Gio y Vela, los dos cracks que no lo serán

Saltaron a la fama en Perú 2005. Fue ese Mundial Sub-17 inolvidable, el primer título del Tri en categorías menores, el que hizo soñar a los mexicanos con un futuro mejor

Saltaron a la fama en Perú 2005. Fue ese Mundial Sub-17 inolvidable, el primer título del Tri en categorías menores, el que hizo soñar a los mexicanos con un futuro mejor. Eran, además, delanteros, nuestra asignatura pendiente de toda la vida. Uno ganó el Botín de Oro, el segundo el Balón de Plata.

Los reflectores llegaron rápido. Uno estaba ya en el Barcelona, el segundo se fue rápidamente al Arsenal. Nunca dos talentos de 17 años habían despertado tal expectativa en México. En tiempos convulsos, muchas voces se alzaron para pedirlos de inmediato en la Selección Mayor. “Estos chavos sudan la camiseta, no como las divas infladas”.

El talento parecía estar ahí, eran los cracks que estábamos esperando para dar el estirón, el paso definitivo para consolidar a México en la escena mundial. La cabeza de una generación que tenía a otros futbolistas, quizá no tan buenos, pero suficientes para acompañarlos en nuevas gestas. El cielo era el límite.

La vida se ha encargado de poner los sueños en su lugar y darles una dosis de realismo. Gio jugó ya dos Mundiales y estuvo a punto de darle a México el pase a Cuartos de Final. Carlos jugó en Sudáfrica, y no tengo duda que, de haberlo hecho en Brasil, el quinto partido se hubiera concretado.

A diez años de la gesta de Perú, dos Santos y Vela se han convertido en excelentes jugadores. Han tenido carreras exitosas, y seguramente las seguirán teniendo, pero creo que se puede afirmar ya con certeza que no son los mesías que el país esperaba. Y vale la pena analizar las razones por las que eso sucedió.

En primer lugar, me parece que tomaron las decisiones equivocadas en los momentos equivocados. Gio dejó el Barcelona a los 18 años, agobiado por la presión de las comparaciones con el catalán Bojan. Lo sedujo el proyecto español del Tottenham, que se derrumbó unos meses más tarde. Después, Harry Redknapp fue una sentencia de muerte. Vela quizá tendría que haberse quedado en México un par de años más, aún comprado por un club europeo. Quizá no. Es difícil saber. Con toda la confianza que decía tenerle Wenger, nunca le dio una oportunidad real. Primero por cuestiones de permisos de trabajo, después por decisión propia. El “Bombardero” sólo encontró regularidad cuando firmó con la Real Sociedad.

Para entonces, quizá ya era demasiado tarde. Gio y Vela pasaron sus años formativos de viaje en viaje, de banca en banca y de sistema en sistema. Sin duda, no fue el entorno ideal para que desarrollaran su talento, y menos aún para darles la estabilidad emocional que quizá requerían.

Porque, tampoco hay que engañarse. Una parte de la responsabilidad es de los jugadores, y sólo suya. Hace muchos años, alguien le preguntó a Romário si no pensaba que, por sus salidas nocturnas, había perdido la oportunidad de ser uno de los grandes de la historia. El astro brasileño contestó, genial, “sí, pero no la habría pasado tan bien”.

No quiero decir, con esto, que los mexicanos hayan tenido los hábitos del fiesterísimo brasileño, pero sí que quizá les faltó esa capacidad de sacrificio que separa a los muy buenos de los geniales. Tanto así que, a final de cuentas, el jugador que será más recordado de su generación será uno mucho menos talentoso pero completamente entregado a su profesión, Javier Hernández.

Toda la vida he considerado que las personas hacen de su vida lo que quieren, y que las prioridades no pueden criticarse. Si, como Romário, ellos han sido más felices así, es más que respetable. A final de cuentas, el futbol es un juego y la vida es mucho más importante. Eso sí, como aficionado y como mexicano, lo lamento. Me hubiera gustado verlos llegar al nivel que su potencial presumía.

Apenas a los 26 años, es muy posible que hayamos visto el punto más alto de sus carreras. Giovani encontró un temprano refugio en la MLS, Vela lo hará muy probablemente en enero. No serán ellos, probablemente, los responsables de hacernos llegar a lugares donde nunca habíamos estado.

O quizá sí, de forma indirecta. Los niños de 2005 fueron los responsables de la FMF empezara a tomar en serio al futbol juvenil y de que muchas generaciones se dieran cuenta que se podía ganar internacionalmente.

Cada título en categorías menores lleva un poco el sello de Gio y Vela. Cada joven que rompe paradigmas y emigra a Europa sigue los pasos de los primeros aventureros. Y, si tenemos un poco de suerte, aprenderán de sus errores e imitarán sus aciertos. Serán, quizá, los cracks que estábamos esperando.

Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo y en  www.twitter.com/martindelp.

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