Autocontrol

Me niego a seguir escuchando justificaciones de directivos, entrenadores, ex jugadores y comentaristas, sobre las actitudes antideportivas de los futbolistas “profesionales”.

Me niego a seguir escuchando justificaciones de directivos, entrenadores, ex jugadores y comentaristas, sobre las  actitudes antideportivas de los futbolistas “profesionales” dentro y fuera del terreno de juego.  Puedo entender que es un juego de contacto donde existe pasión y se pueden generar  roces con el rival, que al ser un deporte existen reglas  que no se respetan  por  el deseo de ganar como sea  y que provoca en ocasiones que el deportista engañe o agreda con tal de lograr el resultado. Pero lo que realmente molesta es que hay quien piensa y defiende que es parte del juego y eso no lo acepto. Es lamentable que algunos futbolistas no entiendan que su comportamiento es un ejemplo a seguir por niños y jóvenes quienes sueñan con seguir sus pasos. Todo esto por los últimos acontecimientos en la Liguilla, donde algunos futbolistas perdieron la cabeza y  provocaron situaciones que fueron en contra de sus propios intereses y por su puesto de las instituciones a las que representan. Cierto,  hay niveles de conductas antideportivas  y no todas son tan graves por ejemplo: Los insultos y las faltas constantes de respeto a los árbitros. Para muestra, la expulsión al defensa de Chivas, Héctor Reynoso. Una decisión arbitral intrascendente que incluso favorecía a su equipo provoco que Guadalajara no contara con uno de sus pocos jugadores de experiencia. Dicen que nadie experimenta en cabeza ajena y  Verón en el juego de vuelta recibió tarjeta amarilla por una falta sobre el “Cubo” Torres y no se tocó el corazón para lanzar al aire un corte de manga que el árbitro no vio o no quiso ver y el central paraguayo terminó el juego como héroe cuando por ese tremendo descuido pudo ser villano. Qué dicen de lo ocurrido en Morelia donde la impotencia futbolística, provocó que la imagen de un futbolista, esa que se construye con el paso de los años y las buenas actuaciones en la cancha y fuera de ella se derrumbe. Sí, hablo del “Chaco” Giménez, quien se perdió en la frustración y agredió a un espontaneo al que no le aplaudo la osadía de invadir el terreno de juego pero la reacción del argentino distó mucho de la de un gran deportista como muchos lo consideramos. Para rematar, otra vez Corona. Sí,  José de Jesús, no el primo. Qué se puede decir para no abusar de los adjetivos calificativos en contra de este jugador que vuelve a mostrar su inestabilidad emocional. La agresión al Auxiliar de monarcas, no tiene nombre y está muy lejos de lo que esperamos ver en un estadio  y que tendrá que obligar a la Directiva de Cruz Azul y al Cuerpo Técnico de la Selección a reflexionar si este muchacho tendría que someterse a una terapia para trabajar con sus reacciones que pueden acabar con su carrera y de paso convertirlo en una amenaza para la sociedad. Tres situaciones recientes para ejemplificar la problemática  que vive nuestro futbol y que tiene mucho que ver con educación y la competencia mal entendida. Si está muy mal que sucedan estas cosas dentro y fuera de cualquier cancha profesional, amateur o infantil, es peor escuchar las justificaciones que hablan de pulsaciones, carácter, temperamento, códigos y juego de hombres. Hay cosas indefendibles e injustificables que merecen un verdadero castigo que siente un precedente. Hoy la Federación y las directivas de estos jugadores tienen la responsabilidad de actuar  y  provocar  que no lo repitan.  Basta de apapachar, proteger  y justificar al futbolista. Para  que sean verdaderos deportistas profesionales y que no les digamos así solo porque cobran por patear una pelota. Eso digo yo pero tú ¿Qué piensas?

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas