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El portero olvidado

Sábado 9 de Marzo del 2013

  • Paco Castrejón fue olvidado durante una parada técnica. (Foto: Carlos Calderón)
  • La ausencia del arquero no fue notada hasta después. (Foto: Carlos Calderón)
  • Algunos jugadores americanistas aprovecharon para estirarse. (Foto: Carlos Calderón)
  • Narciso Ramírez y Gonzalo Rivera cambiaron la llanta. (Foto: Carlos Calderón)
 

No cabe duda que los tiempos cambian. Hoy en día los grandes equipos de la Primera División viajan en avión casi a cualquier destino, salvo que el partido se juegue en un lugar cercano; en dado caso, en autobuses de lujo, en los cuales el chofer se hace acompañar de un par de ayudantes por si una contingencia se presentara. 
 
Hace unos años, esto era impensable. Los jugadores –simples mortales- ganaban bien, pero no tanto como hoy en día y eran en general un poco más sencillos. Los viajes se hacían casi todos en autobús y solamente que el destino fuera muy, pero muy lejano, se utilizaba el avión como medio de transporte.
 
Les voy a contar una anécdota que sucedió el 23 de abril de 1978, cuando el  América regresaba de su viaje a León, en donde había logrado empatar a un tanto con el conjunto esmeralda. 
 
El partido fue uno de los más esperados esa semana. Por los locales anotó Mario Ayala y por los visitantes igualó Carlos Reinoso. 
 
El León, que pasaba por un buen momento -13 partidos invicto- se fue al ataque con todo el arsenal por delante y gracias a Paco Castrejón, portero del América, el conjunto de Coapa no recibió cuando menos tres goles. 
 
Cuando el encuentro terminó, “El Popeye” Trujillo se acercó a Castrejón y le dijo, mientras le daba el paso hacia los vestidores, “Paquito”, salvaste todo, pasa por delante no te nos vayas a olvidar”.
 
Una vez que todos se bañaron, emprendieron la marcha en el camión del equipo hacia la ciudad de México. Estaban cerca de Querétaro, cuando de pronto el camión se detuvo luego de un sonido característico: la llanta externa trasera del lado derecho se había ponchado. 
 
El chofer, reanudó la marcha, pero esta vez a baja velocidad, buscando una vulcanizadora. Una vez localizada –la única abierta un domingo por la tarde- entre Narciso Ramírez, medio campista del América y Gonzalo Rivera, el masajista del equipo, quitaron la llanta. 
 
Algunos de los jugadores aprovecharon para estirar las piernas, descansar en la acera o ir a tomar un refresco. 
 
Una vez que se concluyó con las labores, Raúl Cárdenas, Director Técnico del América, llamó a todos a abordar el autobús. El camión partió y mientras unos cantaban o platicaban, otros se pusieron a dormitar un rato. Trujillo, comentaba con Estupiñán las grandes atajadas de Castrejón, cuando de pronto se dio cuenta de algo ¡Paco no venía en el autobús! 
 
Así es, el portero, héroe de aquella tarde se había quedado en “quiensabedonde” o lo que es lo mismo ¡Simplemente, se les había olvidado! 
 
El camión dio la vuelta para regresar por el guardameta, justo cuando un automóvil les dio alcance. Un turista se apiadó de Paco Castrejón y le dio el famoso “ride” para alcanzar el autobús. 
 
Tras firmarle algunos autógrafos, el automovilista prosiguió su camino y Castrejón subía al camión americanista, en donde tuvo que soportar la fila india entre patadas y pamba de sus compañeros, quienes muertos de risa, escuchaban la historia: Paco, aprovechando que cambiarían la llanta, buscó un baño en una lonchería del lugar, cuando salió “libre de toda culpa” se dio cuenta que lo habían dejado. 
 
Mientras su hazaña era contada, el héroe del partido había sido olvidado.
 
¡Cosas que tiene la vida!


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