Rosique

Mariel, el mar, y las maravillas

Jueves 20 de Septiembre del 2012



La historia de la humanidad la han escrito los exploradores y los aventureros, los inquietos  y los visionarios, los curiosos y los atrevidos. ¿Por qué tratar de escalar el Monte Everest?, le preguntaron a Sir Edmund Hillary en 1953, cuando nadie había logrado volver vivo de la cima. “Porque está ahí”, contestó aquel criador de abejas neozelandés que se convirtió en el “Cristobal Colón”, de los escaladores. Y así como Sir Edmund Hillary y su sherpa Tensing Norgay se enfrentaron a esa montaña invencible, hay hombres y mujeres con el mismo espíritu que han soñado con desafiar los límites que la naturaleza le impone a los seres humanos. Hay quienes han soñado con caminar en la luna o llegar al espacio; hay quienes han emprendido el reto de ascender los 14 “ochomiles” que hay en la planeta; otros, igual de arriesgados, se han lanzado a la conquista del Polo Sur o a cruzar corriendo el desierto del Sahara. Han sido la curiosidad y la ambición, la posibilidad y los sueños, los que han empujado a los seres humanos a explorar y alcanzar cordilleras y cauces; a ascender y desafiar selvas y desiertos; a internarse y descender a abismos y profundidades, tan solo “porque están ahí”.

La mexicana Mariel Hawley también pertenece a esa estirpe de temerarios e inconformistas, y la noche del 24 de agosto se metió al mar para enfrentar, brazada a brazada, uno de los cruces más devastadores que existen en el planeta: el trayecto Isla Catalina-Palos Verdes, California; 34 kilómetros de nado a 16 grados de temperatura, a veces menos, y en aguas turbulentas habitadas por leones marinos, ballenas y tiburones. Completar ese cruce en el Oceáno Atlántico significaba para Mariel convertirse en la primera mujer mexicana en conquistar la Triple Corona de nado en aguas abiertas.
    
Tres años antes, Mariel había logrado completar la primera gema de esa “Triple Corona”: el Maratón acuático de Manhattan, un reto de 46 kilómetros que supone darle la vuelta a la isla de los rascacielos. En el 2011, esta esposa y madre de dos hijos, había consumado el mítico cruce del Canal de la Mancha, la segunda joya, los 33 kilómetros de aguas frías que separan a Francia de Inglaterra. Por eso, la noche del 24 de agosto pasado, Mariel nadaba, apenas iluminada por el barco que la apoyaba, y guiada por un kayak, por la última maravilla que completaba la gesta. Pero detrás del imponente reto deportivo había una causa mayor, un motivo con mayor trascendencia que cualquier récord.
    
Con 43 años de edad y con más de mil kilómetros de entrenamiento a cuestas, Mariel nadó durante toda la madrugada contra las corrientes marinas, pero sobre todo, contra sus miedos personales y sus límites mentales. Cada media hora debía detenerse, sin posibilidad de tomarse de la embarcación, para ingerir alimentos y ser revisada por el médico y su entrenadora Nora Toledano, leyenda del nado en aguas abiertas. Cuando salió el sol y Mariel comenzó a ver la costa de California, lo peor había pasado. 11 horas y 27 minutos después, Mariel llegó por fin a la empedrada playa de Palos Verdes para certificar así el cruce y convertirse en la primera mujer mexicana en conquistar la “Triple Corona” y en el segundo nadador de nuestro país en lograrlo, sólo detrás del incombustible Antonio Argüelles.  
    
Pero lo mejor de esta proeza no son los kilómetros o las dificultades enfrentadas, sino la causa que impulsa a Mariel. Hija de un cirujano, Mariel conoció desde pequeña el drama que sufren los niños con labio-paladar hendido, por lo que decidió librar obstáculos también fuera del agua para que sus cruces tuviesen una repercusión permanente. Apoyada por la Fundación Alfredo Harp, Mariel encabeza la campaña “Quiero Sonreir”, dedicada a ayudar a niños que nacen con este grave problema. Cada travesía de Mariel ha hecho posible que 100 niños con labio-paladar hendido accedan a las cirugías necesarias para paliar sus problemas y mejorar sustancialmente su vida.

Como te dije antes, la historia de la humanidad la han escrito los exploradores y los aventureros, los inquietos y los visionarios, los curiosos y los atrevidos; los sensibles y los inconformistas, personas como Mariel que desafían los límites y nos inspiran con su ejemplo a hacer con nuestras vidas algo más grande, más significativo, más valioso. ¿Por qué tratar de escalar el Monte Everest? ¿Por qué cruzar a nado el Canal de la Mancha o la distancia entre Isla Catalina y California? ¿Por qué ayudar a los demás? ¿Por qué tratar de mejorarles la vida?
   

Como dijo Sir Edmund Hillary, y como lo replica con su esfuerzo Mariel Hawley, “porque podemos, porque están ahí”.

*Si quieres saber más sobre las hazañas deportivas de Mariel Hawley visita: www.marielhawley.com

*Si quieres conocer las gestas deportivas de otros mexicanos inolvidables visita: www.eldiademivida.com.mx
 
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