Se buscan líderes en el Tri

Siempre he estado a favor de los partidos 'moleros'. Salvo contadas excepciones, no les veo nada de malo.

Siempre he estado a favor de los partidos “moleros”. Salvo contadas excepciones, no les veo nada de malo. Ayudan a la conjunción de la selección, permiten probar jugadores y variantes tácticas y dan la oportunidad a algunos aficionados para ver a un equipo que de otro modo sólo podrían seguir por televisión. Quienes han hecho carrera hablando contra esos juegos son esencialmente los que no están invitados al reparto del pastel y, como saben, la envidia es un combustible muy efectivo. El partido contra Perú era la oportunidad perfecta para que México recuperara las buenas sensaciones o, por lo menos, para que quienes seguimos al equipo pudiéramos tratar de entender qué es lo que no funciona. A final de cuentas sucedió lo segundo. El Tri volvió a ser ese equipo predecible, revolucionado y poco brillante. Pudo ganar pero, de nuevo, no lo consiguió e incluso se dio el lujo de fallar un penal. Por lo menos, el juego sirvió para darse cuenta de qué jugadores no están aún para participar en los partidos que valen y, por lo menos a mí, me ayudó a confirmar una sensación que tengo desde hace tiempo ya: a este equipo le hacen falta líderes. Cuando Ricardo La Volpe asumió la dirección técnica de la selección en 2002, una de sus primeras declaraciones fue algo como, “tenemo que buscar eso referente en el vestidor, esa generación que sustituya a lo Duilio, lo Braulio, lo García Aspe, lo Cuatemo”. El “Bigotón” removió las piedras para buscar a un equipo con carácter, y lo encontró. Rafa Márquez se convirtió en el líder del equipo. Aparecieron Salcido y Osorio, se confirmaron Oswaldo y Pável e, incluso, pese a que no le convencía como jugador, terminó convocando y utilizando a Torrado. Podía gustar o no gustar, pero en esa escuadra había nombres de peso. Al punto que se dio el lujo de dejar fuera a “lo Duilio, lo Braulio, lo Cuatemo”, y el equipo no se descompuso realmente. En la selección actual faltan esos nombres. Suele decirse que tenemos la mejor generación en la historia de México, y puede ser cierto, pero si se analiza a los futbolistas que componen el Tri actual, los líderes son contados, e incluso quienes mandan, no parecen tener el mismo poder de decisión que aquellos que figuraban en convocatorias anteriores. Analicemos posición por posición. Los dos porteros tienen carácter, Ochoa fue capitán del Tri mayor en el partido ante Estados Unidos y Corona lució el brazalete en los Juegos Olímpicos, pero ninguno es titular indiscutible y eso hace que su influencia disminuya. En la defensa, el “Maza” es quizá el referente anímico más importante y el hombre de confianza del técnico pero, a diferencia de lo que sucedía con Rafa Márquez en el pasado, su nivel no está por encima de sus compañeros y eso debilita su posición. Héctor Moreno, en cambio, sí está por encima del resto de la zaga, pero es joven y, quizá por ello, no es un jugador que se caracterice por dar voces y echarse al equipo al hombro. En las laterales no hay ni siquiera titulares definidos, así que ni vale la pena concentrarse en ellas. En medio campo, más de lo mismo. Carlos Salcido es el único con experiencia y galones para considerarse líder y es posible que esa sea una de las razones por la que “Chepo” lo ponga en esa posición y no como lateral, donde se siente claramente más cómodo. Pero al jugador de Tigres le incomodan los reflectores e incluso ha rechazado la capitanía del Tri. A su lado, no hay un referente fijo, y ninguno con el carácter para asumir el papel de líder. Por derecha, Aquino apenas comienza su camino internacional mientras que Guardado, que por edad y trayectoria debería ser un referente, tampoco tiene las características de liderazgo para asumir la responsabilidad. En ataque tampoco encontramos a ese hombre. Por el tiempo que llevan en el Tri y su trayectoria, a veces nos olvidamos de la juventud de Giovani dos Santos y Javier Hernández. Quizá, en un futuro, ambos se conviertan en hombres fuertes en el vestidor, pero aún no es el momento. Oribe Peralta tiene más cualidades en ese sentido, pero no es titular indiscutible y hasta ahora no ha sido tan efectivo en el Tri mayor como para que sus compañeros lo vean con ese respeto. En suma, hay muy poco de dónde escoger en la baraja de seleccionados. Y no hablamos de un tema menor. Los líderes son muy importantes para cualquier grupo, dentro y fuera de la cancha. Son aquellos que saben las palabras correctas para tranquilizar a un árbitro en San Pedro Sula, o cuándo dar una patada y ganarse una amarilla a cambio de romper el ritmo del rival. Son los que, en un partido horrible como el de Jamaica, pegan los gritos adecuados en el medio tiempo y aparecen para dar ese pase decisivo en el momento justo o, en un juego como el de Perú, hacen que el penalti cruce la línea aunque haya que arrollar al portero en el camino. En las próximas semanas, Chepo de la Torre deberá no sólo resolver el crucigrama del bajón de juego del Tri sino también encontrar a esos referentes que necesita. El problema es que tendrá que usar su imaginación. Nuestros nuevos talentos son aún muy jóvenes y los veteranos no dan el ancho anímico. Y, peor aún, la generación que debió tomar el relevo en 2010 no cuajó. De los titulares que mencioné, sólo uno, Andrés Guardado, está entre los 26 y los 30 años. Es en estos casos donde sale a relucir la capacidad de un técnico y quiero pensar que “Chepo” la tiene. De eso depende que se saquen los nueve puntos que se necesitan para que todos podamos respirar un poco más tranquilos antes de la Copa Confederaciones.

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