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Jorge Witker.

Al Mundial no se llega empatando

Miércoles 12 de Junio del 2013



Lo confieso. El Tri de hoy me tiene contrariado y preocupado. Esta vez me cuesta pensar que la continuidad de un entrenador, esa que siempre considero necesaria para optimizar resultados, sea lo mejor. También me gustaría encontrar un "culpable" menos obvio que el DT en turno o por lo menos distribuir responsabilidades con los futbolistas, casi todos muy lejos de su nivel óptimo, pues suelo discrepar de quienes creen que "cortando" una cabeza se resuelven los males de un equipo. Esas decisiones suelen ayudar en el corto plazo, pero a la larga cambian poco.

Empatito tras empatito, casi con disimulo, se están perdiendo puntos que pueden costar caro, mucho más de lo que se piensa, pues muchos siguen pensando que no hay manera de que el Tri no vaya al Mundial, lo mismo que pensaba yo antes del inicio del Hexagonal, cuyo formato está hecho para "proteger" a los grandes.

Para quedarse fuera del Mundial en CONCACAF con este sistema, no bastaba con sufrir una o dos derrotas inoportunas o caer una mala racha repentina, había que hacer las cosas "consistentemente mal".

Pero la situación de México, cuando ya disputó el 60 por ciento del Hexagonal Final rumbo a Brasil 2014 me parece francamente grave, incluso más de lo que se piensa. Algunos se tranquilizan por el hecho de que pese a haber ganado uno de seis partidos, el Tri sigue invicto y se ubica en el tercer sitio –aún con un juego menos- que otorga un lugar directo en el Mundial y parece tener "a tiro de piedra" la posibilidad incluso de superar a Costa Rica y EU.

El número mágico del Hexagonal, se sabe, es de 17 puntos. Los equipos que alcanzaron esa cifra clasificaron directamente al Mundial. Por ello para garantizar su sitio en Brasil, México, que ha obtenido ocho de 18 puntos, debería ganar tres de los cuatro juegos que le faltan (Recibe a Honduras y Panamá y visita a EU y Costa Rica).

Por eso no soy tan optimista. Veo el calendario y pienso que se corre el  riesgo real y cercano de caer al cuarto lugar y tener que pelear por el boleto en una repesca siempre peligrosa, ante Nueva Zelanda. Hagamos algunos escenarios para entender a lo que me refiero. Si en lo que falta del hexagonal final ganaran todos los locales, a excepción de Jamaica, que es sin duda el rival más débil y ya no tiene aspiración alguna, EU sumaría 19 puntos, Costa Rica 17, Honduras 15 y México 14, ya que agregaría a su cifra actual los seis puntos de los triunfos en casa ante Honduras y Panamá, triunfos que dado los últimos acontecimientos tampoco uno puede dar por hechos.

Y es que México, además de haber perdido seis puntos en casa, ya enfrentó a los jamaicanos en dos ocasiones, mientras que los otros cuatro rivales con los que pelea por un boleto aún tienen ese juego pendiente, en el que lo más probable es que suman tres puntos más.

Por ello y porque observo el defectuoso y predecible funcionamiento mexicano, lo mucho que le cuesta generar desequilibrio y profundidad en casa ante equipos que se encierran, lo poco que se atreve cuando juega en campo ajeno, la falta de creatividad general, las escasas variantes, poca imaginación, y la nula autocrítica de un “atribulado” entrenador y la presión mediática que crece y crece, pienso que será muy difícil conseguir esos nueve puntos si se mantiene la dinámica actual, más allá de lo que suceda en la Copa Confederaciones, en la que tal vez rivales de otro estilo y nivel permitan a México jugar con mayor libertad y soltura.

Reconozco en José Manuel de la Torre a un tipo serio, trabajador y capaz, pero creo que su salida, pensando en esos cuatro juegos cruciales, y la falta de respuestas a lo sucedido en los últimos juegos, parecería lo más adecuado un cambio de entrenador.

Es cierto que quien llegue tendrá poco tiempo de trabajo y necesitará un discurso motivacional conmovedor que genere algo en muchos de los futbolistas mexicanos que hoy ya no parecen creer ni comulgar con las ideas y los estímulos del “Chepo”, cuyas declaraciones, además, dejan ver a un hombre muy confundido, tal vez rebasado por la situación, que no encuentra la explicación, y por ende la solución, a los males reincidentes de su equipo o que cree que todo se resuelve poniendo “huevos” y no muestra esa misma valentía que exige, a la hora de plantear los partidos.

Sí se apuesta por que siga “El Chepo” ya no habrá margen para nadie más. Se juegan dos partidos en septiembre y dos en octubre. Hay que tenerlo claro, para bien o para mal. Otro empatito más puede ser suficiente para mirar el Mundial por TV.



Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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