Por qué Vergara debe vender a Chivas

Este fin de semana se jugará el que parece uno de los Clásicos más disparejos en la historia del futbol mexicano

Este fin de semana se jugará el que parece uno de los Clásicos más disparejos en la historia del futbol mexicano. El América llega como el Campeón reinante ya clasificado a la liguilla (sí, lo está) y las Chivas muy probablemente deberán resignarse a verla por televisión y en medio de una sequía de 7 años sin conseguir un título. No puede asegurarse que las Águilas vayan a ganar este partido, esencialmente porque 90 minutos no necesariamente son una muestra representativa de la diferencia de calidad entre dos equipos. Una expulsión, un gol afortunado, un mal trabajo arbitral… Todo eso puede influir para reducir la evidente diferencia entre ambos cuadros y dar una sorpresa como resultado. Pero, aunque así fuera, no queda duda de que el proyecto hecho en Coapa es infinitamente superior al de Verde Valle. Cuando Jorge Vergara compró al equipo más popular del futbol mexicano, éste se encontraba en una crisis aún peor que la actual. Después de un inicio prometedor, la Promotora Deportiva Guadalajara, que tenía al club en renta, se había quedado sin dinero. El plantel del equipo era indigno de la camiseta, y para rematar, a los jugadores no se les pagaba a tiempo. Era un caos administrativo y futbolístico. El empresario mejoró, sin duda, la situación. Pese a ganar sólo un título local, bajo su mando, Chivas llegó a dos finales de Copa Libertadores y se convirtió en el vivero de la selección mexicana. En 2006, el equipo parecía listo para comerse al mundo. Como sabemos, eso no sucedió, y el problema, más que los refuerzos o la personalidad del dueño, fue administrativo. El modelo de gestión de Vergara era –y es- insostenible y, mientras se mantenga, Chivas está encaminado al fracaso. El futbol ha cambiado muchísimo en los últimos años y se ha convertido en un negocio altamente profesionalizado. Es cierto que aún existen historias de promotores que engañan a clubes poco preparados, de cobros a jugadores de fuerzas básicas, de engaños, de corrupción… Pero, en general, los clubes del Siglo XXI se asemejan más a empresas que a negocios familiares. Tienen consejos de administración encabezados por profesionales que toman las decisiones y, en México son, además, respaldados por grandes corporaciones, de las que los clubes forman parte. Así, América no es el equipo de Emilio Azcárraga, sino el de Televisa. Y su órgano de toma de decisiones está encabezado por Ricardo Peláez y Yon de Luisa, dos profesionales más que calificados, que han conseguido regresar al equipo a los primeros puestos, sin caer en caprichos y decisiones viscerales. Tigres y Monterrey, lo mismo, pese a que no pasen por su mejor momento. Cruz Azul, ejemplo del peor cacicazgo, tiene detrás suyo a la Cooperativa, de donde sale el dinero para pagar refuerzos que, entre otras cosas, tienen a la empresa al borde de la catástrofe financiera. Incluso el Querétaro ha apostado por armarse de una estructura, en donde el dueño Amado Yáñez –mucho más rico que Vergara-, no es quien toma las decisiones. Chivas, en cambio, no es de Omnilife. Es de Jorge Vergara. Y así no se puede. La parte administrativa la lleva su esposa. El consejo de administración, que algún día trató de implementar, quedó en el olvido porque las decisiones a final de cuentas las tomaba el dueño. Las fuerzas básicas, orgullo hasta hace unos pocos años, quedaron desmembradas porque Vergara echó a los responsables. Los dos proyectos holandeses desaparecieron por problemas entre las partes. Los técnicos vienen y van porque, al no haber un organismo compuesto por profesionales para seleccionarlos y evaluarlos, su nombramiento y continuidad dependen de la decisión de una sola persona. No se trata de que sea Vergara o alguien más. Simplemente, el modelo no tiene sentido. En el balompié moderno, las decisiones no las puede tomar una sola cabeza, y mucho menos el dueño, esencialmente porque al ser el club su patrimonio, será incapaz de tomar distancia, creerá que lo conoce mejor que nadie y que sus ideas son siempre correctas, cuando, por no ser un profesional del ramo, es muy poco probable que así sea. No es, por supuesto, el único caso. No me parece inocente que el Pachuca lleve años sufriendo, ni tampoco que Martínez y Fassi se hayan asociado con Slim. Ellos sí entendieron que los clubes actuales no pueden ser negocio de una sola persona, aunque sus organigramas internos aún no lo reflejen. Y seguramente, tarde o temprano, las decisiones comenzarán a ser compartidas entre los interesados, y el equipo saldrá de su crisis. A final de cuentas, los clubes más exitosos del mundo, los ingleses, los alemanes y el Barcelona, tienen estructuras completamente profesionales, mientras que el Real Madrid, que es el ejemplo mundial del cacicazgo futbolístico, presume, por lo menos, del dinero para tratar de ganar con base en el ensayo y el error. Chivas y Vergara no tienen ni organización ni riqueza para poder competir. La solución, entonces, parece lógica: cambiar el sistema de toma de decisiones. El problema es que no veo cómo, mientras él sea quien firma los cheques, el empresario pueda sacar las manos y darse cuenta de que lo mejor para el club es dejar que otros tengan la última palabra. En consecuencia, lo ideal sería venderlo a gente mejor preparada. No deben faltar conglomerados empresariales interesados, que puedan dotar al equipo del profesionalismo que se requiere y regresarlo al lugar que merece. Como siempre, los invito a opinar en la sección de abajo, el mail de arriba o en www.twitter.com/martindelp.

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