Cracklitos y el mal camino

Carlos Vela es uno de esos diamantes que no se encuentran a menudo; su descaro en la cancha le permite ser un jugador que marca diferencia, sin embargo, ese mismo descaro podría sepultar su carrera.

La calidad que Carlos Vela tiene en los pies es indiscutible, el mexicano es uno de esos diamantes tricolores que no se encuentran a menudo; su descaro en la cancha le permite ser un jugador que marca diferencia, sin embargo, ese mismo descaro podría sepultar su carrera.

Después de haber sido “sancionado” por la Real Sociedad -tras haber faltado a un entrenamiento y además haber mentido sobre la causa (dijo estar enfermo cuando en realidad perdió un vuelo de regreso tras asistir a un concierto en Madrid)-, el delantero necesita meditar sobre lo que quiere y el camino que tomará.

Es lógico que a los 27 años y con una posición económica bastante favorable se quiera vivir la vida al máximo; sin embargo, Vela necesita hacer un alto, entender que la carrera elegida requiere grandes sacrificios.

No es la primera vez que el mexicano incurre en una falta como esa, con el Tri fue suspendido por seis meses tras asistir a una fiesta después de un duelo ante Colombia.

Por eso es que Cracklitos necesita definir si quiere convertirse en una gran estrella o en un jugador mediano que terminará en equipos chicos, jugando con lo que le alcance a dar el talento sin entregar nada más porque sus energías serían consumidas por su vida fuera de las canchas.

La vida lo obligó a crecer rápido, cuando apenas era un niño salió de casa (en Cancún) para vivir con una familia “adoptiva” en Guadalajara mientras se desarrollaba en Chivas; después voló a los 16 años a Inglaterra para jugar con el Arsenal.

En ese entonces viajar con toda su familia funcionó para mantenerlo lejos de la indisciplina y la fiesta; pero crecer futbolísticamente y económicamente lo hizo separarse de los suyos para vivir solo muy joven, justo cuando queremos comernos el mundo y vivir cada segundo como si fuera el último.

Es momento para que Carlos Vela decida si quiere ser una gran estrella o prefiere quedarse en la medianía y terminar siendo una “promesa fallida”.

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