Protagonistas con silbato

Está por reanudarse el torneo de Clausura 2011, y la pausa en el calendario no sólo sirvió para realimentar el deseo de ver a los equipos mexicanos, sino para desinflar un globo de presión.

Está por reanudarse el torneo de Clausura 2011, y la pausa en el calendario sirvió no sólo para realimentar el deseo de ver a los equipos mexicanos, sino para desinflar un globo de presión que parecía reventar sobre la Comisión de Arbitraje.

Este torneo, incluso por encima de los anteriores, la labor de los silbantes ha sido muy cuestionada, no nada más por errores puntuales y acusaciones de incapacidad, sino también por sospechas de estar favoreciendo o perjudicando intencionalmente a los equipos.

Con razones en la mayoría de los casos, los jueces se han visto involucrados en jugadas mal decretadas, y que han robado cámara en los partidos. El más contundente caso fue el de Miguel Ángel Ortega –y su asistente Juan Joel Rangel- en el duelo entre Necaxa y Morelia de la fecha 5, al dejar de marcar un gol legítimo del cuadro rojiblanco.

Se unen a la lista Jorge Isaac Rojas por su lamentable actuación en el Gallos Blancos-Cruz Azul de la fecha 8, y muchos otros que llenarían este espacio si detallamos errores jornada por jornada. Pero es aquí donde interviene un criterio que aplica poco en el futbol mexicano. ¿Los árbitros son parte de la Liga, o son figuras independientes importadas de otra latitud?

Sin duda, no salieron ni de China, ni de Marte. Los árbitros son parte del torneo, y como tales, son responsabilidad de los clubes. Y cada vez que un equipo habla mal de un árbitro, indirectamente está hablando mal de sí mismo y de sus propios compañeros.

Insisto, muchas veces sus malas marcaciones merecen un calificativo. Pero no pueden ser los mismos clubes los que señalen las deficiencias, cuando debieran ser los primeros en proteger la labor de los nazarenos. Y menos los directivos que carecen del pretexto de la calentura del campo de juego.

Para eso están los analistas, los medios de comunicación y el público en general. Pero no los mismos actores de la FMF.

En esta temporada, instituciones como América, Estudiantes, Querétaro, Chivas, Puebla y Necaxa han sido claras en sus sospechas contra la investidura arbitral. Con tono más suave, Pumas, Toluca, Santos, Atlante y Jaguares han hablado de ser perjudicados por marcaciones.

Se está haciendo una costumbre que en la mitad de los partidos el árbitro sea protagonista. Y ya es más un asunto de cultura deportiva, que de reales desastres que ameriten la estadística.

Hay personajes que incluso tienen de antemano al nazareno como el chivo expiatorio para cuando se pierde un partido. Existen técnicos predispuestos a sopesar la labor del juez para redimirse públicamente.

Es innegable que han aumentado los errores, pero también se han magnificado por los señalamientos de los afectados. Existe en México una mala costumbre de descargarse en el hombre del silbato.

En casi todos los equipos, desde Fuerzas Básicas, se alimenta una mala formación de valores. En los entrenamientos se pregona que el árbitro es un enemigo, y si lo sacamos de quicio podemos engañarlo. Muchos entrenadores afinan la estrategia de la trampa, y me ha tocado presenciar muchos ejemplos incluso en campamentos de Primera División.

Lo extraordinario del caso es que fuera del país, el arbitraje mexicano tiene una imagen de élite mundial. Casi siempre que un silbante azteca aparece en un partido internacional cosecha comentarios positivos. ¿Tan grande está el margen de visión?

Me parece que es un asunto de cultura. En algunas de las mejores Ligas del mundo, cuando el silbante falla, el tema ocupa un rol secundario o hasta inaceptable en las declaraciones. Acá en México, ante un error, el afectado habla de persecución, de tendencia, de consigna, y hasta de cosas peores. Se da que el equipo perjudicado sospecha de que se beneficia al otro, y empieza el drama.

Hace unas semanas, un jugador de Gallos Blancos denunció en el Tec que La Federación quiere salvar al Necaxa. Fuera de entrevista, un jugador del Necaxa me comentaba que ellos en el vestidor percibían una línea a favor del Querétaro. Y yo creo que ninguno tiene razón. Los dos han sido víctimas de fallos, pero hasta ahí.

Falta mucho por mejorar en el terreno de los silbantes, es un hecho. Los errores han aumentado en número, frecuencia, y gravedad, también es un hecho.

Pero ya es momento que los protagonistas dejen de darle esa esencia protagónica al arbitraje, y dejen de acusar arreglos sin pruebas contundentes. Los que más se quejan, son los primeros que debieran presentar propuestas para mejorar lo que se hace mal.

Ya viene el fin de semana, y el balón volverá a rodar en México. Y estemos listos para retomar la batalla entre los clubes y su brazo llamado Comisión de Arbitraje, a ver cuántos siguen mencionando como culpable de una derrota al 'hombre de Marte' que porta el silbato.

PARA REMATAR

El error de Guillermo Ochoa ante Venezuela era una simple jugada cotidiana de un partido amistoso, pero se volvió una maniobra extraordinaria con tanta gente en los micrófonos defendiendo al arquero americanista.

Para solucionar los problemas lo primero es reconocerlos y los ‘abogados’ de Memo le están haciendo más daño al protegerlo sin argumentos. Era más fácil justificarlo diciendo que es una acción que simplemente forma parte de la posición que juega.

Yo creo que Ochoa se levantará y volverá a ser el guardameta confiable y candidato a la titularidad del Tri, pero muchos, que lo protegieron innecesariamente y desesperadamente a capa y espada, tras proyectar su parcialidad difícilmente volverán a ser confiables en sus análisis periodísticos.

Twitter: @oscaradrian_vzz

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