Barça y el legado del mejor equipo de la historia

En el momento que Neymar marcó el tercer tanto que sellaba el triunfo del Barcelona contra la Juventus, el Estadio Olímpico de Berlín cantaba a una voz "campeones, campeones, oe oe oe".

Al terminar el partido del sábado, en el momento que Neymar marcó el tercer tanto que sellaba el triunfo del Barcelona contra la Juventus, el Estadio Olímpico de Berlín cantaba a una voz “campeones, campeones, oe oe oe”.

Es una tonada que se ha convertido en una especie de himno para el Barcelona en los últimos años, y que ahora ya casi se da por sentado, de tan frecuente que se ha vuelto. Sin embargo, de no ser por algunas decisiones riesgosas pero afortunadas, la historia podría haber sido muy distinta.

Cuando el 17 junio de 2008, Pep Guardiola fue presentado como nuevo técnico del Barcelona, nadie imaginaba que su llegada se convertiría en la primera piedra de la creación del mejor equipo de la historia.

Hoy, casi siete años más tarde, con otro entrenador, pero la misma filosofía y muchos de los mismos jugadores, se puede afirmar que, por juego y por trofeos, no hay equipo en el mundo, en ninguna época, que pueda rivalizar con la escuadra blaugrana que ha maravillado al mundo en este periodo.

A su llegada, Guardiola –una leyenda del club como jugador, pero sin casi experiencia como técnico- apostó por una nueva filosofía, el “juego de posición”, que se basaba, esencialmente, en que los jugadores mantuvieran el control de la pelota y un movimiento constante, para desacomodar a las defensas rivales, y así aprovechar los espacios generados.

En defensa, la idea era presionar lo más arriba posible a los defensas rivales, para recuperar la pelota en posiciones peligrosas. Era un sistema defensivo muy agresivo, basado en una extraordinaria condición física y en una idea casi científica del lugar en donde se tendría que ubicar cada jugador en la cancha.

Para quien no conocía el sistema, el Barcelona sólo tocaba la pelota sin ton ni son y ganaba gracias al talento de sus jugadores. Para Guardiola y su equipo era, sin embargo, una verdadera filosofía de juego, “compleja, porque la vida es compleja”, como explicaría Juan Manuel Lillo, gran amigo del técnico catalán y uno de los arquitectos del estilo de juego del Barcelona.

El Barcelona, con su joven técnico, comenzó a ganarlo todo. Para sorpresa y admiración del mundo, levantó los seis títulos que disputó en la Temporada 2008-2009, maravillando a los aficionados con su estilo ofensivo y estética.

Guardiola decidió también prescindir de los ídolos del pasado, Ronaldinho o Deco, y confiar en una joven generación de jugadores provenientes de la cantera, encabezados por Messi, Xavi y Andrés Iniesta.

Ahora que esos tres nombres son considerados entre los grandes jugadores de todos los tiempos, es fácil olvidar el tamaño de la apuesta que realizó Guardiola y también es difícil darse cuenta el riesgo que tomó el Barcelona al confiar en un técnico cuyo principal éxito había sido ascender al segundo equipo a la Segunda División B.

Pasaron los años y el Barça siguió acumulando títulos. Durante la era de Pep Guardiola, el equipo ganó 3 Ligas de España, 2 Copas del Rey, 2 Mundiales de Clubes y 2 Champions League. La segunda, en 2011, derrotando al Manchester United, en la que quizá haya sido la mejor demostración de un equipo en una final internacional en la historia del futbol.

Se escribieron libros, se compusieron canciones y se gastaron ríos de tinta en periódicos hablando sobre la grandeza del equipo. Lionel Messi rompió todos los récords de goles, ganó 3 Balones de Oro y empezó a ser mencionado con el mismo aliento que Pelé y Maradona. España, con la base del Barcelona, ganó su primera Copa Mundial de la FIFA en 2010. El planeta entero se rindió a los pies del Barcelona.

Pero, mientras hacia el exterior la vida parecía feliz, tras bambalinas la situación era muy complicada, y amenazaba con destruir el legado del equipo.

Los principales jugadores del equipo comenzaron a cansarse del carácter obsesivo de su técnico y sus intensos métodos de entrenamiento. El Presidente que había llevado el Guardiola al equipo, Joan Laporta, dejó al equipo y su sucesor, Sandro Rosell nunca ocultó su relación con el entrenador. El Barcelona perdió la liga ante el Real Madrid, y estalló la crisis. Se fue Guardiola, “vacío”, según sus propias palabras.

El Barcelona se volvió una caricatura de sí mismo. Tres técnicos en dos temporadas, malos resultados y mal juego. Quienes decían que el Barcelona podía ganar sin entrenador, de pronto entendieron que no era tan fácil. Al mismo tiempo, estallaba una crisis institucional por las mentiras de la directiva al anunciar el precio de la compra de Neymar. De nuevo, el Barcelona tomó un riesgo, y de nuevo volvió a salvar su legado.

Llegó Luis Enrique, otra antigua leyenda del club como futbolista, con un currículum discreto como técnico. La directiva apostó fuerte, e invirtió 99 millones de euros en las contrataciones de Luis Suárez –suspendido varios meses– e Ivan Rakitic –de quien no se sabía cómo reaccionaría en un equipo grande–. Al final, esos tres jugadores, llegados en la controversia, marcarían los tres goles con los que el Barcelona ganó su quinta Champions League.

El nuevo técnico, además, decidió arriesgar en la cancha. Apostó a un juego más rápido, más vertical, en el que la posesión de la pelota ya no era la prioridad absoluta. El equipo ahora apostaba al contragolpe cuando era necesario, y no tenía miedo de tirar un pase largo.

Pero, al mismo tiempo, con todos esos riesgos, el Barcelona tomó uno más, que fue, a final de cuentas, el ingrediente final de su éxito. En muchas ocasiones, en tiempos de crisis, muchos apuestas por arrasarlo todo y empezar de nuevo. El equipo blaugrana no se dejó llevar por la tentación.

Lo viejo y lo nuevo se convirtieron en la mezcla perfecta. Messi, Iniesta y Piqué siguieron siendo los símbolos del equipo y el juego de posición de Pep Guardiola se mantuvo como la base del juego. Más que una revolución, se trató de una evolución.

Y quizá por eso es que este Barcelona es ya el mejor equipo de la historia. Porque supo arriesgar e innovar cuando fue necesario y porque entendió que, en algunas ocasiones, hay que hacer ajustes inteligentes y no revoluciones. Y lo más escalofriante es que el ciclo de este equipo aún no ha terminado.

Xavi se fue, pero Messi, Piqué Iniesta y Suárez siguen. Y Neymar apenas tiene 23 años. El cielo parece seguir siendo el límite.

Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas