El 'Ferrari amarillo' y otras ridiculeces

La reciente implosión del América no es para sorprenderse. En realidad, "implosión" es una palabra demasiado fuerte. A final de cuentas, los de Coapa están en quinto lugar y sus posibilidades.

La reciente implosión del América no es para sorprenderse. En realidad, “implosión” es una palabra demasiado fuerte. A final de cuentas, los de Coapa están en quinto lugar y sus posibilidades totalmente intactas, pero dada la expectativa generada a principios de temporada, y los rumores de la salida de su técnico, el equipo está, por lo menos, en una mini-crisis.

Insisto, sin embargo, que no hay espacio para la sorpresa. En la NFL hay un sabio dicho que reza “nadie sale campeón en febrero”, refiriéndose a que los “ganadores” de la agencia libre no necesariamente se coronan a final de temporada.

En el caso del América, si bien es cierto que la Directiva trajo a un entrenador de capacidad comprobada y buenos refuerzos, nada indicaba realmente que fuera a ser el trabuco que sus seguidores y algunos medios presumían.

En primer lugar, porque todo cambio trae consigo un periodo de adaptación. Del equipo que superó a Tigres en la Final del Apertura, al que cayó goleado en Veracruz hubo nada menos que ¡7 jugadores diferentes! (contando la ausencia forzada de Moisés Muñoz), además de un entrenador que trajo consigo un sistema completamente distinto.

En segundo lugar, porque, si se analiza el plantel de las Águilas, tampoco es que sea tan impresionante. Muñoz es un buen portero, pero no de élite. Lo mismo se puede decir de los defensas, todos de calidad pero, salvo Paul Aguilar, ninguno es el mejor del país en su posición. Rubens y Osvaldito han rendido en México, pero nadie diría que son cracks absolutos. Guerrero no es particularmente bueno y Arroyo fue suplente casi todo el año pasado.

Mucho se habló de los tres refuerzos, pero Tijuana lo está haciendo mucho mejor sin Benedetto y Pellerano. El único que, a mi juicio, es un jugador que se sale de la norma es Darwin, pero por alguna razón no ha logrado rendir lo que debería. Sólo Oribe está en la élite de su posición en México y 4 goles en 10 partidos tampoco son como para echar fuegos artificiales.

El América es un buen equipo, con jugadores de calidad, pero lo mismo se puede decir de Tigres, Monterrey, Cruz Azul, Atlas y hasta Xolos y Veracruz, las sorpresas del torneo. Es muy posible que las Águilas estén en la Liguilla, y no sería raro que ganaran el título, pero asegurar que el equipo era un “Ferrari” era tan ridículo en su momento como lo es ahora.

De hecho, los seguidores americanistas tendrían que haber estudiado un poco de historia antes de presumir su decimotercera estrella con meses de anticipación. Hace veinte años, el Guadalajara, encabezado por una flamante Directiva nueva, rompió el mercado nacional en dos temporadas.

Los tapatíos contrataron a una pléyade de seleccionados: Alberto Coyote, Carlos Turrubiates, Alberto García,Missael Espinoza, Ramón Ramírez, Daniel Guzmán y Luis Flores, lo que les valió el mote de “SuperChivas”. Fueron los grandes favoritos en dos temporadas ¿Sus resultados? Un repechaje y unas Semifinales. Nada más. No fue sino hasta tres años más tarde que los rojiblancos consiguieron el título, con un plantel mucho más modesto.

En general, las colecciones de estrellas suelen ser más ilusionantes para la afición que efectivos para las galerías de trofeos. Como referencia, véanse los planteles de Tigres de los últimos veinte años. O algunas ediciones del Cruz Azul subcampeonísimo.

Las propias Águilas han tenido más éxito con proyectos sostenidos (como el de Miguel Herrera o el propio Mohamed), aún sin contar con planteles tan espectaculares. Basta con dos o tres jugadores desequilibrantes, una base sólida y recambios de garantías. Así ganó Matosas dos campeonatos con León, sin ir más lejos.

Curiosamente, ésa es la característica de este América, si se analiza su plantel, pero la presión de tener que ser un Ferrari está ahogando a un equipo que, para volver a ser campeón necesita comportarse como una SUV todoterreno, aguantar los baches y resistir los caminos de terracería.

Por eso, los aficionados y periodistas afines al equipo harían bien en reducir sus expectativas, y dejarse de apodos absurdos. El equipo tiene plantel para buscar el título, pero pensar que iba a arrasar con los rivales, o incluso que era el máximo favorito era una quimera ridícula en un torneo tan parejo como lo es, año con año, la Liga MX.

 

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