Partidos que no se deben jugar

15 de agosto de 2012. La Selección Mexicana se preparaba para jugar un partido amistoso más. Los dirigidos por "Chepo" de la Torre dominaban por completo su grupo de primera ronda en CONCACAF.

15 de agosto de 2012. La Selección Mexicana se preparaba para jugar un partido amistoso más. Los dirigidos por “Chepo” de la Torre dominaban por completo su grupo de primera ronda en CONCACAF y habían derrotado 2-0 a Brasil en un amistoso un par de meses atrás. El romance entre el equipo y la afición estaba a su máximo nivel.

El rival para ese partido era Estados Unidos. El escenario, el Estadio Azteca. México salía, por supuesto, como favorito, ante una escuadra que pasaba por una crisis importante, con un nuevo técnico que no parecía encontrar la fórmula correcta. Además, el Tri había derrotado a los de las barras y las estrellas en la reciente Final de Copa Oro. La estafeta de “gigante” de la CONCACAF parecía haberse pintado de verde otra vez.

Ante el panorama de optimismo generalizado, algunas voces, pocas, se preguntaban para qué jugar ese partido. ¿Qué tenía que ganar la Selección Mexicana? Ya había recuperado el predominio en la zona, la confianza estaba a tope, las sensaciones eran inmejorables. Un triunfo ante Estados Unidos no aumentaba nada, una derrota podía mandar todo al traste.

Esas voces, por supuesto, no fueron atendidas y lo que siguió lo sabemos todos. El Tri, pese a dominar por completo el partido, perdió 1-0 con un gol de rebote. La primera derrota en el D.F. ante el archirrival. La caída libre que provocó el resultado sorprendió incluso a quienes criticamos el partido en primer lugar. México se desbarrancó, y a punto estuvo de no calificar a Brasil 2014. “Ahí empezó todo”, me confesó uno de los seleccionados nacionales que pasaron por esa experiencia traumática.

La lección tendría que haber sido aprendida, ¿no es así? A los archirrivales hay que jugarles cuando las condiciones permitan una ganancia, no en cualquier momento. Pues no. Obviamente, el mensaje no fue entendido. El miércoles pasado el Tri volvió a jugar ante Estados Unidos en las peores circunstancias posibles. Y volvió a perder.

¿En qué cabeza cabe programar un amistoso en territorio rival, sin nuestros mejores jugadores, a un par de meses de enfrentar la Copa Oro?

Por supuesto, económicamente el partido fue un éxito, pero lo hubiera sido también en otro momento en el año. Enfrentar al archirrival con (los) suplentes (de los suplentes) es una pésima estrategia. Punto. No hay vuelta de hoja.

No sólo lo digo yo, también Víctor Manuel Vucetich, que algo sabe de estas cosas. “El partido del Tri frente a EU estuvo fuera de tiempo, no sirvió de nada”, afirmó el “Rey Midas”. Ninguno de los jugadores que estuvieron en el terreno va a enfrentar a los estadounidenses en la Copa Oro, pero ellos llegarán con la moral por los cielos. Bonito favor les hicimos.

Lo más triste es que la pésima programación de partidos ante archirrivales no termina aquí. En un anuncio que pasó algo desapercibido, la Comisión de Selecciones Nacionales informó que el Tri enfrentará a Costa Rica y Honduras una semana antes de empezar la Copa Oro. Parecía una mala broma pero no lo es. En serio, ¿a quién se le ocurre? ¿Imaginan a Argentina enfrentando a Brasil una semana antes de empezar la Copa América? ¿O España a Alemania? Alucinante.

La pregunta que hay que hacerse al analizar esos enfrentamientos es simple. ¿Tenemos algo qué ganar por jugarlos? La respuesta es la misma palabra que utilizó Vucetich: “nada”. Si el Tri se impone a los centroamericanos, nadie moverá un dedo, pero, si cae, las críticas serán interminables y el equipo llegará muy tocado a la competición continental más importante del año.

Sé que algunos me argumentarán que, según el ranking FIFA, y por lo sucedido en el Mundial, México no sería favorito ante Costa Rica. Pero, en primer lugar, la prensa en el país no opera dentro de esa lógica y, en segundo, si se analiza jugador por jugador, el Tri aún debería ser considerado superior.

Un partido se puede ganar o perder por distintas razones, pero en circunstancias de alta presión, los pretextos salen sobrando. Si la Selección cae por un penal mal marcado o un error individual, nadie la disculpará. Las críticas serán las mismas. Y no es tener miedo de nadie, simplemente enfrentar los partidos importantes en las condiciones correctas. Nada más.

Muchas veces en el pasado he defendido los partidos “moleros”, fundamentales para obtener recursos que sirven a todas las selecciones. Pero hay que saber cuándo y contra quién jugarlos, aunque eso signifique ganar un poco menos. Claramente eso no es lo que ha sucedido en los últimos años.

Dicen que el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra. Por ahora la Comisión de Selecciones Nacionales ya demostró su humanidad… más las que vengan. Ojalá que cuando aprendamos la lección no sea demasiado tarde.

Como siempre los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp.

 

 

 

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