Alex

Ahí estaba abriéndose paso en medio del tráfico. Tendría ocho años, y se ganaba la vida haciendo malabares sobre una cubeta de plástico.

Ahí estaba abriéndose paso en medio del tráfico. Tendría ocho años, y se ganaba la vida haciendo malabares sobre una cubeta de plástico. Su acto no era afortunado. Las pelotas rodaron varias veces al suelo mientras el semáforo se hacía eterno para los que esperábamos avanzar. Era la hora pico, y la fila de vehículos molestaba a quienes teníamos prisa por llegar a algún lado. Pero el congestionamiento, desesperante para unos, era positivo para el pequeño: aumentaba su ‘público’, y por ende el potencial de sus ganancias. En sólo un parpadeo el verde daba paso al ámbar, y de nuevo al rojo. Nadie se movía. Manoteos en los volantes. Había que esperar otro turno para cruzar. Pero el pequeño parecía ajeno a todo. Junto a otros vendedores ambulantes saltaba de nuevo a escena con la calma de quien tiene medidos sus tiempos. Ahora no era más el actor de su circo, sino el administrativo de las finanzas.

Me olvidé un instante del reloj, y me concentré en el mundo paralelo que tenía frente a mí. El niño presentaba el rostro quemado por el sol, y desgaste en su vestimenta. Había guardado las pelotas de esponja en sus bolsillos, y emocionado se aprestaba a recoger el fruto de su espectáculo. No simpatizo con fomentar el comercio de los cruceros. Me influí mucho en la campaña de hace algunos años para sacar a los niños del peligro de las calles evitando darles dinero. Pero era imposible. Su humildad y su gracia merecían una moneda... aún y cuando el acto haya sido tan impreciso. Se acercó a mi ventana, y le extendí un billete de 20 pesos. Su rostro se iluminó. En otros vehículos sólo había encontrado negativas a vidrios cerrados. -Gracias, ¿sí le gustó verdad?, dijo. -Sí, claro, eres bueno ¿Cómo te llamas?- quise ser amistoso. -Alex, como el huracán. La referencia me hizo pensar que la tragedia del mes de julio también hizo mella en el menor. Entonces me di cuenta del detalle. Alex portaba una playera deslavada del Monterrey, definitivamente producto de la piratería. Sólo tenía dos estrellas en el escudo. -¿Eres rayado? -Sí, soy campeón. - Ah ¿Viste la final? - No, el desfile. El pequeño apremiaba, pero sin ignorarme. Cada segundo que pasaba platicando conmigo perdía la posibilidad de llevarse otra moneda de un vehículo en el tráfico. Lo sabía y la impaciencia se le reflejaba con pasos cortitos. Pero mostró educación. Se mantuvo atento, quizá agradecido por mi donativo. Quise decir algo que le dejara algo positivo. - No lo gastes mal eh, compra comida, o guárdalo para Navidad. - Sí, voy a pedir un balón. -¿A Santa Clos? -No, a mi mamá. - ¿De Rayados? - Clarooooo. Señaló su camisa. A casi dos semanas de la conquista, el pequeño seguía disfrutando del título.

En ese momento me trasladé a una realidad que a veces ignoramos. El semáforo y la fila dejaron de ser enemigos. Reflexioné que hay emociones que superan a las necesidades más elementales. Este año en Monterrey hubo gente que lo perdió todo. Los desastres naturales fueron el colofón a un golpe brutal que ha sido la guerra nacional contra el crimen organizado. Pero la felicidad por el éxito de un equipo de futbol –aunque no todos lo compartan ni todos lo hayan visto de forma presencial- alivia el espíritu de miles, quizá millones de personas en estas fechas tan significativas. Es un auténtico motor para seguir adelante. El niño, que quizá tenía como único patrimonio tres pelotas de esponja y los 20 pesos que le acaba de regalar, era feliz por una conquista que ni siquiera pudo ver. Me daba un ejemplo, y yo lo aprendía como una bofetada. Volví a la tarde y al tráfico, al semáforo y a la prisa, pero con un espíritu diferente. Sin quererlo, ahora yo también estaba sonriendo. Yo había recibido la caridad esa tarde. Volteé para quedarme con su imagen en la memoria. -Feliz Navidad, Alex. -Sí- dijo mientras se daba la vuelta. Y se fue a seguir su trabajo.

MIS MEJORES DESEOS Sirva este medio para desearles una feliz Nochebuena, y una muy feliz Navidad. Que en sus casas haya paz, salud, unión, y que el espíritu de estas fechas los colme de bendiciones junto a sus seres queridos. Reciban de su servidor un abrazo hasta donde estén, con el agradecimiento por ser parte de Medio Tiempo.com.

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