La desilusión de 1994... ¡Otra vez los malditos penales!

 
  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPO15 de noviembre de 2005

  • Stoichkov volverá a enfrentarse a México, ahora desde el banquillo
  • El inolvidable tanto de Negrete en 1986

Las imágenes del funesto episodio se evocan como en cascada. En el futbol cualquier pretexto es válido para recordar las tristezas y alegrías del pasado, hasta un partido amistoso entre selecciones que ya no son lo que eran; una ha crecido, es una constante en el máximo festival balompédico del orbe; la otra, se quedó en la orilla y añorando las bondades del ayer. Nos transportamos casi de manera obligada… México contra Bulgaria en octavos de final de la Copa del Mundo EUA 1994. Los sueños de la nación azteca en contra del coraje balcánico. Un partido que nos marcó para siempre.

La escuadra dirigida por Miguel Mejía Barón tenía vueltos locos a los de su patria. No era para menos: clasificó a los octavos de final como primer lugar de su grupo con cuatro unidades, quedando por encima de la República de Irlanda, Italia y Noruega. El único tropiezo de los verdes en lo que iba de la competencia se había producido ante los nórdicos, quienes se impusieron por la mínima diferencia. Además, el subcampeonato alcanzado en la Copa América Ecuador 1993 permanecía como un espejo que afirmaba que sí, que era posible soñar, que las alturas no estaban vetadas para el futbol mexicano. El rival, Bulgaria, provocaba un respeto que nunca tuvo matices de temor. México estaba muy seguro de sus posibilidades, sabía que estaba en sus pies el colocarse entre las ocho mejores representaciones del planeta. Restaba conseguirlo sobre el terreno de juego.

Cinco de julio de 1994, la fecha marcada. El Giants Stadium, el escenario. Estados Unidos era suelo tricolor. Los colores verde, blanco y rojo se fusionaban para llenar de colorido y esperanza un estadio que nunca antes había sentido tan de cerca, en sus propias entrañas, la pasión que es capaz de desbordar un simple partido entre veintidós jugadores. Si en las tribunas los mexicanos se permitían gritar y rogar por el cumplimiento de la hazaña, en nuestra tierra la historia no era diferente: las calles estaban inhabitadas, los restaurantes repletos y millones de corazones a punto de estallar. Se trataba de la catarsis que sólo podemos vivir cada cuatro años.

El silbatazo del árbitro, cuyo nombre se omite por carecer de importancia en éste relato, nos señaló que la cita con el destino había llegado. Todos atentos, cada uno en su trinchera. Los nervios del comienzo aún nos estremecían cuando una mortal noticia  emergía frente a nuestros ojos: Hristo Stoitchkov, con la misma clase que se le conocía en el Barcelona, el mismo que ahora dirige los destinos de su selección, fusilaba sin miramientos a Jorge Campos. Apenas a los seis minutos, el duelo ya tenía tintes lúgubres. “Por qué a nosotros”, “Es la historia de siempre”, nos decíamos los mexicanos.

Pero una luz de esperanza nos devolvió la vida, nos ilusionó hasta las lágrimas. Es Alberto García Aspe el que coloca la de gajos en el manchón penal, el que se perfila, el que mira con ojos decididos, el que estremece las redes, el que saca el pecho y provoca que el grito de “Viva México” retumbe aún con mayor fuerza que en las festividades de Independencia. De los dieciocho minutos, cuando cayó el tanto de la igualada, en adelante, todo fue un  coágulo de tensión que no pudo explotar ni en tiempo regular ni en los tiempos extra. Hasta ese momento, el único ganador era Hugo Sánchez, quien, aún sin jugar, se pintaba de mártir y condenaba a Miguel Mejía Barón. Ese cambio no realizado, esa modificación que para unos no hizo el Doctor y que para otros no aceptó cumplir el Pentapichichi, terminaría por desencadenar el adiós de uno de los estrategas que mayores satisfacciones le ha dado al balompié nacional. Pero esa es otra historia, necesariamente ligada, pero otra finalmente.

Lo que nos reúne en torno a un mismo pensamiento es la temible tanda de tiros penales en EUA 1994. México se sabía malo desde los once pasos, al menos así se sentía. ¿Realidad o mero prejuicio? No importa, lo cierto es que los malos presagios se materializaron, que hasta el infalible Beto García Aspe voló su disparo cuando sólo tenía que repetir la historia de su ejecución en tiempo reglamentario. Claudio, como buen Emperador acertó, trató de dar el ejemplo, de nada sirvió… el tres a uno a favor de los europeos era una realidad irreversible. Y México entero hizo lo que cada cuatro años: llorar por la derrota e ilusionarse inocentemente con la llegada de una nueva oportunidad.

Un grato recuerdo Para aliviar el dolor que produce el recuerdo de Estados Unidos 1994 no hay mejor paliativo que la soberbia anotación de Manuel Negrete ante Bulgaria en los octavos de final de la Copa del Mundo México 1986. Manolo retó las leyes de la gravedad, se elevó como los grandes y remató de tijera para vencer al búlgaro Borislav Mihaylov, quien vólo hacia su izquierda para, involuntariamente, hacer aún más estética la estampa futbolera. Uno de los goles más bellos en la historia de la Copa del Mundo abrió la puerta para que los nuestros se impusieran y accedieran a los cuartos de final, donde fueron eliminados por Alemania. [mt][Foto: Mexsport]

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