La Pluma del 'Chicken'

¿Por qué será que en nuestro maravilloso Mexiconapan de las Manzanas siempre tenemos que hacer enorme lo grande y grande no tanto?

¿Por qué será que en nuestro maravilloso Mexiconapan de las Manzanas siempre tenemos que hacer enorme lo grande y grande lo no tanto? Charros, chance y ya algún gandalla me está acusando con el CONAPRED por decir Mexiconapan en vez de ‘Mexico City’. Igual y van a pensar que qué fiaca con un bato nuevo que viene a hablar del mismo choteo de toda la semana: la discriminación y el racismo; que ya ni porque soy nuevo aquí puedo presentarme con un tema menos manoseado, pero ¿cómo hablar de algo que simplemente no veo? Ahora resulta que todos los que echamos la cáscara dominguera nos chutamos primero el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española para hablarle correctamente a compañeros y rivales. Imagínense a un entrenador que llegara antes del duelo con una onda así de: "Estimados pupilos, les solicito de la manera más atenta incluir extremo producto de gallina para de ese modo poder fraccionarles las creadoras de sus días a nuestros distinguidos oponentes" ¡No Manchester!, les juro que en ese momento agarro mis tacos, mis dos cartones que uso como espinilleras y pido chance en el equipo de enfrente. Absolutamente todos los que hemos estado cerca de donde se va a jugar un partido; llámese futbolistas de cualquier sexo o edad, árbitros, aguadores, la señora de las quecas, la que lleva las naranjas, el que vende los raspados o el que mandan por el cartón, sabemos que cuando llega el silbatazo inicial lo que se pronuncia es más florido que una rola del Grupo Marrano. Si entre mismos compañeros, cuando alguien la riega y pierde la pelota, o si su portero sale a corretear gallinas le recuerdan todo el árbol genealógico, peor aún cuando algún rival se pasa de rosca y llega leñando. ¡Uy!, que no vaya a medir menos de 1.70 -como yo comprenderé- porque ya de "maldito enano puerco" no lo bajan, o si está medio pasadito de tamales "triste lechón, nomás te falta la manzana". Es más, cuéntenme ¿qué pensaron cuando vieron a Justin Bieber con la camiseta del Barcelona jugando un partidín en Madrid? Les apuesto y hasta ventaja les doy que nadie expresó algo así como "Ah, a este talentoso joven rubio le viene sensacional portar la camiseta culé". O ¿me equivoco? Yo no juzgo a nadie, pero tampoco me late caer en un debate moralino sobre si Rogelio Chávez debe ser colgado por la Santa Inquisición por insultar a Darwin Quintero. Es lógico que no podemos aplaudir a nadie que le diga "simio de miércoles" a otra persona, pero ¿no creen que dentro de la cancha las cosas cambien? ¿Por qué les parece que jugadores de otros equipos y hasta entrenadores han enfatizado que lo que se dice en el campo ahí se queda? Si a esas nos vamos, los árbitros ya hubieran puesto sus quejas en Derechos Humanos porque en un transcurso de dos horas, más de 50 mil pelados les dicen rateros, ciegos, hijos del maíz, culebras, vendidos, y todas las demás que se les ocurran; viviendo el mismo calvario cada ocho días (o cada quince si los castigan por cajetearla). El tema no es si ofendieron a Darwin o no, el asunto es tan fácil como que el que esté libre de pecado tire la primera piedra. Ya lo dijo Paco Palencia a quién aplaudo por ver las cosas de un modo más mundano: "Si me dicen indio no me voy a ofender, pues tengo cara de indio." ¡Claro mi Paco! Yo por eso cuando jugando el domingo escuché que unas morras gritaban "Es igualito a Brad Pitt" tampoco me ofendí, lo malo es que eso era para el güero de tres metros que estaba de central con los contrarios, y a mí nomás me tocó lo de "Hijo del Buki", "Remedo de Cepillín" y otras que mejor me guardo. Pues sí, lo confieso, se siente pal perro que te agarren de bajada y que se burlen de tus características, pero mientras rueda el balón es lo normal. Es más, ¿cuántas veces al término del fucho, el mismo hediondo panzón que no se les despegó los 90 minutos y que se la pasó echándoles su aliento a taco de suaperro y agarrándoles las nachas, criticando sus zapatos, su short del Atlético Potosino y su greña estilizada a la "Matador" Hernández, es el primero que va a darles la mano diciendo "buen partido carnal"? Esa es la magia del futbol, esa es la adrenalina que se siente cuando el balón rueda en el cemento, en la tierra vidriosa o en el pasto. Para mí no hay racismo en México, ni se murió el Fair Play, ni el panbol es deporte de cavernícolas. La esencia del juego es esa, calentarse, hablar, aguantar vara, contestar y al final nos echamos una quesadilla de hongos juntos. Marranadas y cosas que no se valen son los escupitajos, los mandrakes mala leche o insultar fuera del campo. Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas. ¡Ah! y por cierto, para las hojaldras que me gritaron “Cristo de Iztapalapa” el domingo, pues chin chin... Carlos “Chicken” Muñoz está al aire de lunes a viernes de 6:00 a 10:00 y los sábados de las 13:00 a las 14:00 horas por 88.9 Noticias. En twitter: @carloschicken

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