Del anonimato a la fama, los zapatos de Carlos Ramírez

Un Clásico los alejó del anonimato, los convirtió en los máximos héroes del municipio de San Nicolás de los Garza. Ellos no pierden la humildad, saben perfectamente que la fama es efímera, sobre...

Edmundo Valdemarín | MEDIOTIEMPO14 de marzo de 2006

Un Clásico los alejó del anonimato, los convirtió en los máximos héroes del municipio de San Nicolás de los Garza. Ellos no pierden la humildad, saben perfectamente que la fama es efímera, sobre todo en un deporte que así como te eleva, te estrella contra el suelo con pasmosa facilidad. “Nosotros seguimos siendo los mismos. No negamos que fue lindo aparecer en las portadas de los diarios ni en la top de Medio Tiempo, pero es apenas el primer paso de un largo camino para dejar de ser una sensación y convertirnos en realidad”, aseguran los botines del delantero felino Carlos Ramírez.

Muy pocos los conocían. Los más avezados apenas recordaban a cierto delantero de singular figura con los Potros de Hierro del Atlante; sin embargo, en tierra norteña pasaban prácticamente desapercibido. “Carlos y nosotros podíamos pasar por cualquier lado sin que alguien se dignara a pedirnos un autógrafo. Ahora, después del gol que le metimos al Monterrey, no dejan de acosarnos. Algunos hasta quieren quitarnos las agujetas como recuerdo. Por eso no nos la creemos, la popularidad no es más que un espejismo”, afirman mientras juguetean entre sí y dejan al descubierto la misma picardía con que sirvieron como medio para estremecer las redes de Cristián Martínez.

“Nos ganamos una nueva oportunidad. En diecisiete minutos de juego conseguimos lo que otros no han podido hacer en partidos completos. Esta oportunidad sí nos la ganamos”,  afirman convencidos. Carlos Ramírez y sus zapatos tienen frente a sí un futuro incierto. Por un lado se convirtieron en héroes del Clásico Norteño; por el otro, el hecho en sí mismo puede quedar ahí, relegado en el anecdotario de los apasionantes duelos entre Tigres y Monterrey.

La despedida se da con cierta emotividad. Los simpáticos tachones se abrazan entre sí y se despiden augurando un mejor futuro para los de amarillo. “Nos verán más seguido cabr…”, dicen entre risas para adquirir su realidad inanimada en el momento en que el utilero se acerca para guardarlos.

[mt]

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