Conociendo a Guillermo Franco (Tercera Parte)

 
  

 

 

 

 

 

 

Dulce Moncada | MEDIOTIEMPO (corresponsal)Entrevista Exclusiva

Sigue de la Segunda Parte

... Y LLEGÓ EL DEBUT

Su mente se transporta hasta el 12 de Mayo de 1996 exactamente. Ningún otro libro o papel podría ser más preciso que su memoria al momento de revivir la primera vez que se vistió con los colores del San Lorenzo y jugar su primer partido en la Primera División.

"¡Cómo olvidarlo! Jugamos a las 3:30 de la tarde en nuestra cancha contra Lanús, en el juego anterior contra Ferro fui al banco. Tenía 19 años pero tenía mucha ansiedad lo cual me llevó a cansarme y quedarme sin aire. Es indescriptible... -comenta, mientras su mirada vuelve a perderse-. Perdimos 3-2 pero en mi casa después no pude dormir de sólo pensar. Uno en la vida tiene que darlo todo y si no se dan las cosas, no se dan".

SU RECONCILIACIÓN CON DIOS

Si había un dolor que persistía diariamente en el corazón de Guille era la separación de sus padres, por lo que su relación con Dios no era muy buena que digamos.

"Siempre le reproché a Dios el no tener a mi papá y a mi mamá, es en ese momento cuando llega una persona a hablarme del amor de Dios y yo le puse una barrera por lo que yo había pasado. El amor de padres siempre me faltó y le eché la culpa a Dios por decisiones que uno toma, fueron mis padres los que decidieron separarse y ¿Qué culpa tiene Dios de eso? Yo entendí todo después", cuenta mientras se frota las manos.

"Una vez una persona se acercó para decirme que Jesús me amaba y esas cosas, que a mí me produjeron un alto en mi vida. Me invitó a una reunión y eso para mí fue todo, conocer a Dios de una manera distinta, Dios para mí es todo y por el soy quien soy y gracias a él todo se fue dando”, fue así como Dios se convirtió en el escudo del jugador del Monterrey. “Yo tenía un carácter muy fuerte, un carácter bastante podrido por las cosas que pasé de chico y la falta de cariño y amor pero Dios lo fue moldeando y me cambió mucho".

Para cualquiera puede ser desesperante escuchar que Guille hable siempre de Dios, pero luego de darle la paz interior que necesitaba, es comprensible. Cuenta que ha habido partidos en los que algunos jugadores del equipo rival se quieren aprovechar de él, esperando que no responda a golpes o patadas solo por ser cristiano.

"Me defiendo, no soy tonto. En la cancha a veces me dicen -Sos cristiano-, sí pero no tonto, no por eso me vas a venir a pegar. Yo también me sé defender, hay que separar las cosas".

MÉXICO LINDO Y QUERIDO...

Después de una larga travesía con el San Lorenzo, en donde fue Campeón dos veces, Franco recibió la oferta al cierre del Clausura 2002 del Monterrey. El "Káiser", Daniel Alberto Passarella pidió que este goleador portara la casaca albiazul del club regiomontano junto a sus compatriotas, Walter Erviti y Pablo Rotchen. Es en esta ciudad en donde a Guillermo Franco le cambió la vida.

"Las cosas se te van dando en la vida, cuando entendí lo que pasó en mi infancia dije que no lo cambiaría. Los momentos tristes y dolorosos te hacen fuerte y maduro", dice mientras se reacomoda en el sillón para continuar con su explicación sobre el significado de México en su vida.

"Monterrey fue una experiencia nueva. Subir al avión, pensar con qué me iba a encontrar, la gente, los directivos, la presentación... Siempre veía por la tele que presentaban a los jugadores y decía ¿Cuándo me van a presentar a mí en un equipo?".

"Yo necesitaba salir de San Lorenzo, conocer otro club pero nunca pude por equis razón. Por eso México es muy importante para mí. Me abrió las puertas para crecer profesionalmente, para hacer un nombre más fuerte de lo que tenía en Argentina, me regaló la posibilidad de tener dos hijas y de contar con el cariño de toda la gente que, en estas dimensiones, no tenía en San Lorenzo".

Pero el Guille no viajó solo a Monterrey, con él el destino le mantuvo a una persona a la que conoce muy, pero muy bien: Walter Erviti. "A Walter lo conozco desde hace mucho tiempo pues vivimos en Casa Club. Jugamos en Reservas, fuimos Campeones en Reservas; jugamos en Primera y fuimos Campeones, como si eso fuese poco, cuando vamos a venir acá -a Monterrey-, ¡Venimos juntos! Me río porque en el avión le decía a Walter -No te aguanto más, me tenés podrido. No puede ser que me esté yendo a Monterrey, México y vos estés viajando conmigo, ¡No puede ser! Increíble... Es más chico que yo y en la casa club los tenía bien cortitos a todos, pero él fue muy educado, mientras a otros les tenía que dar un coscorrón".

"Soy una persona que le gustan los retos, los desafíos, el hecho de venir a Monterrey, que tenía mucho sin ser Campeón, dije -Qué bueno, vamos a matarnos para lograrlo... Hasta que vivimos el campeonato que fue impresionante, cada que me acuerdo de esa fiesta, la gente, se me pone la piel de gallina de recordar porque toda la gente estaba en la calle cuando salimos en la caravana. Ver llorar a la gente y a los chicos me hacía llorar y así será hasta el día que me muera porque fue algo muy fuerte".

Tan importante es esta ciudad para este singular jugador que hace un par de meses adoptó su nacionalidad mexicana, lo cual no cayó nada bien en el seno futbolístico.

Le pese a quien le pese, para bien o para mal, Guillermo Franco ya está trabajando con la Selección Mexicana y se estrenará en un juego oficial el sábado en el Estadio Alfonso Lastras cuando el Tricolor enfrente a Guatemala.

[mt][foto: Mexsport]

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