El Piojo, personaje público, personaje privado

Me interesa ahondar en lo que ha sucedido con el técnico del Tri en los medios las últimas semanas, en las que ha pasado de ser un héroe nacional al villano favorito de los medios

Como mi columna se publica los viernes, a veces llego tarde a algunos temas. En general me aguanto y busco temas distintos, porque siento que la coyuntura ya se ha ido, pero hay algunos casos en los que, por su relevancia, prefiero escribir aunque se haya perdido un poco el impulso.

Es el caso de esta semana y del conflicto Miguel Herrera–Christian Martinoli. En realidad, más que el conflicto mismo, me interesa ahondar en lo que ha sucedido con el técnico del Tri en los medios las últimas semanas, en las que ha pasado de ser un héroe nacional al villano favorito de los medios, por culpa casi enteramente suya.

Una de las declaraciones más interesantes en todo este conflicto fue la de José Manuel de la Torre. Ante la tormenta mediática en torno a la figura de Herrera, el "Chepo" afirmó que "nunca un entrenador ha salido bien parado de la Dirección Técnica del Tri".

Tiene razón. Desde Nacho Trelles hasta él mismo, pasando por Bora, Mejía Barón y La Volpe, el arco narrativo de cada estratega tricolor ha sido el mismo. Es recibido como mesías, tiene algunos buenos resultados, es elevado al estatus de salvador de la patria, pierde algunos partidos, cae de la gracia de prensa y aficionados, para terminar con la cabeza cortada ante la alegría popular.

La única excepción a esa regla fue Javier Aguirre en su primera etapa. La simpatía y franqueza del Vasco, y su buena relación con los medios propició que incluso tras cometer el peor pecado de cualquier técnico del Tri –perder con Estados Unidos en un Mundial- su popularidad no se viera afectada. Su segunda etapa fue otra historia, pero, en julio de 2002, Aguirre dejó el banquillo mexicano como una especie de héroe, sin desgaste a su imagen.

Por unos dulces meses, parecía que ese era el camino que iba a seguir Miguel Herrera, por lo menos en el corto plazo. Bonachón y directo, "El Piojo" se convirtió en el personaje favorito de aficionados, prensa y patrocinadores. Se le veía como un hombre auténtico, alejado de los discursos y las mentiras que abundan entre los personajes de poder en México.

El problema es que el propio Herrera nunca lo entendió así. En un entorno como el actual en el país, parecerse a un político es lo peor que se puede hacer. Herrera no sólo se comportó como uno, al romper la ley con sus tweets del Partido Verde, sino que perdió por completo su aura de autenticidad. Y una vez que eso sucede, no hay camino de regreso.

Ahora, para el aficionado, "El Piojo" es otro más de los mentirosos en posiciones de poder. Ahora, nadie le cree que no cobró por sus tweets políticos, nadie le cree que privilegia los intereses deportivos por encima de los mercadológicos y, en consecuencia, nadie le cree que sea un buen técnico. Seguramente es injusto, pero así funciona el aficionado mexicano, y Herrera debió saberlo.

En realidad, parece que Miguel no entendió nunca que cuando uno es un personaje público no puede de pronto quitarse la gorra y convertirse en una persona común y corriente.

No puede llamar pendejo a un comentarista que lo critique, por más que considere injustas esas críticas, y mucho menos puede decirle que lo quiere encontrar más tarde para "arreglar sus diferencias".

Tampoco puede apoyar a un partido político, mucho menos si se sospecha que sea sólo por cuestiones económicas. No puede permitir que su hija ataque a los aficionados en su cuenta de Twitter. En suma, no puede actuar como cualquier hijo de vecino, porque no lo es. Es un personaje público en una posición de poder. Y eso, en México, es una bomba de tiempo.Pero el responsable de activarla mucho más rápido que cualquiera de sus predecesores fue él mismo.

Dicen que la Federación le quiere conseguir un psicólogo, pero lo que realmente necesita es un asesor de imagen y de comunicación. Si no puedes cambiar la naturaleza de un personaje, busca cambiar la imagen que proyecta. "El Piojo" es quien es, pero no tiene por qué mostrarlo cada vez que se le pone una cámara enfrente.

De otro modo, le sucederá lo que pronosticó el "Chepo" para todos los técnicos nacionales, sólo que romperá el récord de velocidad de implosión. Y, por lo que parece, va precisamente por ese camino.

Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo o en www.twitter.com/martindelp

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