Malas decisiones

Tras seis meses de espera Guillermo Franco vuelve a contar con la fortuna...

Tras seis meses de espera Guillermo Franco vuelve a contar con la fortuna de su lado y se enrola en el Vélez Sarsfield, cuadro protagonista del futbol argentino. Su peregrinar ya parece destinado a oportunidades como ésta: contratos de seis meses, un año a lo mucho, y postergar un adiós que aparece cada día más cercano. Qué lamentable final para la carrera de un jugador que tuvo todo para ser un histórico del futbol mexicano. Y cuando digo esto me remonto a la mitad de la década pasada, y no sólo a la memoria de corto plazo por el último Mundial. Franco llegó a Rayados en el 2002, y al año siguiente ya era artífice del segundo campeonato del equipo. Su calidad fue excepcional, y pronto era un referente del club. Marcó 63 goles en duelos oficiales, y disputó otras dos finales con los regios. Se cotizó en el mercado nacional, y jugando como mexicano fue codiciado por varios clubes. La brecha se abrió cuando tomó la tentación de llegar a la Liga de España. Se fue en malos términos con el Monterrey. Forzó su salida aprovechando su gran momento. Dejó de lado su discurso patriótico y adoptó uno de crecimiento. No cuidó las formas, y se reflejó al final. No figuró en el Villarreal, tampoco en el West Ham, y tras la justa mundialista se quedó sin equipo. Pudo volver a Rayados en el 2009, pero volvió declinar por esperar la oferta que finalmente le llegó del futbol inglés. Hoy para muchos su nombre es sinónimo de antipatía. Su mayor pecado fue ser titular en el Mundial por decisión de Javier Aguirre. ‘Obstruyó’ con su presencia al ídolo del momento, Javier Hernández, en el mejor momento para idolatrarlo. Eso no es culpa del 'Guille'. Pero todo partió de una mala elección. Franco no quiso admitir que su futuro era infinitamente más promisorio quedándose en México que partiendo al Viejo Continente. Pudo más el cliché que la conciencia. No supo apreciar que tenía para seguir figurando en esta Liga, y prefirió una aventura sin retorno. Corrió una apuesta que quizá nunca debió tomar. No era necesario.

Y hace unas semanas bajó del pedestal para muchos, al decir que no volvería en lo inmediato a Rayados por los problemas sociales que enfrenta la ciudad. Jamás antes del Monterrey había logrado los reflectores protagonistas que alcanzó en suelo azteca. Después de La Pandilla tampoco. Su paréntesis de gloria lo vivió en tres años y medio, suficientes para entrar a un selecto grupo de ídolos entre la afición regia. A nivel Monterrey algunos todavía lo extrañan. A nivel nacional muchos lo repudian. La posibilidad de retirarse con honores en el club donde se encumbró parece casi imposible. Y hoy se le ve tomando una de sus últimas oportunidades, como una lección del que no supo escoger en su momento la mejor alternativa. 'Regalarse' por brincar el océano ya debe dejar de ser una obsesión para el futbolista en México. Aquel ‘Guille’ letal que batió la Liga ya parece quedar sólo en la memoria. El sueño europeo -y de eso en nuestro país hay muchos ejemplos- no es garantía de mejorar. Twitter: @oscaradrian_vzz

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