Análisis arbitral de la Jornada 1

Comenzó un nuevo campeonato mexicano de la Primera División. Una liga muy 'sui generis', por cierto, ya que quien desciende puede lograr a través de que se modifiquen los reglamentos.

Comenzó un nuevo campeonato mexicano de la Primera División. Una liga muy “sui generis", por cierto, ya que quien desciende puede lograr a través de que se modifiquen los reglamentos, y con bastante dinero, permanecer dentro del máximo circuito. O por otra parte mudarse de sede cambiando además el nombre, desapareciendo una  franquicia y dejando a toda una afición sin futbol prácticamente por decreto. Pero fuera de ello todos los aficionados en general ya deseaban romper la larga abstinencia de su deporte favorito y olvidando todo lo anterior (o por lo menos perdonándolo temporalmente) el hasta que nuevamente por los designios de alguien vuelvan a suceder estos acontecimientos.

Por lo que al arbitraje se refiere tuvimos en los 7 partidos que se jugaron situaciones que siempre serán dignas de mencionar en mi análisis semanal.

Hubo un debutante, Erick Yair Miranda quien mostró no sólo demasiado nerviosismo sino que además que viene con una escuela que demuestra que el desarrollo de la personalidad está proscripto. Lo que debería ser es que cuando se debuta un árbitro en la primera división hay que pedirle que trate de ver todo lo más posible desde el punto de vista técnico y así sancione de acuerdo a la apreciación que haya tenido de las jugadas, sabiendo de antemano que no es posible verlas todas. Lo que si no puede  ni debe de permitirse es que se deje insultar porque eso va en detrimento de la autoridad, de sí mismos y de su propia investidura de árbitro.

Cuando vemos a través de la televisión cómo Duver Riascos a un metro de distancia del árbitro le insulta soezmente (lo que se aprecia en la lectura de los labios y no hay que ser un profesional para darse cuenta de ello)  y éste se lo permite, ya no existe autoridad dentro del campo de juego. Eso le trasmitimos a los niños y jóvenes que ven estos hechos por la televisión, eso es lo que fomentamos; la falta de respeto a la autoridad sin que ésta tome las medidas disciplinarias que corresponden. Conclusión eso es lo que se debe de hacer a sabiendas de que nada va a pasar. El mal ejemplo es dramático si lo extrapolamos a cualquier otra actividad de la vida social de nuestro país. El incidente que parece menor, adquiere así dimensiones insospechadas.

La conclusión de esos niños y jóvenes que vieron estos hechos en la televisión han obtenido el mensaje subliminal de que a las autoridades no se les respete porque no habrá consecuencia alguna. La verdad es dramático y patético. Tal veces muchos puedan decir que exagero,  pero es la realidad. En lo personal no puedo admitir que se dejan faltar de esa manera porque pierden la dignidad de llevar un uniforme de dizque árbitros o de jueces deportivos o de máxima autoridad dentro del terreno de juego.

Por favor aceptemos que se equivoquen, que los nervios les ganen o que no juzguen adecuadamente la plancha a la espinilla que era de tarjeta roja y que propina Sinha a un adversario que está en el suelo por ejemplo. Pero no presionemos a  los árbitros para que traicionen los principios más elementales de respeto a sí mismos a los reglamente. Aplaudamos a Paul Delgadillo que expulsó de inmediato Torrado que se enoja y pierde el control haciendo un corte de manga a un asistente  de manera evidente e inequívoca.

El deporte como el futbol es ejemplo que se transmite a todas las esferas, que trasciende más allá del propio campo de juego, puede ser reflejo y espejo para una  sociedad.

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