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Los que sí disfrutan
Martes 7 de Abril del 2009
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Pareciera que a últimas fechas en lugar de pasarla bien, todos sufrimos con el
futbol en nuestro pais. Es una especie de martirio. Adoptamos poses que no
necesariamente reflejan lo que pensamos o sentimos.
Cuando escucho a
alguien sentenciar: "ese no sabe de futbol" me rasco la cabeza y recuerdo lo que
en alguna ocasión el personaje de moda de nuestro balompié destacó en una
colaboración periodística a un medio impreso en el que yo también trabajaba
(Javier Aguirre en la Revista Contraataque), y en la que aseguraba que todo
aquel que toca un balón, ve un partido, o siente algo especial en un juego, sabe
de futbol.
Es una pasión que por definición perturba al ánimo. Lo que
cada quien conoce o siente sobre un juego en donde once contra once disputan una
pelota, es tan subjetivo como digno de respeto.
Cualquier afición está
relacionada con el amor a un deporte y con la necesidad imperiosa de liberación.
Ganar, perder o empatar, para después poderlo gritar.
La sensación de
cualquier fanático en un estadio resulta indescriptible al analisis de un
partido. Ningún especialista podría destacar qué o cuánto disfrutó o sufrió una
persona al ver ganar o perder a su equipo. Ni la táctica ni la estrategia están
directamente relacionadas con la medición de gozo de un amante
futblero.
Y no sólo pasa en el balompié. Sucede en cualquier disciplina.
Les platico que apenas regrese del juego de apertura de la nueva temporada
beisbolera para los Medias Blancas de Chicago. Es como volver a nacer, como
jalar aire después de haber llorado amargamente.
A pesar del frío intenso
y en plena depresión comunal por la que atraviesan los estadounidenses (en la
peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial) los seguidores de los
White Sox han vuelto a sonreír.
En nuestro país ocurre algo similar con
el futbol, y yo espero que nunca se termine esta química. Esta energía especial.
Esta magia que tanto bien le hace a nuestra sociedad.
Porque sin caer en
lugares comunes o frases trilladas: es una realidad que sólo el deporte provoca
esta paz, la mezcla de sentimientos que probablemente nadie podrá explicar jamás
con palabras, y que significa por momentos la única medicina que alivia al menos
en la mente.