Nosotros contra ellos

Nosotros contra ellos Nosotros contra ellos

Es complicado abstraerse a la polémica por Guillermo Ochoa. Se ha escrito tanto y se ha hablado tanto que en parte ya da flojera pero, por otro lado, es el tema excluyente de la agenda en el país, así que se vuelve complicado no entrarle. Para sacarlo del sistema y por si preguntan mi punto de vista, creo que, por talento, Ochoa es el mejor portero de México, pero no pasa por un buen momento, así que Corona debe ser titular en la selección. Ya está, opinión dada y a otra cosa. Ahora intentaré explorar otra vertiente, que tiene que ver con nuestra actitud ante lo que sucede en el futbol, y sólo tomaré el caso Paco Memo como referencia. Una de los aspectos más interesantes de lo que ha sucedido con el portero del América tiene que ver con la reacción de los aficionados y los medios cada que se desarrolla un nuevo acto de la novela. El siglo XXI y la masificación del Internet han traído al planeta una nueva manera de comunicarse. En el pasado, los medios eran sólo de una vía. Uno se sentaba frente a la televisión o leía un diario y, salvo que se tomara el trabajo de llamar o escribir, se guardaba su opinión para sus amigos y familiares. Los periodistas pontificaban, y su palabra era ley. En México, estaban los pro-Televisa y los pro-José Ramón. Casi sin términos medios. El mundo ha cambiado. Hoy en día la comunicación es de dos vías. Los aficionados escriben en foros, analizan en blogs y publican sus puntos de vista en Twitter. El periodista ya no es una figura inalcanzable, por el contrario, ahora también responde a las opiniones e incluso a los insultos (a veces con otros insultos, lo que me parece bastante poco profesional). Los fanáticos son ya una fuerza importante a tomar en cuenta. Como ya lo había escrito en el pasado, el México actual vive en la polarización. Y el futbol se ha vuelto uno de los escenarios donde desahogar la frustración. Lo que más me llama la atención en el caso de Memo Ochoa es la cantidad de insultos arrojados entre los dos “bandos”. Lo mismo sucedió con la historia entre Tigres y Kikín Fonseca, y antes con Javier Aguirre en el Tri. Pareciera que, amparados en los seudónimos, estuviéramos esperando el momento para encontrar un enemigo y sacarnos de encima las horas en el tráfico, las malas calificaciones en la escuela o la corrupción en la oficina. Cuando un columnista habla mal de un jugador de Tigres o Monterrey, el aficionado regio cree que lo hace porque es chilango. Si yo le voy a Chivas, entonces cualquier seleccionado atlista es malísimo. Tengo una camiseta de los Pumas, entonces todas las “wilas” son pe.nD.eJas. Cuando Vela y Gio no anotan goles, son divas y “troncos inflados”. Los hondureños son “simios” cuando jugamos contra ellos, los argentinos, “hij0s de p.u.t”. Están incluso los insultadores profesionales, que sin importar quien juega o de dónde sea, dan candela porque seguramente no tienen nada mejor qué hacer. Yo soy un convencido de que la democratización de la información es una de las mejores consecuencias de la globalización. ¡Adiós a los discursos desde el púlpito de la pantalla! Ahora todos tenemos voz. La consecuencia perversa es que los periodistas, en lugar de entender que deben prepararse más y que su función debe ser de análisis y mediación, se han vuelto dependientes de lo que se dice en los foros y responsables de esa agitación. Hay periódicos que pegan por pegar, simplemente porque suponen que una portada sangrienta vende más. Hay notas en Internet con títulos ofensivos y engañosos, sólo para tener más clicks en Google News. Las columnas de trascendidos inventan sin remordimiento. Mentir no es un pecado, siempre y cuando esa mentira venda y parezca cierta. No hemos llegado al partisanismo de Barça vs Madrid, Marca vs Sport, pero porque aquí se trata de pegarnos todos contra todos. Nosotros contra ellos a cada paso. Los amigos pueden volverse enemigos mañana y viceversa, pero lo importante es tener amigos y enemigos, para cuando empiece la nueva guerra. ¿Qué se puede hacer?  Por lo pronto bajarle al drama. En mi caso, no puedo prometer ser 100% objetivo porque eso es imposible en el futbol, pero sí tratar de sustentar siempre mis opiniones. Si critico a un jugador regio o tapatío no es por chilango sino porque tengo argumentos. Si me gusta cómo juega un americanista, lo diré, aunque yo le vaya a los Pumas. Análisis y no descalificación, esa debería ser la constante. Si logramos relajarnos un segundo, reflexionar y escribir, en lugar de “Osoas”, “gays”, “p.t.0.s” y todo lo demás, tal vez los medios entiendan el mensaje de que queremos historias interesantes no insultos y madrazos. Y eso sería un triunfo de verdad. Como siempre, pueden encontrarme en www.twitter.com/martindelp y en el mail que está arriba de esta columna. Si quieren leer análisis tácticos detallados y textos que no tienen que ver con el futbol, los invito a que lo hagan en www.martindelpalacio.com.

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