El Gigante de la CONCACAF y su merecida arrogancia

En nuestro país la humildad es la virtud máxima y la autoflagelación es un pasatiempo favorito.

En los días pasados, México enfrentó a dos equipos centroamericanos, Honduras y Panamá. El discurso de los entrenadores rivales fue, esencialmente, “ya no tenemos miedo a México, las distancias se han acortado”. Sus palabras resonaron en redes sociales y medios de comunicación. ¿Cómo no hacerlo después de que en la eliminatoria pasada los catrachos nos ganaron en el Azteca y los canaleros nos pusieron a temblar? Las reacciones desde México fueron, entonces, darle la razón a los oponentes. “Sí, México ya no es el Gigante”, por ahí decían, “nos hemos dejado alcanzar”. Y esa se ha convertido en una tendencia que todos parecemos aceptar por default. Hemos perdido nuestro trono, y la cosa se va a poner peor. El problema es que la percepción no sólo es equivocada sino dañina para el futbol mexicano. En nuestro país la humildad es la virtud máxima y la autoflagelación es un pasatiempo favorito. Y dentro de ese caldo de cultivo, caemos en errores de análisis y en bloqueos mentales. Creemos que tenemos poco, y que lo que tenemos no nos lo merecemos. Y, en consecuencia, autocumplimos nuestras profecías. El futbol mexicano sigue siendo, con diferencia, el mejor de la zona, a nivel clubes y a nivel de selección. Y es momento de asumirlo y, en casos necesarios, presumirlo. Es verdad que El Tri no fue el mejor equipo de CONCACAF en el Mundial esta vez (la primera desde 2002), pero lo de Costa Rica fue una gran generación que difícilmente se repetirá. El Mundial de Brasil fue el primero en el que se clasifican a segunda ronda desde 1990. México lo ha hecho a todos los Mundiales a partir de ése. Nuestro principal rival por el trono del área debe ser Estados Unidos. Y a nivel de selección ha demostrado ser un hueso duro de roer, sobre todo en enfrentamientos directos. Pero, aún así, desde 2002 no llegan más lejos que nosotros en un Mundial. Y a nivel  de clubes, los hemos derrotado en todos los enfrentamientos clave de Concachampions, un torneo en el que los equipos mexicanos suelen jugar con suplentes, y en el que han ganado todas las ediciones desde 2006. De hecho, México tiene el mayor dominio de un país en cualquier zona del planeta a nivel de clubes. ¿Se imaginan a puros equipos españoles ganando la Champions o brasileños la Libertadores en la última década? De ese tamaño es el dominio azteca. Y, pese a ello, cada vez que un equipo mexicano –o la selección- pasa por un momento difícil, entramos en modo de pánico. La contradicción es evidente. Esperamos que ganemos siempre pero, cuando no lo hacemos, es porque estamos al borde del abismo. En realidad, tener altibajos es completamente normal. Alemania acaba de perder con Polonia y antes fue goleado por Argentina. La albiceleste cayó con Brasil, que fue despedazado en su propio Mundial. España lo hizo con Eslovaquia. El Real Madrid pasó ¡8 años! sin llegar a Cuartos de Final de la Champions. Pero hablabas con sus aficionados y nunca te van a decir que han perdido su trono. Para ellos, los malos momentos son obstáculos en el camino de la grandeza. Hace poco leía que México era demasiado arrogante. En realidad, me parece que lo es demasiado poco. Nos falta mala leche y nos sobran dudas. Hace unos años entrevisté a Oliver Bierhoff sobre aquél partido contra nosotros en Francia 98. Le pregunté si estuvo preocupado en aquel momento. Su respuesta fue lapidaria. “No realmente, estábamos jugando contra México, y siempre le ganamos a México”. Nosotros temblamos cuando llegamos al minuto 70 y no le hemos anotado a Panamá. Y esas dudas de los medios se derraman a los jugadores. No fue falta de calidad lo que nos hizo sufrir en las eliminatorias pasadas, fue falta de confianza. Y eso se transmite desde la cancha a los medios y desde los medios a la cancha. A final de cuentas, un grupo muy parecido hizo un Mundial más que aceptable, cuando el chip había finalmente cambiado… Aunque no había cambiado lo suficiente. ¿Estuvimos alguna vez seguros que le ganaríamos a Holanda, aunque lleváramos ventaja faltando 10 minutos? En realidad, la sensación de catástrofe siempre sobrevoló el estadio. Mis amigos extranjeros me decían tras el partido. “Es que esas cosas sólo le pasan a México”. Y sí, normalmente nos suceden a nosotros, pero quizá la historia sería distinta si tuviéramos menos humildad y más mala leche. Nos la pasamos llorando por el quinto partido, cuando ya llegamos a él dos veces. ¿Que fue como local? Sí, ¿y? No veo a los franceses demeritando su título en 98 o a los ingleses el de 66. Pregúntenle a un portugués quién es el mejor jugador del mundo y les dirá que es Cristiano Ronaldo. ¿El mejor técnico? Mourinho, claro. Nosotros no somos capaces ni de atrevernos a presumir que somos los mejores de nuestra zona cuando lo hemos sido por toda la eternidad. Creo que está demasiado grabado en la idiosincrasia, pero no estaría mal que, por lo menos, empezáramos a respetarnos más a nosotros mismos cuando juguemos contra rivales de CONCACAF. Que nos burláramos de los técnicos rivales que dicen que México no es el gigante en lugar de poner sus frases en primera plana. No se trata de  exceso de confianza –cada victoria debe trabajarse- sino de la mentalidad de ser mejores y actuar en consecuencia. A final de cuentas, jugando mal, con suplentes y haciendo mil experimentos, le ganamos a panameños y catrachos. Como debe de ser. ¿Por qué lo sé? Porque siempre les ganamos, aunque de vez en cuando encontremos piedras en el camino. Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp.

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