Estamos realizando ajustes en nuestros servidores para ofrecerte una mejor experiencia.
 
calderon

Una de piratas

Sábado 23 de Marzo del 2013

  • La anécdota de las Águilas pirata. (Foto: Carlos Calderón)
  • La anécdota de las Águilas pirata. (Foto: Carlos Calderón)
 

Nada más para que vean cómo cambian los tiempos, les voy a contar una anécdota que me relató hace mucho Alfredo Tena y que Vinicio Bravo tuvo a bien retratar en su libro “¿Qué tienes en la Maleta?” que desgraciadamente no es fácil de conseguir.

Hoy en día, ¿Quién pudiera pensar que un equipo profesional del futbol mexicano, de la talla del América, realizara “giras piratas” durante sus vacaciones? Ni el más loco soñador podría siquiera imaginarlo.

Pues resulta que el América de principios de los ochenta, aquel que fue multi Campeón, lo hacía.

Verano de 1982, el equipo acababa de terminar la liga y ya todos se preparaban para ir de vacaciones, cuando Vinicio, quien era el organizador de lo que él llamaba “Bravo Tours y asociados” les habló a varios de sus compañeros.

Resulta que habían recibido una invitación para jugar un partido en Chetumal, Quintana Roo con todos los gastos incluidos: avión, hotel y comidas para cada jugador y su familia, o sea ¡Unas vacaciones pagadas!

Vinicio, se dio a la tarea de hablarles a todos los que pudo. Algunos, sobre todo los extranjeros, ya se habían marchado a sus países de origen, otros, ya tenían planes, pero si lograba reunir por lo menos a 11, el trato estaba hecho.

Ya con los jugadores requeridos, de último momento Bravo recibió la llamada de  aquel gran jugador de las Águilas: Milton Pinheiro da Silva “Batata”, quien había pospuesto su viaje a Brasil para arreglar lo de su contrato y le pidió si podía unirse al grupo.

Como el brasileño resultaba un plus, por supuesto que fue bienvenido. En el grupo viajaban Hugo Salazar, Manolo Rodríguez, Alberto Trejo, Alderete, Juan Antonio Luna, Javier Aguirre, Alfredo Tena, Héctor Tapia, Beto dos Santos -hermano de Zizinho, tío de Gio y Jonathan y que había sido jugador de la U. de G.- Cristobal Ortega, “Borjita” Márquez, Batata y Vinicio Bravo, así como el profesor Hugo de Anda, preparador físico del equipo y compinche en la aventura de este “América Pirata”. El que no llegaba era Fidel Ángel Jardón y el avión ya casi partía. Bravo le habló a su casa y el “muchachito” se había quedado dormido, pero apurado y todo alcanzó a llegar.

Los jugadores, acompañados de sus respectivas esposas y en algunos casos de sus hijos, emprendieron el vuelo a Chetumal.

El equipo llegó a su destino y un nervioso empresario los esperaba. Por un lado, quería constatar que llegaran, por otro, que la mayoría de los futbolistas conocidos estuviera ahí, no le fueran a dar gato por liebre.

Hospedados en el Hotel Presidente, las familias se dedicaron a descansar y los jugadores también. No era un partido formal y no iban a dedicar “sus vacaciones” a entrenar. ¡No señor! Cada quien podía hacer lo que quisiera, dormir tarde, ponerse a bailar en el bar del hotel o simplemente dedicarse a la familia.

El partido se jugó al día siguiente a eso de las cuatro de la tarde, con un calor espantoso. El “América Pirata” dirigido por el profesor de Anda, ganó sin preocupaciones 2-0, aunque el equipo local dio buena batalla.

Los aficionados, salieron contentos y los americanistas aceptaron una comida que los organizadores dieron en su honor. Esa misma noche, algunos decidieron marcharse a Cancún, otros regresaron a la ciudad de México para arreglar lo de su renovación de contrato y otros tantos se quedaron unos días más en Chetumal.

Los jugadores -bien dice Vinicio Bravo- aprovechaban estos momentos para unirse más. Sin molestos directivos, ni entrenadores exigiéndoles cuidarse a cada instante, los futbolistas se volvían más como una gran familia, acompañados por su esposa e hijos.

Una sana convivencia que poco a poco se ha perdido. Hoy en día, muchos de los jugadores de un mismo equipo, no se relacionan más allá de los entrenamientos, los partidos o las concentraciones; viven pegados a los iPods, celulares o juegos personales, no conocen a la familia del compañero ni desean hacerlo. Al futbol lo ven como una simple profesión, como si fueran a una oficina todos los días y solo quisieran que llegara la tarde para irse a casa, cansados y quitarse la corbata.

Se ha dejado de ver al fútbol como lo que es, un hermoso juego al que todos quieren entrarle. Ojalá y todos los que nos gusta este deporte tuviéramos la oportunidad de jugarlo profesionalmente. Que hagas lo que te gusta y además te paguen ¡Y de qué manera! Algo que desgraciadamente no sucede en todos los trabajos ni profesiones.

Son esos equipos, como el América de los ochenta, los que marcan épocas, los que en la intimidad, nos muestran que esas pequeñas cosas hacen una gran diferencia en la unión de un grupo.

Twitter @CarlosCalderonC

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

Comentarios