¿Quién toma el balón?

Llega el Clásico Regio 93, y con él la rivalidad más auténtica que existe en el futbol mexicano.

Llega el Clásico Regio 93, y con él la rivalidad más auténtica que existe en el futbol mexicano. Sé que muchos podrán diferir, y en cierto punto con razones históricas, pero sobran indicadores para entender que hoy el antagonismo más puro y vigente, no sólo entre aficiones, sino también entre clubes y jugadores, entre se da en la Sultana del Norte… aunque afuera de Nuevo León prácticamente no exista. Son dos playeras opuestas de forma genuina, y así viven cada minuto del día. No es una rivalidad aprendida. Brotó de la historia, y desde hace dos décadas mantiene su clímax. Quizá todo parte de un sentido: es una misma afición igualmente entregada, que tiene al futbol como una prioridad en la vida. Me dijo una vez un entrenador que pasó por ambos equipos, que el Clásico Regio “es la misma historia contada en dos idiomas diferentes”. Y en esa euforia no tiene comparación. Y en esta edición ofrece uno de los duelos con más expectativas de los últimos años, aunque con el gran riesgo de decepcionar al resto del país. En la tribuna está dictada la ruta. En el campo las identidades son tan parecidas que se apunta a un duelo ríspido y sin claridad. Monterrey y Tigres tienen actualmente un estilo que gira totalmente a tener la pelota. Buscan salir de forma controlada sin correr riesgos de más. Si el rival no abre un hueco para transitar se da a un pase a un lado, se recorren piezas a los costados, y si es necesario se llega hasta el arquero para volver a empezar. Dividir la esférica es la última opción. En esa capacidad veo más definido a Tigres en este 2011. Los felinos le aplicaron al Cruz Azul una dosis de mucha paciencia, y en los últimos 20 minutos no dejaron ver el balón a los celestes. La compensación llega viendo al Monterrey en la historia reciente. El cuadro de Vucetich no está tan fino como en el 2010, pero sabe jugar más sin la pelota que su rival. El último Clásico lo ganó dejándole todo el control a los del “Tuca”, para anular y liquidarlos a la hora oportuna. Por eso entiendo que en el aire amenaza el empate. Y un empate que dejaría un desaire para el resto del país. En eso será interesante que los dos equipos tomen el peso. Que sepan que el Clásico Regio clama por tomar preponderancia nacional, y verse como un duelo grande para México. Que la batalla no es sólo un pique entre seguidores, y que puede llevar el estandarte de un duelo para exportar del futbol mexicano. Eso sólo ocurrirá con partidos que emocionen hasta a los que no comparten la camiseta. El balón ya no está en la cancha de los aficionados. Hoy toca a los equipos estar a la altura del duelo más esperado en el Norte del país. DIVORCIOS MAQUILLADOS

Cuánto contraste se remarca en esta semana del Clásico Regio al entorno que viven cuadros como Chivas y América. Mientras en la Sultana del Norte se disparan reventas de 5 mil pesos por boleto, en las dos catedrales del futbol mexicano el frío cala hasta los huesos. Especialmente es de llamar la atención lo sucedido el martes en la visita de Thierry Henry y Rafael Márquez al flamante Estadio Omnilife. Apenas 3 mil seguidores en las gradas, como queriendo hacer quedar mal al informe de Consulta Mitofsky que refrendó al Rebaño como el club más popular de México. Me queda claro que el fenómeno Chivas sigue intacto en todo México, y ni se diga en Estados Unidos. Pero es muy evidente que existe un divorcio entre el equipo y su cuna. Dicen que para solucionar un problema lo primero es aceptarlo, y este convencimiento no llega por ningún lado. Ayer no dejé de sorprenderme cuando vi las declaraciones de Jorge Vergara descalificando el desdén de su público. Y luego el líder de la porra oficial descalificó al empresario. La gente culpa al equipo para ausentarse. Y el equipo culpa a la gente para no reformarse. Las tradiciones, cuando necesitan preservarse, han dejado de ser una tradición. Y en Guadalajara la magia se está perdiendo. De esto, sin duda tiene más responsabilidad Vergara que su afición. Él ofrece un espectáculo que no ha sido satisfactorio, y para muestra las estadísticas. La gente de su tierra, como franca consumidora, no lo quiere comprar. ¿Se imagina usted que el dueño de un circo diga que no puede contratar al elenco porque primero debe ir la gente a ver su show? Es una lógica de orden natural. Es cierto, la afición ha perdido la euforia. Pero Chivas tampoco la provoca. Y esto, seamos o no simpatizantea Rebaño, perjudica al futbol nacional. Twitter: @oscaradrian_vzz

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