¡Son los entrenadores, estúpido!

Una de las afirmaciones que más me divierten (irónicamente) en el mundo del futbol es cuando un periodista dice, con toda seriedad, “no surgen creativos porque eso no está en la genética del jugador".

Una de las afirmaciones que más me divierten (irónicamente) en el mundo del futbol es cuando un periodista dice, con toda seriedad, “no surgen creativos porque eso no está en la genética del jugador mexicano”. Aparentemente, nuestro DNA está configurado desde tiempos inmemoriales para producir laterales y contenciones. Por supuesto, eso no puede ser cierto. Si uno analiza a los medios ofensivos no nacidos en México en los equipos nacionales, ninguno destaca por sus características físicas. Sinha no rebasa el 1.70, Montenegro no es precisamente musculoso y no se puede decir que haya una gran diferencia entre el “Chaco” Giménez y Gerardo Torrado si se analiza su constitución. Y, sin embargo, la tendencia se ha repetido por los años de los años. Otra teoría señala que los entrenadores en Primera División no dan oportunidades a los jóvenes para ocupar esas posiciones, pero en realidad, por lo menos en cuanto a creativos, tampoco es que surjan por manadas de los torneos Sub-15, Sub-17 y Sub-20. Descartada la genética y la falta de oportunidades en el máximo circuito, ¿cuál es la causa? Estoy convencido que tiene que ver con la falta de preparación de los entrenadores en fuerzas básicas. Daré varios ejemplos para sustentar ese punto de vista, algunos personales y otros globales. El primero es el más poderoso. En el único estudio que se ha hecho al respecto, hace quince años la Federación Española de Futbol descubrió que hay una correlación directa entre la cantidad de entrenadores con licencia en un país y los resultados de su equipo nacional. En consecuencia, comenzó un plan para homogeneizar su sistema de formación de técnicos. Los resultados, por supuesto, están a la vista. Ahora algunas experiencias que he tenido en el camino. Hace unos años estuve unas semanas en Buenos Aires y jugué en el equipo de futbol-7 de un amigo. No me sorprendió el nivel de los jugadores, que no era superior al que me he encontrado en mis equipos en México, sino la enorme diferencia en el enfoque. Cada vez que yo recibía un balón, levantaba la cabeza para buscar a un compañero mejor colocado y mandar un pase. Cuando a ellos les llegaba la pelota, siempre trataban de llevarse al jugador que tenían enfrente. El regate era una forma de vida, tanto como para mí lo era un servicio medido. Yo nunca tuve la calidad para ser un jugador profesional. Ni cerca. Pero mis entrenadores tampoco me ayudaron mucho. Mis mejores características fueron la pierna derecha y la visión de campo. Podía tirar un cambio de juego exacto o detectar el movimiento de un compañero para colocarle un pase filtrado y dejarlo en la mejor posición frente a la portería. Por el contrario, nunca pude burlar ni a un árbol y era más lento que una tortuga encima de otra. El problema es que mis entrenadores (y miren que tuve varios, jugué desde los 3 hasta los 22 años) nunca se tomaron el menor esfuerzo por corregir esos defectos. Al contrario, cuando trataba de hacer algo distinto, me regañaban, y me obligaban a seguir tirando pases de 30 metros. Y ni hablar tácticamente, nos ponían en 4-3-3 o 4-4-2 y nos aventaban a la cancha. No fue sino hasta que tuve la fortuna de jugar con Carlos López de Silanes en la Liga del Ajusco que entendí algunos detalles absolutamente básicos, que resulta increíble que nadie me hubiera enseñado antes. Y no crean que me dirigió cualquiera. En varios casos fueron ex jugadores profesionales, algunos con experiencia dirigiendo en segunda y tercera división. Pero mi experiencia se suma con muchísimas otras que me han contado en el camino. Así como el sistema educativo mexicano sufre por la falta de maestros de calidad, el futbol nacional sufre porque los entrenadores en escuelas, fuerzas básicas e institutos, no tienen la preparación adecuada. Así, quizá no sea tan dramático como afirmar que cierta característica no está en la genética del jugador mexicano. O culpar a los entrenadores en Primera por no dar espacios a los jóvenes. Si México quiere una verdadera revolución futbolística, tiene que voltear a las bases y, como España, entender que un plan así puede durar 15 años, pero que, a fin de cuentas, da los resultados que todo el mundo espera. Me encantaría que me contaran sus experiencias con entrenadores en categorías infantiles al mail que está arriba o a www.twitter.com/martindelp. Si quieren leer textos más especializados de futbol y otras cosas, pueden hacerlo en www.martindelpalacio.com (Aclaraciones. 1.- El título de la columna es una referencia al debate entre Bill Clinton y George Bush Sr. en la elección presidencial de EU en 1992. 2.- Que Brasil y Argentina tienen el futbol en los genes es también una mentira. Su trabajo de detección y preparación de categorías infantiles está a la par de Europa. Además de que el estándar es muchísimo más alto que en México. Por eso ellos tienen miles de jugadores en el extranjero y nosotros una decena).

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