Felinos invasores

¿Qué pasaría si el equipo más popular del país se viera de pronto visitante en su propia casa, y no por culpa de la afición de un vecino, sino por otra que viajó cientos de kilómetros para la cita?

¿Qué pasaría si el equipo más popular del país se viera de pronto visitante en su propia casa, y no por culpa de la afición de un vecino, sino por otra que viajó cientos de kilómetros para la cita? Lo que está por suscitarse en el duelo entre Chivas y Tigres podría convertirse en un día histórico para el futbol mexicano, por todas las implicaciones que traería para los balances oficiales. En la Sultana del Norte se ha desatado la intención de presenciar en vivo el partido de la Jornada 9 en el Estadio Omnilife. La campaña ha tomado oficialmente el nombre de la Invasión Tigre, y se alistan más de 100 autobuses para acudir el encuentro. En un sondeo aflora una cantidad superior a 5 mil seguidores. En algunos medios se menciona que serían hasta 8 mil. Eso, más la gente que hará el viaje en sus vehículos particulares y en avión, supone un conteo final digno de atención. No recuerdo una migración tan grande de aficionados para un partido de torneo regular. Quizá sólo en contadas finales exista un precedente como el que puede marcarse este sábado en Jalisco. Pienso en el hecho. El portero local despejando mientras le corean el insulto tradicional desde la tribuna. El abucheo reiterativo cada que el sonido anuncie el nombre de los de casa. La porra oficial superada en número y decibeles por una extraoficial. Sería algo muy extraño. La cantidad se vuelve relativa cuando se nota la diferencia de actitudes de dos aficiones que viven momentos contrastantes. Hace unas semanas toqué en este mismo espacio el extraño fenómeno de Chivas, que vive un distanciamiento con su tierra y que inexplicablemente encuentra incómoda su cuna tan confortable. El arrastre rojiblanco está intacto en cualquier parte de México, pero en casa respira el desaire de su afición. Extraoficialmente tiene un promedio de 16 mil aficionados por partido esta temporada, es decir, menos del 40 por ciento de la capacidad de su estadio. En algunos juegos a duras penas ha pasado de 10 mil, y en el amistoso con los Red Bulls tocó fondo con sólo 3 mil espectadores. Del otro lado de la moneda es para analizar el fenómeno del sentir del aficionado de la UANL. Tiene casi tres décadas sin ganar la Liga, ha vivido toda clase de escándalos al interior, apenas en diciembre vio a su enemigo deportivo festejar un nuevo título, y no hay poder humano que le separe de su playera. Es de resaltar que la afición se ha movido por su cuenta. El éxodo que se vivirá el fin de semana no ha sido promovido por el club, ni por algún medio de comunicación. Esa movilización surge de las entrañas de los seguidores, le harán honor a esa palabra al pie de la letra. Y recalco, no a una ciudad vecina, sino a un destino de casi 12 horas por tierra. Sin duda estaríamos hablando de un hecho inédito que exhibiría cómo se han movido las aficiones de ambos conjuntos, y las tendencias que muestran en sus distintas realidades. Mientras que Jorge Vergara no muestra unidad ni con su propio técnico –basta revisar su cuenta de Twitter para entenderlo-, y que ha llegado a cuestionar a su público por dejarlo, en Tigres parece que nada quebranta la fe del aficionado. Quizá la cantidad de 8 mil quede grande y al final sea sólo la mitad de lo proyectado. Puede ser. Quizá a las Chivas les brote el amor propio, y al final los seguidores regalen la entrada que no le han brindado a su equipo en un duelo ordinario. También puede ser. 

Pero este sábado se perfila para ser recordado como el día en que una afición históricamente desdeñada como “chica”, daría una muestra grande de apoyo, en un patio que se ha vuelto ajeno hasta para el equipo de casa. Twitter: @oscaradrian_vzz

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