La Pluma del CHICKEN

Total que si quieren el guión de una película de terror, ahí les va una historia de la vida real.

La Pluma del CHICKEN

Un calor de perros me perseguía desde Dallas, estaba en Charlotte, Carolina del Norte, en un jueves normal. La cobertura de la Selección se centraba en los goles que se le podían hacer a los cubanos, conocer lo que los jugadores podrían decir de su futuro y saludar a más paisanada obsesionada con Chicharito. Total que si quieren el guión de una película de terror, ahí les va una historia de la vida real. Eran aproximadamente las 3:30 de la tarde, una hora menos en México, y tomaba mi rental car rumbo al estadio de las Panteras de Carolina, la verdad se esperaba muy poco del choque frente a los cubanos que como pamboleros, son muy buenos velocistas (si no pregúnteles a los que se pelaron en las ediciones anteriores y hoy trabajan de pizzeros en Central Park de Nueva York). No me pregunten cuando el tráfico de una tranquilísima Charlotte ya parecía el Viaducto Tlalpan en viernes de quincena a las 3:00 de la tarde. Era el primer suceso desafortunado. Avanzaba en paso gallo gallina, pero la neta es que poco me importaba pues había tiempo de sobra, el juego era hasta las 19:00 horas, pero quería llegar temprano para hacer mi nota de color para radio, platicar con los mojados de Carolina y echarme un jocho o una hamburguesa. Les decía que el calor estaba de los mil diablos, cuando en eso, tampoco me pregunten por qué, cómo o cuándo, ya me sentía como Dorita la del Mago de Oz cuando se le voló su cantón para Kansas, llovía a cántaros, el granizo caía como manzanazos y el aironazo parecía que sacaría volando los coches de la carretera. Era el segundo suceso extraño y desafortunado, porque además el outfit general era de primavera verano. Los policías gringos, poco acostumbrados a que toda la bola de indocumentados se congregue en una misma sección de la ciudad, cerraban las calles y justo cuando entraba al estadio, la noticia bomba, cinco dopados en el TRI. Lo primero que pensé es si los había visitado Maradona, luego, si alguno se había ido a inyectar las tambachas con el Doctor Muerte o la de Albornóz. Y luego que tras atravesar el diluvio universal, había que retachar al hotel porque la Selección aun estaba ahí. Era el tercer suceso desafortunado. Poco a poco fuimos llegando todos los periodistas y los jugadores pasaban uno a uno rumbo a un salón donde se atrincheraron por espacio de cuarenta minutos. El cuarto suceso desafortunado sería que por cómo iban las cosas, los seleccionados llegarían tarde al Estadio y CONCACAF les iba a aplicar la voladora. Pero en un evento aún más desafortunado, en la cancha se caía el cielo, y ¡todos “pa fuera”! Evacuaron a la raza por tormenta eléctrica y toda la jornada se retrasaría más de treinta minutos. ¿Hubieran imaginado una historia tranquila que en tan poco tiempo diera el vuelco que dio? Al final la mamporriza que se llevaron los pobres cubanos pasó a segundo término, los dopados ya se jalaron a Los Ángeles a que les hagan otro examen y yo ya estoy en Chicago, donde se terminó el calor y la ciudad de los vientos, que yo nomás me acordaba que era Pachuca, espera un traqueteado TRI contra el equipo de LaVolpe al que mucho le chiflan, pero bien que nos emocionamos cuando nos dio el mejor juego de México en un mundial en mucho tiempo… ¿No creen? Carlos “Chicken” Muñoz está al aire de lunes a viernes de 6:00 a 10:00 y los sábados de las 13:00 a las 14:00 horas por 88.9 Noticias. En twitter: @carloschicken

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