Pumas, con un plan y ayuda de Ambriz

Ignacio Ambriz se eqyuivocó y permitió que Pumas jugara a lo que mejor sabe y hace. Por ello, UNAM está prácticamente en la Final.

Al terminar el partido de ida de las Semifinales, en muchos programas deportivos el consenso parecía haber sido, "América dominó por completo a Pumas, que se salvó y después aprovechó las tarjetas rojas". El análisis tiene cierta razón, pero solo de forma superficial. La realidad fue mucho más compleja e interesante.

Pumas fue un superlíder atípico. Tuvo el mejor ataque y la segunda mejor defensa pero, en general, no fue un equipo dominante. Sus triunfos se basaron, sobre todo, en un extraordinario sistema, capaz de aprovechar las fortalezas de sus jugadores y minimizar las debilidades de un plantel que, a priori, no parecía estar entre los más poderosos del torneo.

Los universitarios fueron el equipo que menos posesión tuvo de los 8 que clasificaron a la liguilla, con apenas 22.3 minutos por partido (para darse una idea, Tigres, el equipo que más mantuvo la pelota en su poder, tuvo 32 minutos). También fue el que menos pases realizó y el de menor porcentaje de pases completos.

Se trató, entonces, de un equipo vertical, capaz de resistir la presión rival y generar oportunidades claras gracias a la efectividad de sus delanteros. Pumas anotó un gol por cada 6 tiros durante el torneo, el mejor porcentaje, con muchísima diferencia.

Era ridículo pensar que los auriazules iban a cambiar de plan al visitar el Estadio Azteca. La idea de Memo Vázquez fue la de siempre. Aguantar la presión de América y tratar de definir con verticalidad y punch. El 0-0 sería un buen resultado; un 0-1, aún más. El script, en realidad, se desarrolló conforme lo planeado. Las Águilas generaron algunas de gol, pero no muchas y solo un par claras. Los auriazules anotaron en su única chance y su tanto fue mal anulado por el árbitro.

El trabajo del visitante fue ayudado por una mala decisión de Nacho Ambriz. Quizá esperando que su equipo ahogara a centros a un rival parado atrás, decidió apostar por Oribe Peralta como punta y dejar en la banca a Benedetto, mucho mejor para generar espacios. Las Águilas fueron predecibles y controladas con cierta facilidad. Podrían haber tomado ventaja gracias al talento individual de sus jugadores, pero nunca se les vio cohesión, ni cuando más dominaban.

El segundo tiempo fue, por supuesto, condicionado por las expulsiones. Pero incluso en eso hubo influencia de la banca. Pumas tenía a sus dos centrales y a Cabrera amonestados, y más de una vez decidieron recoger la pierna en lugar de arriesgarse a una segunda roja. De hecho, ninguno de los tres cometió una falta en los segundos cuarenta y cinco minutos. Obviamente, los americanistas no tuvieron el mismo cuidado y pagaron las consecuencias.

Incluso, con dos hombres más, Memo Vázquez no cambió el script y mantuvo el plan de transiciones largas y contragolpes. Por ello, la decisión de Ambriz de meter a Pimentel por Quintero cuando aún el equipo estaba con diez fue una gran equivocación.

En general, el librito indica que cuando se pierde un defensa hay que quitar un delantero para no perder orden, pero en este caso no tenía sentido. Pumas casi no llegaba y la clave de América estaba en mantener a los universitarios en su área. Sin Darwin, el medio campo de Pumas por fin tuvo el tiempo y espacio para generar sus mortíferos rompimientos. Y ahí se acabó el partido.

Se acabó porque la efectividad de los universitarios no es obra de la casualidad. Los primeros dos goles son claros ejemplos de un equipo bien trabajado al ataque. En ambos casos, los delanteros de Pumas combinaron con gran velocidad a las afueras del área rival antes de abrir el balón a Fidel Martínez. Lalo Herrera picó en diagonal a primer poste, desorientando a la defensa rival y uno o más futbolistas cerraron a segundo poste para definir.

Que América tuviera un defensa más no le sirvió para nada en el primer gol y, en el segundo, es difícil explicarse por qué cinco jugadores amarillos trataron de salir a velocidad cuando el equipo ya se había quedado con dos menos. Suicidio total contra la escuadra que mejor contragolpea en la liga.

El tercer gol fue un remate espectacular de Eduardo Herrera y la muestra de la confianza que Pumas ha adquirido desde la llegada de Vázquez. Después de haber sido prestado a Santos y pasar sin pena ni gloria, el centro delantero regresó a Pumas por petición del técnico y ha marcado 24 goles en tres torneos. Es, en este momento, el mejor goleador mexicano de la Liga.

Así, no se trató de un dominio abrumador del América y suerte de Pumas, sino de algo mucho más estructurado. Y no esperemos nada distinto en la vuelta. Los de Memo Vázquez van a jugar como lo han hecho todo el torneo, depende de Nacho Ambriz plantear el partido perfecto para buscar el milagro. No es imposible pero incluso así, lo más probable es que no sea suficiente.

Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas