los aficionados suelen atribuirles una imagen a los futbolistas que difícilmente se asemeja a la realidad que les rodea. “De puertas hacia fuera todos los futbolistas son iguales: poco formados, fiesteros, mujeriegos, niños malcriados… de puertas hacia dentro, la mayoría son personas normales: familiares, responsables, algunos con formación, no te voy a decir que todos porque no, pero algunos sí estudian y tienen carreras. La imagen de los futbolistas la dan gente como Cristiano Ronaldo o Beckham, pero la realidad no tiene nada que ver con ellos”. Contrario a lo que uno podría pensar, no son fanáticas al deporte de las patadas. Marta comenta que el futbol la ha decepcionado.  “Antes me gustaba mucho. De pequeña y preadolescente sufría y me enfadaba cuando el Barça no ganaba. Ahora lo he aborrecido. Me da igual, excepto lo que suceda con el equipo en el que juega mi chico por lo que le pueda afectar a él. Después de conocer por dentro el mundo del futbol he entendido que muchas veces no sirven ni el esfuerzo personal, ni el talento”, comenta a Medio Tiempo. Teresa le agarró el gusto al futbol cuando empezó a salir con su novio. “Antes sentía indiferencia hacia ese deporte, pero si compartes tu vida con una persona que se dedica a ello, al final tienes que amoldarte y compartirlo. Me delato si digo que con uno de los dos tiempos sería suficiente”, dice entre risas. El futbol les afecta tanto como a sus esposos, al grado de que su futuro en ocasiones también está determinado por este deporte. "Aquel año jugó todas las eliminatorias de la Copa, y marcó varios goles. Y en la final, el entrenador le dejó en la grada. Esas injusticias me revientan" “Recuerdo el último partido de Liga cuando mi chico jugaba en Levante. Jugaban en el campo del Villarreal. Si ganaban, permanecían en Primera y mi chico continuaría en el equipo. Si perdían, bajaban a Segunda y finalizaba su contrato. Yo quería que ganaran, primero, porque estar en Primera División es lo mejor que le puede pasar a un futbolista. Segundo, porque yo llevaba tres años en Valencia, tenía un trabajo que me gustaba y me había amoldado mucho a la ciudad. Quería quedarme. Ese día fui al campo, estaba muy nerviosa. Y perdieron. Lloré porque me di cuenta de que una buena jugada de un jugador del Villarreal, o una mala decisión del árbitro, determinaría mi futuro. Y así fue. ¿Pero sabes qué? Que fue para bien, porque fichó por el Español y volví a casa un año”, comenta Marta. A pesar de lo difícil que puede llegar a ser la vida de un futbolista, Teresa afirma que estaría dispuesta a hacer cualquier cosa por respaldar a su pareja. “Estaría dispuesta a todo por él, puesto que soy su amiga y compañera de viaje, y si él me necesita y me lo pide, iría sin ninguna duda. Eso sí, siempre y cuando yo pueda trabajar de lo mío. Soy muy independiente y me gusta crecer a nivel personal”. Cuando Medio Tiempo le pregunta a Laura cómo vive las críticas deportivas en torno a su esposo y si es difícil o no estar con un futbolista, ella responde sin tapujos. “Me imagino que no es ni fácil, ni difícil, es una profesión que está expuesta a los medios y por lo tanto te pueden criticar, hay que estar preparado para eso, no te tienes que creer ni lo bueno, ni lo malo de lo que digan, es aislarte un poco de las criticas”. Ya encaminada la entrevista, Marta prefiere continuar hablando sobre el lado oscuro del futbol. “El año que mi chico jugaba con el Español ganaron la Copa del Rey. Aquel año jugó todas las eliminatorias de la Copa, todas, y marcó varios goles. Y en la final, el entrenador le dejó en la grada para que los titulares que jugaban el campeonato de liga disfrutaran del partido. Esas injusticias me revientan, tanto si las hacen contra él, como con cualquier otro. No puedes quitarle a un jugador la experiencia de vivir una final en el Bernábeu cuando ha jugado con éxito todas las eliminatorias”. Tiene claro que no todos los entrenadores profesionales están capacitados para dirigir un equipo. “Considero que muchos entrenadores, como el 65%, no tienen ni idea de llevar grupos, no tienen ni idea de inteligencia emocional, ni de motivación. No tienen ni idea de tratar con personas, y lo creo tras 10 años de ver el comportamiento de muchos entrenadores. Muchos no saben tratar a titulares y suplentes por igual y crean mal ambiente. Por eso llega alguien como Guardiola, formado, inteligente, capaz, empático con los jugadores, que logra lo que logra. Él es la excepción. Pero hay bastantes que son auténticos incompetentes”. Pero para ellas no todo es negativo en el futbol. Reconocen que el balompié también les ha dado grandes alegrías. “Cuando ganan me encanta, pero cuando mete gol, ¡parece que sólo voy con él! Parece que no soy fan del equipo, sino exclusivamente su fan. Suena algo ridículo, pero me emociona tanto. Recuerdo el día que mi novio me dedicó el golazo de la victoria haciendo una “T” con sus manos y mandando un beso a la cámara porque me habían operado. Qué puedo decir… me hizo llorar de emoción”, comenta una Teresa conmovida. Para Marta, la parte más reconfortante de compartir su vida con un futbolista es “ver cómo la gente les siente tan cerca sin ni siquiera conocerles. Ver a los niños esperar al final de los partidos para hacerse nerviosos una foto, temblando. Ver que cuando ganan, es como si hubieran ganado ellos, los aficionados. Conocer gente de muchos lugares. Vivir en ciudades distintas”.

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