Los 'trajes' de Mourinho y Guardiola

El aficionado al futbol lee ahora cualquier cosa que diga Mourinho. Lo misma pasa con Guardiola. La gente espera del portugués una declaración rimbombante, una descalificación del contrario, una...
 El aficionado al futbol lee ahora cualquier cosa que diga Mourinho. Lo misma pasa con Guardiola. La gente espera del portugués una declaración rimbombante, una descalificación del contrario, una explicación arrogante de sus decisiones.  (Foto: Reuters)
Ciudad de México -
  • Mourinho, el hombre cálido y afectivo
  • 'Pep', el hombre que cumple sueños

El aficionado al futbol lee ahora cualquier cosa que diga Mourinho. Lo misma pasa con Guardiola. La gente espera del portugués una declaración rimbombante, una descalificación del contrario, una explicación arrogante de sus decisiones. Del catalán, se esperan palabras envueltas en sencillez, dulces cargados de ironía, canapés rellenos de humildad.

Aunque ésa es la imagen que trasciende de ellos, como si se hubieran hecho esos trajes a la medida, no son los únicos que tienen colgados en el guardarropa. Visten diferentes trajes de acuerdo a la ocasión. Los primeros, y con los cuales les conocemos, son como pararrayos sobre los que caen la presión y las críticas que no quieren que les caigan a sus jugadores.

Mourinho no sólo fue el traductor de Bobby Robson en el Barça, ni es el portugués del ceño fruncido, ni el soberbio entrenador victorioso que está enojado con la vida. Dicen los pocos que le conocen bien que es un tipo cálido y afectivo, que el traje que viste ante las cámaras no es el mismo que lleva puesto en casa, que es generoso con los futbolistas, que sus guerras dialécticas son momentáneas, como los truenos y los relámpagos que iluminan el cielo mientras el agua inunda las tierras.

Decidió no seguir los pasos de su padre cuando era joven y cursaba la carrera de educación física. Ahí se dio cuenta que la formación de su pensamiento era fruto de la unión de dos disciplinas que a simple viste parecen incompatibles, el conocimiento y el futbol.

Sabía que si seguía tratando con torpeza el balón en los campos de entrenamiento, nunca llegaría a ser un crack como alguna vez había soñado. Sin embargo, sí sabía que si aplicaba su incuestionable liderazgo, su tendencia natural para estudiar y para entender los complejos aspectos del estudio, algún día llegaría a estar en el top de entrenadores del mundo. Guardiola es diferente. Viste otra marca de trajes. Tiene una cultura de club de toda la vida. Persigue con obsesión hacer feliz al albañil que le dio la vida. Para Pep, su padre es un ejemplo de integridad y esfuerzo, cualidades que intenta reflejar y transmitir a sus jugadores. Detrás de esa barba crecida de tres días, de esas corbatas delgadas y elegantes, de esos zapatos italianos, está el hijo de un ‘paleta’ (así se les llama a los albañiles en España). Ante la prensa, se pone el traje sencillo, el humilde, el del día a día. Sus declaraciones no perforan los oídos, mide sus palabras con una cinta métrica, como si sus pensamientos los hubiera construido con cemento y ladrillo. Trata de ser modesto, incluso sumiso en ocasiones. Quizás la experiencia de haber dejado su casa a los 13 años para irse a La Masía, le demostró que cuando se es nuevo lo mejor es guardar distancia. En su paleta de pintor, Guardiola mezcla la influencia de Cruyff como entrenador, la precisión táctica de Van Gaal, la templanza de Rijkaard, las charlas con Menotti, Bielsa y Pekerman. Combina el azul con el rojo, el amarillo con verde, pero todas las combinaciones le dan el naranja, el naranja de Holanda, de aquella naranja mecánica. Lo de Mourinho es otra cosa. Es la inteligencia y el conocimiento puesto en escena, como si se tratara de interpretar varios personajes en una misma obra. A veces prefiere que se imponga la táctica al espectáculo. Otras que su equipo suene como orquesta sinfónica y no como una banda de rock. Así sea música clásica o rock and roll, los resultados siempre le sonríen.

Comparar a uno con el otro no tiene sentido, a menos de que hablemos de éxitos. Ambos son perfeccionistas, amantes de los libros y de la música. Son líderes, carismáticos con diferentes definiciones. Difieren en conceptos futbolísticos como los que más. Guardiola es predecible y Mourinho camaleónico.

Pero ahora que pondrán sus estrategias a la vista de todos ante los tres clásicos que se avecinan, habrá argumentos suficientes para que el espectador se identifique con uno, o con el otro.

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