Martín del Palacio

El aficionado frente al espejo

Jueves 14 de Febrero del 2013



A veces, el futbol parece ser un universo aparte de la vida cotidiana. Un mundo que sólo forman hombres jóvenes y millonarios. En donde algunos excesos están permitidos y otros comportamientos normales están condenados. Donde unos cuantos se divierten (o no) pateando una pelota y otros se divierten (o no) viéndolos correr y esperan que sus actos sean el ejemplo de una vida más virtuosa, aquella que no pudieron alcanzar.

Para el aficionado, el futbolista debe ser un profesional en toda la regla, estar siempre entregado a sus colores, buscar ser el mejor cada día, en cada entrenamiento, en cada partido. A no salirse de las normas, nunca ser demasiado soberbio, ni mostrar mala educación, no ser demasiado “ardido”, pero tampoco sonreír en la derrota. Ganar siempre aunque su equipo nunca haya ganado en el pasado, y si pierde, que sea luchando hasta el final; que muera matando… aunque no demasiado porque estar muy cansado significa, sin duda, que se fue de putas antes del partido, un acto de traición imperdonable, porque los colores son los colores, y hay que darlo todo por ellos.

Por supuesto, ese mismo aficionado no está dispuesto a seguir esos mismos lineamientos en su vida normal. Nadie llega a la oficina diciendo, “¡hoy voy a ponerle más webos (sic) que nunca! ¡Vamos a ganarle a la competencia!”. Mucho menos, cuando le llega una oferta de la compañía rival, piensa “me están doblando el sueldo, pero lo importante es la pasión, el sentimiento a los colores. ¡Daleeee oooh, daleee ohhh!”. Tampoco le dice a sus amigos el viernes en la noche: “sabes qué, hoy no voy a salir, porque mañana tengo una comida con mis suegros y tengo que tener la mente clara para dar mi máximo”. Y, por supuesto, si de pronto una turba enfervorizada le empieza a gritar que es un inútil, un perdedor y una diva, pensará, “no importa, mañana seré el mejor empleado y demostraré que mis críticos se equivocan”.

En general, la justificación para que las reglas del universo futbolístico sean tan distintas  a las del mundo normal es que los jugadores ganan millones y millones. Y tiene cierto sentido, a más ingresos, mayor responsabilidad. El problema es que no es coherente con la propia naturaleza humana. Diversos estudios han mostrado que el nivel de satisfacción de una persona no es necesariamente relativo al nivel de todas las demás, sino a las de su propia profesión. Es decir, en su subconsciente, el futbolista no se compara con el carnicero o el oficinista sino con otros futbolistas, así que no considera todo el tiempo que es un privilegiado.

Por ello, muchas veces actúa como cualquier otro ser humano. Llega desganado al trabajo, se toma una copa de más antes de un evento importante, reacciona mal ante la provocación, prioriza el dinero antes que al aficionado. Lo increíble, en realidad, es que eso sucede muchísimo menos de lo normal. Sobre todo en estos tiempos. 99% de los jugadores realmente buscan ser esos ejemplos a seguir la mayor parte del tiempo, aunque eso parece pasar desapercibido para la mayor parte de los aficionados, que buscan explicaciones fuera de la cancha cuando deberían explicarse dentro de ella.

Sé que no es fácil, y que parece una defensa al futbolista, pero creo que el aficionado a veces tendría que mirarse en el espejo antes de criticar tan fácilmente aspectos que no tienen que ver con lo estrictamente futbolístico. Es entendible el pedir que nuestros referentes sean superhombres, pero es imposible esperar que realmente lo sean. En realidad, para ser realmente coherente, el fan tiene dos opciones; ser exactamente como pide al futbolista que sea o, la más fácil, intentar criticar más lo estrictamente futbolístico. Y entonces sí, tener elementos sólidos para tirar la primera piedra.

Si el aficionado debería mirarse en el espejo, los medios tendrían que hacerlo en HD y con lentes de 3D. Porque si el fan puede darse el lujo de buscar un referente platónico en el futbolista, la obligación del periodista es analizar lo que sucede a su alrededor. Y entonces sí, el día en que no se vaya de borrachote antes de un partido, que aunque le ofrezcan 5 veces más en otro medio, se quede en donde empezó “por amor a la camiseta”, que sus notas estén siempre fundamentadas, que no se ponga arrogante con jugadores y aficionados, que sea el primero en llegar a las conferencias de prensa y el último en irse, ese día, puede llamar “diva”, “huevón” y “sobrado” a quien quiera. Mientras tanto, sólo puedo decir “pongaaan hueeeevoooooo, los medios pongaaan huevooooo”.

Como siempre, pueden comentar en el mail de arriba, en la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp. Mientras sea con educación, toda aportación será bien recibida.

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