El proceso de la coherencia

Poco a poco, en silencio, con un perfil bajo, sin promesas estrepitosas, sin llamados excéntricos, con alineaciones acordes, en un clima sobrio, con resultados perfectos.

Poco a poco, en silencio, con un perfil bajo, sin promesas estrepitosas, sin llamados excéntricos, con alineaciones acordes, en un clima sobrio, con resultados perfectos.

Es así como se ha forjado la actual realidad de la Selección Mexicana, que culmina un año sin mancha en sus actuaciones, y reviviendo los viejos tiempos donde se le ganaba a cualquiera en el área.

Qué difícil es para muchos elogiar lo bueno, y cómo nos cuesta en México evitar lo malo. Acostumbrados a ser inconformes por una rara tradición cultural, en nuestro país se le ha dado poco mérito a la actual etapa tricolor. Pero si no reconocemos el actual trabajo del combinado, creo que nunca lo haremos.

Y no, no se trata de conformarnos, ni creer que todo está tan perfecto como marcan los números, ni es para dejar de exigir mejores retos. Pero existen muchos indicativos de que se está en la ruta correcta, y que se devolvió la credibilidad a una Selección que ya no la tenía.

Hay que tener memoria.

Justo hoy hace dos años, José Manuel de la Torre tomaba el barco en aguas turbulentas. El 2010 fue un año de sobradas críticas, ganadas a pulso con decisiones erróneas y escándalos infantiles. Basta recordar cómo echaron a México del Mundial. Acuérdese de los jugadores que eran titulares y los que iban a la banca. Basta recordar las amenazas de la familia Dos Santos quitar a Jonathan del listado final, y las voces de la gente que presionaba por un llamado.

Hombre, basta ir más atrás y recordar la era de Hugo y Eriksson, donde ni siquiera se calificó a los Olímpicos, y donde la Eliminatoria peligraba. La Selección que no jugaba a nada, y se convocaba a cualquiera que metiera gol en la Liga. ¿Se acuerda?

Inolvidable resultó la famosa fiesta de septiembre en Monterrey y sus estrepitosas consecuencias. Días antes de la elección de ‘Chepo’, los Seleccionados se rebelaron con Néstor de la Torre, ex director de Selecciones Nacionales, y se filtró a la prensa una carta condicionando la atención a las convocatorias. En el último amistoso en Ciudad Juárez, Héctor Moreno leyó un comunicado advirtiendo de las posturas del vestidor azteca. Aquello era una pachanga.

Hoy México cierra un 2012 histórico en el futbol, gana por primera vez la gloria olímpica y califica caminando al Hexagonal premundialista. Se coronó brillantemente en el preolímpico, y deslumbró con el torneo de promesas de Toulon. En 2011, salvo el traspié de Copa América, también se rebasaron los objetivos, al coronarse en el Mundial Sub-17 y ganar sin problemas la Copa Oro.

¿No es eso suficiente?

Cierto, ‘Chepo’ no tiene la sangre liviana de Javier Aguirre, ni ha salido en tantos comerciales como técnicos anteriores, y quizá nunca termine de hacer ‘click’ con la tribuna. Pero de verdad, su trabajo, y el de sus colaboradores, junto con el de Héctor González Iñárritu y el resto de los directivos, merece una ‘palomita’.

Y todo indica que el mejor futbol está por venir. 

¿Seremos campeones del mundo? ¿Podremos de una vez por todas entrar a la élite mundial? ¿Llegaremos al menos al famoso quinto partido?

Sólo la historia lo dirá. 

Pero hoy, justo a dos años de nombramiento del ‘Chepo’, anímese a decir una cosa positiva de México.

Bien lo vale.

La palabra coherencia está impregnando gratamente la playera verde en su camino a Brasil.

 
twitter: @oscaradrian_vzz 
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