La lucha contra la ignorancia

Si algo nos ha dejado la epidemia de influenza que se abatió sobre el país es descubrir lo fácil que el ser humano se deja llevar por estereotipos y hace caso al miedo y la ignorancia.

Si algo nos ha dejado la epidemia de influenza que se abatió sobre el país es descubrir lo fácil que el ser humano se deja llevar por estereotipos y hace caso al miedo y la ignorancia mucho más que a la razón. Por supuesto, esto ha trascendido mucho más que en el deporte, con las ridículas revisiones a las que han sido sujetos los mexicanos en los aeropuertos alrededor del mundo o los tontísimos comentarios que se pueden leer en foros internacionales. Pero el futbol, como de costumbre, suele ser una muy buena muestra de lo que sucede en otros estratos de la sociedad. Y, en ese caso, la actitud de la CONMEBOL, de algunos gobiernos sudamericanos y de los aficionados chilenos ha sido lamentable, no sólo por lo sucedido sino por la demostración de una incapacidad total de investigar un poco más allá de la histeria periodística y descubrir de qué se trata todo esto. Primero fueron los aficionados chilenos en el centro comercial. Por lo que relatan los jugadores de Chivas, no fue ni uno, ni dos. Y no se trató de precauciones sino de burlas y comentarios discriminatorios, que se repitieron en el terreno de juego. Eso, por supuesto, no justifica la actitud de Héctor Reynoso (que además se la tomó con alguien que no tenía nada que ver), sino más bien demuestra que la ignorancia está en todos lados. Después fue la decisión de CONMEBOL de no dejar jugar los partidos en México. En principio, eso se entendería por el miedo al contagio, pero el circo que sucedió después ya es totalmente incomprensible. Primero fue la negativa de Boca Juniors a jugar en Estados Unidos, con el argumento de la influenza pero la realidad de que les daba flojera añadir una o dos horas de vuelo a su posible desplazamiento (que al final ni siquiera pasó). Luego, la negativa de la Alcaldía de Bogotá para que los partidos se jugaran en Colombia. En México hay 300 casos comprobados, de una población de 110 millones, y se trata solamente de 22 jugadores, que pueden ser analizados. Después una nueva negativa, ahora del gobierno chileno, después de que la Federación hubiera aceptado que los partidos se jugaran ahí. Todo tiene que ver con la ignorancia. Y con algo aún peor, la desidia. ¿Para qué investigar un poco más? Mejor burlarse y marginar, sin detenerse a pensar. Una cosa es la prevención y la otra la discriminación sin argumentos. En un momento en que la solidaridad internacional debería ser lo principal, nos encontramos con estas actitudes en Sudamérica, una región a la que México ha ayudado cada vez que se encuentra en problemas. Mientras tanto, la actitud en Europa y Estados Unidos es totalmente distinta. En España, muchísima gente me ha preguntado preocupada si mis familiares están bien, y a pesar del intento de Francia de cancelar los vuelos a México, la Unión Europea ha sido firme en su apoyo. Mientras tanto, Barack Obama no ha cedido a las tentaciones de algunos grupos en su país de cerrar la frontera. Y es esa la lección que debemos de sacar. Cuando algo así le suceda a otro país y a otro pueblo, sigamos predicando con el ejemplo. Dentro de todos sus defectos, la mayor virtud de México ha sido siempre la solidaridad. Que esta enfermedad, y esta terrible experiencia de aislamiento y soledad nos sirva para reflexionar. Y eso significa actuar de la mejor manera posible, ayudar en lo que se pueda y, sobre todo, no dejarnos llevar por la ignorancia y la histeria.

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