El futbol no tiene la culpa

No dudo que Decio de María tenga muchas labores pendientes si pretende que su Liga MX verdaderamente consiga tener credibilidad.

No dudo que Decio de María tenga muchas labores pendientes si pretende que su Liga MX verdaderamente consiga credibilidad. Dicho de otra forma, es evidente que más allá del protocolo previo a la disputa de cada juego, la Liga Mexicana sigue siendo la misma de antes, tal como podía esperarse pese a los burdos empeños por “maquillarla” y “venderla” como nueva.

Lo peor en ese sentido es que durante la presentación de esta “nueva imagen” se hizo hincapié en el famoso código de ética y se comprometió a los distintos actores –futbolistas, entrenadores y aficionados- a mostrar un comportamiento diferente. Sobra decir que esas buenas intenciones pronto se olvidaron y que hasta el propio Decio se lavó las manos y decidió cómodamente culpar a los medios por  “sobredimensionar”  los alcances de este código de ética negándose a reconocer que la Liga que él preside tuviera obligación alguna en hacer valer esos compromisos. El colmo ha sido que hasta el antiguo reglamento de competencia se violó al permitirse que los Jaguares registraran seis extranjeros durante el Apertura 2012, lo que abre ahora una nueva opción que el resto de los equipos debe tener en cuenta, la de traer extranjeros a prueba durante cinco o seis semanas y darlos de baja para contratar a otro. En fin, no es ese el tema que hoy quiero abordar.

Lo que me llama la atención es cómo se pretende que una organización futbolística sea responsable, incluso de la mala educación de una sociedad. Si un grupo de seguidores de los Pumas -o del equipo que sea- decide burlarse de dos futbolistas de raza negra, como sucedió en León con Burbano y Loboa y se quiera responsabilizar de ello a la Liga MX. El hecho es a todas luces condenable, pero penosamente refleja males que no tienen que ver necesariamente con el futbol en sí y que rebasan la competencia de quienes dirigen una Liga profesional.

Esos estúpidos sonidos, como los insultos a los guardametas que despejan y como buena parte del lenguaje que se oye en las tribunas de un estadio de futbol son, quiérase a o no, expresiones de lo que somos como sociedad o como país. El futbol es sólo el espejo, en el que lo reflejamos, no el responsable de ello.  

Y ojo, aún me cuesta entender estas expresiones o algunas similares que se dan en el campo de juego,  como auténticos “actos de racismo”, pues en realidad no son sistemáticamente realizados a jugadores por su color de piel o raza, sino a jugadores del equipo rival –siempre- a los que se les busca molestar por alguna causa fácilmente identificable. Recuerdo que Felipe Baloy, con Monterrey, fue víctima de algo parecido justamente en Torreón  y muchos de los seguidores que entonces lo agredieron hoy lo aplauden a rabiar al ser jugador del Santos Laguna. 

Lo mismo sucede, a mi entender, con las celebraciones de mal gusto de algunos futbolistas.  ¿Debe castigarse el “mal gusto” la falta de “sentido común”? Parece increíble que a estas alturas  algunos jugadores no logren entender que lo que hacen en un campo de juego es captado por cámaras y esas imágenes pueden llegar a millones de televidentes en el mundo entero.  Cualquier “ocurrencia” por inocua que parezca, puede ser mal interpretada o sacada de contexto.

Defiendo el derecho de que los futbolistas, mientras no se burlen del adversario, festejen goles alocadamente, o con una coreografía ensayada,  o como les dé la gana. Pero también entiendo que Durvier Riascos y Fidel Martínez ahora, como Marco Fabían y Alberto Medina hace unos meses, no han mostrado un mínimo de sensibilidad con lo que ocurre en el país. Pero de eso,  a satanizarlos o a tratarlos como delincuentes, tampoco.

Hay temas que tienen que ver con la educación de una sociedad, y merecen ser atendidos desde esa óptica. Eso no quiere decir que el futbol, inmensa caja de resonancias, deba lavarse las manos o mirar hacia otro lado, pero tampoco debe ser llevado a juicio como responsable de estas mal formaciones. Ojalá nos preocupara a todos atacar este tipo de situaciones y erradicarlas, no sólo de los estadios, sino de las calles y de las escuelas de este país.

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