Vanidad, el pecado favorito

Mientras Messi demuestra que "ha crecido" en la cancha, se desinhibe poco a poco, aparece en anuncios de televisión y posa sonriente al lado de Laporta tras el jugoso contrato que firmó recientemente.

Mientras Messi demuestra que "ha crecido" en la cancha, se desinhibe poco a poco, aparece en anuncios de televisión y posa sonriente al lado de Laporta tras el jugoso contrato que firmó recientemente para terminar de tatuar de blaugrana su corazón, las noticias que llegan desde Italia vuelven a desilusionar a los argentinos. El fisco italiano tiene memoria y su dios está en el cielo. En sus archivos la deuda de Maradona asciende a los 54 millones de dólares cifra que guardan desde aquellos tiempos de gloria con el Nápoles. Ayer por la noche la policía entró al hotel Grand Palace en Merano en donde Diego se recupera, y le confiscó un par de aretes de brillantes con un valor de 6 mil dólares. Desafortunadamente, esta no es la primera vez que sucede. Hace 3 años la policía irrumpió en su hotel y le confiscó 2 Rolex. Lo que desilusiona ya no son las deudas o que si usa aretes de brillantes o los relojes. Maradona abandonó a su gente en un momento en el que necesitaban su abrazo más que nunca. Ese que ellos le dieron tantas veces. Decepciona el motivo también. Por lo visto, esta ocasión no era necesario algún tipo de hospitalización urgente, ni tratamiento de rehabilitación, razones que eran aceptadas por sus seguidores. Físicamente Diego se ve bien, incluso unos años más joven, pero quizá durante la repetición de alguno de los juegos más recientes de Argentina sintió que se veía pasado de peso y por eso el viaje relámpago a Italia.

Lo que le pasa a Maradona no se cura en ninguna isla paradisíaca, o clínica famosa. Mucho menos se atiende en un conocido spa en donde descansan los más famosos del mundo. Hoy Diego está  enfermo de otra cosa. Se llama vanidad.

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