Cuando los medios mentimos

Hace unos días, el director adjunto del diario español Sport, Lluis Mascaró escribió una columna que contenía la siguiente frase: 'los periodistas no nos inventamos nada'.

Hace unos días, el director adjunto del diario español Sport, Lluis Mascaró escribió una columna que contenía la siguiente frase: “los periodistas no nos inventamos nada. Podemos interpretar. Incluso, si quieren, podemos manipular. Pero nunca mentimos, al menos deliberadamente. Lo que escribimos es información, que nos llega de diferentes fuentes. Fuentes que, tal vez, nos quieran intoxicar… pero nunca nos inventamos nada”. La postura de Mascaró es entendible desde la óptica de los periodistas que creen que una de las funciones en la descripción del puesto es defender al gremio ante la gente de fuera, pase lo que pase. Entre nosotros podemos despedazarnos, pero, ante el lector y los jugadores, jamás nos hacemos daño, es más o menos el mantra. El problema es que la frase es esencialmente mentira. Los medios mentimos, mucho. Muchísimo diría yo. Como él dice, opinamos, interpretamos, manipulamos… y en ese proceso, mentimos. Puede ser por buenas causas, como proteger a nuestras fuentes, o a nosotros mismos. Pero otras, las más, es para tener más clicks, jalar más rating o satisfacer a nuestros lectores. A veces incluso para tener la razón en una discusión o no quedar mal cuando una historia anterior resultó falsa. En principio, engañamos porque está en la naturaleza humana. Como decía el mítico doctor Gregory House, “todo el mundo miente”. Afirmar que los periodistas estamos en una burbuja de rectitud no es solamente absurdo sino completamente falaz. Pero también lo hacemos porque es parte del trabajo, y cada vez más. En buena medida, mentimos porque el lector lo requiere. ¿Ustedes creen que alguna fuente va a tener información de un futuro traspaso del Real Madrid o el Barcelona en un 18 de febrero? Es difícil, pero quizá. ¿Y en 18 y 19? ¿Y en 18, 19 y 20? Es materialmente imposible, pero eso es lo que quiere el lector. Las noticias de transferencias son las más leídas de cualquier página web, incluso en momentos cruciales de los campeonatos. A la gente le encanta especular con el futuro, aún cuando el presente sea más interesante. ¿Cómo puede hacer entonces un diario español, que debe dedicar 20 páginas a esos equipos para llenarlas con información? Pues, esencialmente, como dice Mascaró, opina, interpreta, manipula y… miente, de muchas maneras.  (Y después, en algunos casos, culpa a las “fuentes”, con toda comodidad). Exagerar es mentir -un rumor de pasillo se transforma en “fuentes cercanas al club”-. Manipular es mentir -un insulto en el vestidor es “una revolución” en un equipo, y “un problema sin importancia” en el rival-. Reciclar es mentir -un jugador que interesaba hace dos años reaparece “mágicamente” en un día sin información para la portada-. Y, bueno, inventar es mentir… como cuando en en una página internacional en la que yo trabajaba sacamos un texto sobre que David Alaba era un jugador con el perfil perfecto para el Barcelona y al día siguiente uno de los dos periódicos deportivos de Cataluña publicó esencialmente el mismo texto, añadiendo las palabras mágicas “interesa”y “gusta mucho a la secretaría del club”. Obviamente, hay medios en los que el control de la información es muchísimo más riguroso –me enorgullece decir que Medio Tiempo es excesivamente cuidadoso en la publicación de rumores que pueden ser falsos-, y hay periodistas mucho más confiables que otros, pero lo cierto es que la exageración, por decir lo menos, se ha convertido en la norma, más que en la excepción en la prensa mundial. Por supuesto, la culpa no es toda de los medios, sino, y se los digo con todo el dolor de mi corazón, también de los lectores. Yo no me trago eso de que la audiencia está sujeta a lo que quiere el “cuarto poder” y es tan fácilmente manipulable. En muy buena medida, la prensa hace énfasis en lo que sus clientes solicitan. Y, en este caso, publica notas sobre los temas que normalmente tienen más éxito. Así, ustedes son los que quieren esas historias de traspasos, ustedes son los que desesperadamente buscan información microscópica sobre un club todos los días sin importar si es fidedigna o no. Son ustedes quienes hacen de los tabloides los periódicos más vendidos, siguen en masa a cuentas de Twitter que inventan historias absurdas o leen notas de rumores que vienen de páginas sin credibilidad alguna. Por supuesto, eso no justifica las mentiras, pero sí las explica. Los medios tendrían que hacer un mejor trabajo y ser más honestos. Y dejarse de mentiras diciendo que no mentimos. Se debe hacer autocrítica. Pero, mientras los grandes reportajes apenas sean leídos y la historia absurda de que Messi podría ir al Real Madrid por 300 millones de Euros tenga miles de clicks, el trabajo interno en la prensa no servirá para nada. Habrá entonces que seguirse engañando con opinión, interpretación, manipulación y falsedad, en lugar de la información sólida que, en teoría, todos querríamos. Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo, y en www.twitter.com/martindelp

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