El Corona vive

La semana pasada expresé en este mismo espacio mi sentir en cuanto lo frío que es el nuevo Corona, ofrecí algunos puntos de vista que al parecer no fueron solitarios.

La semana pasada expresé en este mismo espacio mi sentir en cuanto lo frío que es el nuevo Corona, ofrecí algunos puntos de vista que al parecer no fueron solitarios, sino que pude encontrar a una gran cantidad de aficionados que piensan lo mismo. Las porras santistas reaccionaron, se pusieron de acuerdo por primera vez en muchos años y hablaron con la Directiva para tratar de darle vida a un lujoso estadio que a la fecha parece “aburguesado”. Este es un primer paso importante para recobrar todo lo que solía implicar un domingo en el extinto y tres veces campeón Estadio Corona. Sin embargo creo que aún falta mucho camino por recorrer, toda vez que existen alrededor de 15 mil nuevos asistentes al TSM que están en una etapa de aprendizaje en este sentido, es decir, van más al estadio porque se volvió uno de los principales centros sociales de La Laguna, y es a ellos a los que se les debe enseñar a vivir la experiencia en todos los sentidos. Otro de los problemas radica en la división de las porras laguneras ya que existen tres o cuatro principalmente y se colocan en áreas distintas de la tribuna lo que ocasiona falta de comunicación entre sí, lo que por consecuencia provoca confusión. A más de un año de vida, el Corona no ha dicho su primera palabra, aún no habla por sí solo ni ha hecho sentir su rencor a los rivales, aún no canta al mismo tiempo ni ha mostrado algún modo de expresión original. En cuanto eso comience a suceder, el Corona volverá a ser “La casa del dolor ajeno”, tal como lo bautizara Rubén Maturano. Con esto me refiero a que su gente todavía no ha marcado el recuerdo de la afición como lo hizo en aquella Liguilla contra Toros Neza cuando el público ondeó pañuelos blancos para pedir la oreja y rabo de unos Toros que finalmente perecieron en la cancha. O la manera en que toda la comunidad futbolera en La Laguna se integró en una sola cuando Santos corría serio peligro, esa historia comenzó en el 2004 con la venta del equipo a Carlos Ahumada y terminó cuatro años más tarde con un campeonato. No ha llegado el día en que se resalte lo que ocurrió en la tribuna, y eso que ya se vivieron dos finales en su cancha. Mi última intención es la de alentar a actos violentos ni mucho menos, es más bien la de hacer ver lo que yo considero necesita la nueva casa guerrera para volver a tener esa esencia que solamente existía en el inmueble de las Carolinas. Este sábado en el Corona volveremos a ver el humo que intimida a los rivales, se entonarán cantos al unísono y se buscará no solamente que hable; su gente quiere oírlo gritar para saber que está vivo, tal como lo estaba en un tiempo pasado no muy lejano.

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