Análisis del arbitraje de la Final

Aplicar el reglamento a veces no se entiende cuando el escenario es diferente o especial

La gran Final del futbol mexicano entre América y Tigres resultó ser un partido muy interesante para el análisis arbitral.

Un juego típico de final con estadio lleno y con un partido vibrante que traía un marcador de apenas 1-0 a favor de los Tigres. El partido se desarrolló con intensidad y las características típicas de estos encuentros, donde un gol hacia la diferencia entre acercarse al título por parte de los regiomontanos o de igualar el marcador para las Águilas.

Eso es lo que más le da interés a este tipo de encuentros de liguilla. Para los árbitros esto significa que se debe ser muy preciso en la conducción el juego y muy certero en las marcaciones para no crear un ambiente que eleve la temperatura del partido.

Hasta el minuto 64 cuando se produce la expulsión de Burbano de manera excelente por parte de Paul Delgadillo, pues impide una manifiesta oportunidad de gol a Layún que le gana en la carrera y se enfilaba directo a la portería; llevaba un arbitraje excelente.

Se había amonestado tempranamente a Torres Nilo de manera acertada por una falta temeraria y también la tarjeta al otro lateral de Tigres en ocasión de falta similar por parte de Dueñas.

Las decisiones eran claras y precisas manteniendo el control del juego. Pero después de esta primera expulsión y con el marcador ya de 2-0 a favor de América , los jugadores de Tigres comienzan a perder la cabeza y es unos minutos después cuando Damián Álvarez se enoja al perder el balón y lanza un golpe de puño a su adversario sin llegar a hacer contacto con el mismo.

Delgadillo muestra la segunda roja dejando con nueve jugadores a los felinos y casi sentenciados en la final. Hay quienes dicen que debió usar un criterio más flexible , que le faltó contemplar las circunstancias del hecho ya que no llegó a realizar el contacto físico al lanzar el golpe y que al estar en una final debió se más benévolo en su decisión.

En realidad las reglas de juego no contemplan diferencia de un partido a otro ni magnifican la trascendencia de una final con respecto a otro partido. Eso valores los establece el público quien le da niveles diferentes a los partidos de acuerdo con lo que hay en juego, en este caso el título. Sin embargo, no hay diferencias para las reglas que se deben aplicar de igual manera, desde el llano hasta en una Final de Copa del Mundo.

Paul aplico las reglas y mostró la segunda roja y luego a los 72 la tercera para los felinos al expulsar al portero que ya estaba amonestado y lanzo un golpe a la cadera de Arroyo cuando entraba al área. La expulsión de portero también apegada a reglamento. Le faltó amonestar al americanista por haber continuado el juego después de ser sancionado por posición adelantada.

Al final termina expulsando a Mendoza de América de manera correcta. Nos queda la sensación de desazón por tantas rojas en una Final e inculpamos al árbitro por no ser más flexible y tener más criterio por ser una Final.

Nada decimos de aquellos profesionales que perdieron la cabeza y recurrieron al juego violento y mal intencionado. Ellos siempre son disculpados o no cuestionados. Los árbitros sí , pero así es la profesión de juez de futbol, al cual no se le perdona nada.

Aplicar el reglamento a veces no se entiende cuando el escenario es diferente o especial. Así es esto y lo seguirá siendo porque al final todos van al coliseo a ver a los gladiadores y no al que tiene la obligación de hacer cumplir la reglas. Ese no tiene quien lo apoye casi nunca.

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