Los bandazos de los López Chargoy

Es un hecho que en el futbol mexicano hay familias o grupos que manejan las cosas de mejor manera que otros.

Hay de multipropiedades a multipropiedades. Si bien este fenómeno será criticable siempre por su naturaleza inequitativa con el resto de los socios de la Liga MX, es un hecho que en el futbol mexicano hay familias o grupos que manejan las cosas de mejor manera que otros. Es evidente y palpable la distancia que hay en la forma de actuar en los equipos comandados por la familia Martínez –ayudados ahora por Carlos Slim- y los que dirigen, por ejemplo, los López Chargoy, Carlos y Jesús, quienes con la ayuda de gobiernos estatales no han logrado aún definir políticas institucionales claras y exitosas al mando de Chiapas FC y Puebla. No se puede poner en duda el entusiasmo y la pasión de la familia López Chagoy por el futbol, ya que tiene tiempo vinculada al Club Puebla, y finalmente ha logrado hacerse del control en el equipo de sus amores, además de darse el lujo de invertir en otra escuadra como el San Luis, a la que ahora han transformado en Chiapas FC. Lo que cuesta defender hoy es su capacidad o habilidad para hacer sus equipos verdaderamente competitivos, más allá de lo hoy pueda decir la tabla general, en la que ambos equipos tienen rendimientos similarmente mediocres, ya que han empatado todos sus juegos menos aquel en el que se enfrentaron, en el que Chiapas FC derrotó 4-2 al Puebla. Tanto uno como otro siguen manifestando problemas severos de organización, titubeos y vacíos notables en su estructura y cambios de rumbo abruptos y poco comprensibles. Casi como un botón que muestra los grados de improvisación con los que estos equipos se han manejado bastaría observar sus uniformes, los cuales lucieron parchados, por problemas con sus patrocinadores,  en el arranque del Apertura 2013, lo que resulta impensable en un futbol que presume un alto profesionalismo. No es poca cosa. Al mando del San Luis entregaron magras cuentas en lo deportivo –nunca clasificaron a una Liguilla- y lograron distanciar aún más a la afición potosina de los suyos, lo que acabó obligándolos a llevarse la franquicia a Chiapas, a donde no llegan con la intención de realizar un proyecto deportivo serio, sino más bien impulsados por una oferta económica del gobierno del estado, que se empeñó en no quedarse sin futbol de Primera División tras la venta de la antigua franquicia chiapaneca, los Jaguares, que se mudaron a Querétaro. Con el nuevo equipo chiapaneco, aún no queda claro cuáles son los objetivos a mediano o largo plazo, si es que los hay, y cuesta hoy hasta identificarlo. Hay un evidente problema de comunicación y marketing, lo que paradójicamente era el punto fuerte de la anterior franquicia de aquella comunidad. Primero se habló de un equipo completamente nuevo, que tendría un nombre diferente y que se independizaría de la estela dejada por los antiguos Jaguares; después se aseguró que seguirían siendo Jaguares y ya con el torneo en curso se cambió el logo del equipo sin una campaña en medios que ayudara a que ésta modificación fuera uniforme. Por eso hoy en unos medios sigue apareciendo el logo antiguo y en otros no. En Puebla, ese no es el problema. Hay un equipo de tradición y abolengo que tiene ya una clientela fiel y conocedora, pero tampoco se están haciendo las cosas de manera pulcra y correcta. A Manuel Lapuente, bien que mal el DT que le dio al equipo de La Franja sus dos únicos títulos de Liga en la Primera División, le han tratado igual que al resto de los 10 entrenadores que se han turnado en el equipo poblano en los tres últimos años. A Lapuente, ciertamente con resultados muy discretos,  le “movieron el tapete” desde la propia dirigencia en plena Pretemporada. Lo sucedido con Leandro Augusto, a quien se separó y reintegró del plantel en una misma semana, ya dejaba ver internamente asuntos mal manejados. Finalmente han despachado a Lapuente, que se ha convertido en el primer DT cesado del certamen, a pesar de que el Puebla no estaba jugando mal y el domingo había ofrecido un buen partido ante el líder Veracruz al cual no venció por mala puntería de sus atacantes. Es la segunda vez en los tres últimos torneos que el Puebla es el primero en cortar la cabeza de un DT, un síntoma de la falta de paciencia de su dirigencia, que además ha apostado ahora por un entrenador, Rubén Omar Romano, de corte ideológicamente completamente diferente al de Lapuente. Esa es la norma en el Puebla, que está tan acostumbrado a cambiar de entrenador como a quedarse fuera de la Liguilla, a la cual no clasifica desde el 2009. Y eso es lo que se ve a simple vista; hay otros asuntos menos públicos que tampoco ayudan a la credibilidad de los López Chargoy, como le ocurrió al admirado químico y escritor Don Isaac Wolfson, al que tras pedirle decenas de volúmenes de su libro “Los Porteros del futbol mexicano, 67 años de historia de la Primera División”, no le pagaron nunca y le acabaron devolviendo los libros de mala gana y en mal estado.

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