El naco que todos llevamos adentro

Así se refirió el publicista Carlos Alazraki de Cuauhtémoc Blanco al analizar la imagen del último ídolo del fútbol mexicano.

Así se refirió el publicista Carlos Alazraki de Cuauhtémoc Blanco al analizar la imagen del último ídolo del fútbol mexicano.

Blanco un personaje de antaño para los estándares de profesionalización que vivimos en el deporte mundial en esta época, con un padre putativo y una madre que sacó a cuestas a la familia trabajando horas extras, el "Cuau", cómo lo conocen sus cuates nació en uno de los barrios más peligrosos de México en el cual es más fácil morir joven o dedicarte a cosas malas, que triunfar en la vida, con una extravagancia fuera de la cancha como una clase excepcional dentro de ella, capaz de golpear a su esposa por cuestionarlo, que hacer un gol de antología en un mundial.

Un visor que lo había venido siguiendo le prometió una prueba en el América, equipo que había arrasado todo en los ochentas, institución a la que Cuauhtémoc caería cómo anillo al dedo, hasta convertirse en uno de los máximos ídolos, a tal grado que al día de hoy tuvo que retirarse en el Puebla cuando la mesa estaba puesta para que lo hiciera con las Águilas , pero en Coapa sufren de falta de memoria, sino pregúntenle a Cristóbal Ortega que ni siquiera puede entrar al Club.

Quienes lo conocen dicen que lo que tiene de buen jugador lo tiene de noble, que al ser hombre de barrio le basta con sólo mirar a los ojos y es defender a muerte a los suyos, que es bueno para el baile, las viejas, el trago y ahora hasta la política.

Su clase le dio para jugar hasta los 42 años, con un repertorio de equipos en los que pasó, sin ser la mejor de las formas en las que se retiró obligado por una campaña política para contender por la Alcaldía de Cuernavaca, esas cosas extrañas que tiene este país.

De lo que fue Blanco dentro y fuera de la cancha, hoy México no tiene uno igual, el ídolo que venía de abajo, el personaje con el que se identifica el pueblo, el mujeriego, el artista, el malhablado, el galán, el borracho, pero sobre todo el crack dentro del terreno de juego.

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