Se vivió de todo en el Jalisco: de la decepción, a la alegría

"Pues mira, de entrada ya estamos perdiendo porque no tenemos a cinco seleccionados, pero hoy demostraremos que con la cantera le podemos meter un susto a cualquiera", le decía un aficionado chiva...
"Pues mira, de entrada ya estamos perdiendo porque no tenemos a cinco seleccionados, pero hoy demostraremos que con la cantera le podemos meter un susto a cualquiera", le decía un aficionado chiva a otro del Atlante, en una plática en las afueras del
 "Pues mira, de entrada ya estamos perdiendo porque no tenemos a cinco seleccionados, pero hoy demostraremos que con la cantera le podemos meter un susto a cualquiera", le decía un aficionado chiva a otro del Atlante, en una plática en las afueras del

Alejandro Jiménez | MEDIOTIEMPO (corresponsal)Estadio Jalisco. 13 de agosto de 2005

"Pues mira, de entrada ya estamos perdiendo porque no tenemos a cinco seleccionados, pero hoy demostraremos que con la cantera le podemos meter un susto a cualquiera", le decía un aficionado chiva a otro del Atlante, en una plática en las afueras del estadio en un puesto de tortas ahogadas.

"Hoy por lo menos les metemos tres y nos cobramos aquella vez que nos metieron siete", decía el atlantista al enchilado rojiblanco. Y es que la ahogada se le pasó de chile al vendedor y poco faltó para que llorara. De seguro al final si lloró, porque un partido que estaba perdido, logró darle la vuelta su equipo y de seguro el sentimiento triunfalista le ganó.

La entrada fue buena a secas, ya que se esperaba más afición, pero al ser Atlante, un equipo que no tiene arrastre, se puede decir que la entrada fue buena. El cielo estaba como cualquier día, sin muchas nubes y el Dios Tlaloc no se veía venir, por lo que se presumía, sería un partido sin lluvia.

El cotejo inicio y dicho y hecho, Chivas sufría y Atlante hacía pensar lo peor a todos los asistentes en el Jalisco. Recién corría el minuto ‘9, cuando Manuel Sol entregó un balón a Sebastián González y este sirvió a Galaz, quien ni tardo ni perezoso la mandó guardar para el poner el uno a cero, a favor de Atlante.

La afición presagiaba lo peor, ya que Chivas lucía desordenado, errático en sus pases y Atlante dominaba a placer el medio campo. El Jalisco estaba apagado, nadie lanzaba un "Chivas, Chivas". Todo era hermetismo en el graderío, que en un 98 por ciento era del Guadalajara.

A Chivas le llovía sobre mojado, ya que Tlaloc decidió darse una vuelta por Jalisco y soltó un tormentón que obligó a los que estaban en las zonas "A", irse a buscar un refugio para protegerse. El partido volvió aburrido, con poco futbol, pero eso sí, mucho agua.

La lluvia seguía pero no se le veía por donde al Rebaño,  pues tuvo pocas oportunidades en el primer tiempo, aunque claras, pero fueron muy pocas. El ambiente en el estadio era de tensión, la cerveza no se vendía como otras ocasiones y la afición estaba decepcionada porque no veía como su equipo reaccionaría.

Se terminó el primer tiempo y con el se fue la lluvia. La gente abucheó a Chivas, en especial a Alejandro Vela, ya que lució torpe con el esférico y fue de los más castigados por la afición.

Galindo hizo cambios para el segundo tiempo, el equipo se vio mejor, aunque otro error provocó la segunda anotación. Cuando la gente esperaba el empate, fue todo lo contrario. Minuto 61, Galaz se hacía presente de nueva cuenta y la afición ya estaba esperando la goleada.

Los minutos restantes parecían mero trámite para que Chivas sumara otra derrota más, pero pasó lo esperado por todos. Ya a la afición no le importaba si su equipo metía gol bonito o no, lo que querían era descontar el marcador y con más corazón que futbol, Héctor Reynoso se sumó al ataque, se encontró con un balón en las narices de Vilar y de una manera poco ortodoxa, lo mandó a guardar.

Ese gol fue la vida para el Jalisco, así como para los del sonido local, porque de inmediato las porras comenzaron a retumbar en el Jalisco con la canción de Guadalajara en su versión electrónica. De ahí en adelante, las cervezas, las botanas, las pizzas, los cueritos y hasta "las mejores guasanas", se vendieron como pan caliente, en una noche mojada y de frío.

Nadie se acordaba que había llovido. La emoción corría por las venas a una velocidad descontrolada. La adrenalina de igual manera. El hombre que fue abucheado, que fue despedido con silbidos al finalizar la primera parte, era quien les daría la segunda gran satisfacción al minuto 71.

Y es que Alejandro Vela cabeceó un centro de Rafael Medina y el gol del empate ya estaba siendo gritado por todo el Jalisco. La decepción que sentía el aficionado en el primer tiempo, el coraje y la misma impotencia, ahora la cambiaban por aplausos para Vela, quien por cierto festejó solo, nadie de sus compañeros fue con él. Vela corrió con la barra 1908 y sus compañeros regresaban a su campo, porque ya querían que moviera el rival para buscar el tercer gol.

Atlante estaba incrédulo, los pocos aficionados que hicieron el viaje estaban temblando, pero no por una posible derrota, sino por el frío que su equipo transmitía y por la lluvia que recién había pasado. En eso, Manuel sol recoge un bombón que le dejó Adolfo Bautista, vio a Vilar adelantado y la bombeó, para cerrar con broche de oro, la noche.

La afición no se puede quejar, en el primer tiempo tuvieron sentimientos encontrados al ver que su equipo no funcionaba e incluso el partido lo daban por perdido. En el segundo tiempo todo eso cambió y los aplausos, las porras y el "y arriba las Chivas si señor", se escuchaban en las salidas del estadio.

[mt][foto: Mexsport]

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