Se va usted o me voy yo... ¡pues váyase usted!

Hace unos días murió uno de los nazarenos más reconocidos en la historia del arbitraje. Un personaje al que el comentarista Ángel Fernández llamó "El árbitro de América".

Hace unos días murió uno de los nazarenos más reconocidos en la historia del arbitraje. Un personaje al que el comentarista Ángel Fernández llamó “El árbitro de América”. Nos referimos por supuesto a don Arturo Yamasaki, quien nació en Perú, de ascendencia japonesa, naturalizado mexicano y al que sus amigos llamaban “Chino” por sus ojos rasgados.   Arturo, pocos saben que llegó a jugar profesionalmente, como portero en su natal Perú, pero tras dos años de casi no jugar y recibir sendas golizas en los pocos encuentros en los que tuvo acción, decide dejar los guantes y dedicarse al arbitraje, en donde destacó como uno de los mejores.

Al recordarlo, casi todos lo hacen por sus tres Copas del Mundo o por aquel partido llamado “Del siglo” entre Alemania e Italia, en la Semifinal del Mundial de México 1970. También se le recuerda porque en el Mundial de 1962 tuvo los arrestos para expulsar al mismísimo Garrincha, ídolo de aquel Mundial.

En México, marcó una época. Su primer partido en nuestro país lo pitó el 16 de junio de 1968, siendo el Clásico de Jalisco, el Guadalajara-Atlas y colgó finalmente el silbato en el partido Toluca-Unión de Curtidores el 22 de junio de 1975. De igual manera, fue Presidente de la Comisión de Arbitros de la FMF de 2003 a 2006 e instructor de arbitraje durante muchos años.

Yamasaki, vivió un gran número de anécdotas, como aquella muy conocida en donde el Cruz Azul goleaba a las Chivas y Sabás Ponce  se le acercó para pedirle “Don Arturito, márquenos aunque sea un penal a favor, porque nos están haciendo ver muy mal”.

Y Arturo le dijo “Pues acérquese al área pues, porque a la mitad del campo esta dificilísimo marcar un penal”. Yamasaki, es también aquel árbitro de la película "El Chanfle", a quien Chespirito parece expulsar al mostrarle la tarjeta roja que se le había caído momentos antes al nazareno.

Pero no todo fueron miel sobre hojuelas, por supuesto. También le tocaron momentos difíciles. Les voy a contar lo que ocurrió la mañana del 25 de febrero de 1973, cuando Arturo Yamasaki fue el encargado de arbitrar el partido Puebla-América.

Ese domingo, el Estadio Cuauhtémoc presentaba un lleno. El equipo local era comandado por un viejo conocido, el hombre de las mil cachuchas don Ignacio Trelles.

Trelles, se caracterizaba, además de su gran dirección y estudio del rival, por sus viejas artimañas, como dejar el pasto crecido cuando dirigía al Zacatepec, para cansar al rival a casi 40 grados de temperatura o, como en este caso en Puebla, por meterse a la cancha para detener el partido cuando el rival tiene la batuta.

Sucedió que el Puebla dominó gran parte del primer tiempo. Trelles mandó una marcación especial sobre Carlos Reinoso y con esto pudo secar el accionar azulcrema. Esto, permitió que los dos volantes poblanos, Manolo Lapuente y Jorge “Coco” Gómez, se fueran al frente. Lapuente, en una gran tarde, marcó tres tantos, con lo que además se significaba entre los principales goleadores del torneo. Dos los consiguió en la primera mitad y el último cuando comenzaba el segundo tiempo.

El América, en la parte complementaria, hizo algunos movimientos incorporando al latreal Trujillo al ataque. Los millonetas, comenzaron a dominar las acciones y con goles de Pata Bendita y el mismo Trujillo, pusieron el marcador caliente: Puebla 3-2 América.

Fue tal la reacción americanista, que se veía más fácil que cayera el tercero de los visitantes, que otro de los locales. Ignacio Trelles, viejo lobo de mar, lo intuyó así y comenzó su show.

Mandó a que Ibarreche se tirara cuando el América atacaba.  Yamasaki, detuvo el partido y expulsó al jugador poblano, pero cuando se levantaba para irse, Trelles le ordenó que permaneciera en el suelo y mandó a las asistencias médicas para que entraran a “socorrerlo”.

Yamasaki, no permitió la atención y expulsó también a los hombres mandados por Trelles. Cuando estos salían, se metió el mismísimo Trelles alegando y preguntando porqué no podían atender a su jugador.

El árbitro le hizo ver que el jugador no tenía nada y además estaba expulsado. Trelles siguió pidiendo una explicación y Yamasaki le ordenó que se saliera y Trelles dijo que no, hasta que le explicara porqué no podían atender a su jugador.

Yamasaki entonces expulsó al estratega, pero este dijo que no se salía hasta que le explicaran lo de su jugador. No era fácil sacar de quicio al nazareno, pero Trelles –que tenía mucha experiencia en eso- lo hizo.

Exasperado, Yamasaki le dijo: -¡O se va usted o me voy yo!-.

A lo que Trelles, descaradamente contestó: -Pues vayase usted, yo aquí estoy de lo más cómodo y la vista del estadio es increíble-.

Arturo Yamasaki, temperamental como era, pitó el final del encuentro y abandonó la cancha, cuando aún restaban casi diez minutos de tiempo.

En las tribunas, los aficionados sin saber que pasaba, comenzaron a silbar, pidiendo la reanudación del encuentro. Yamasaki, ya fuera de la cancha, era conminado por el Inspector Autoridad para que siguiera el partido y Trelles, sacó de inmediato a su gente y los mandó a las regaderas.

Sin poder continuar el encuentro, los periódicos gastaron en los siguientes días grandes cantidades de papel y tinta diciendo que se tenía que hacer. Unos a favor del árbitro, otros de Trelles, unos en contra del nazareno, otros del estratega. Nadie se ponía de acuerdo.

Algunos, inclusive pedían que el árbitro de origen peruano fuera expulsado del país, a tal grado llegó la polémica. El partido, primero fue programado para jugarse en el tiempo que le restaba, pero el América sacó de la manga un reglamento en inglés de la FIFA que mal traducido, hacía ver que el encuentro se tenía que repetir.

Finalmente, el partido se disputó íntegro el 4 de abril de 1973. El marcador quedó igual que el partido anterior 3-2 favor Puebla. Obviamente, el árbitro ya no era Yamasaki, pero en la banca, sí dirigía el viejo Trelles.

Un sentido homenaje a Don Arturo Yamasaki, quien siempre llegaba al Estadio Azteca, cuando le tocaba pitar, en su famoso “vochito”, para –según él- no llamar la atención de los aficionados que quisieran esperarlo a la salida.

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