Ni los zapatos entran

Forzar no es la mejor estrategia, pero en el ámbito profesional siempre tendremos que hacer algunas cosas que no nos gustan tanto.

Forzar no es la mejor estrategia, pero en el ámbito profesional siempre tendremos que hacer algunas cosas que no nos gustan tanto.

La justificación de Mario Carrillo al ser despedido de los Pumas me hace revisar lo que está pasando en algunos casos de nuestra Liga MX. 

Por supuesto que no se puede consentir a un directivo que obligue a un entrenador a utilizar a un jugador o a poner alineaciones, pero cuando los resultados no se dan y las decisiones no suenan sensatas siempre habrá alguien que meta la mano. También en el futbol hay obligaciones y creo que un Vicepresidente Deportivo sí tiene facultades para exigir explicaciones sobre los recursos que se utilizan en el terreno de juego.

El hecho de creerle a Carrillo o a García Aspe no es el tema de esta colaboración, aunque si me preguntan por quién me decanto, está claro que al segundo (Beto) le hemos visto dar más alegrías a nuestro balompié y podría llegar a tener también un buen futuro como hombre de pantalón largo.

No eximo la culpa del novel dirigente, que eligió mal, se equivocó dos veces, aunque entiendo que -de manera improvisada- quiso dar un “golpe de timón” contratando entrenadores de afuera en una Institución que se caracteriza justamente por formar jugadores y entrenadores (desde 1977 cuando asumió Bora Milutinovic, sólo Roberto Saporitti había sido el único entrenador “sin sangre azul y oro”).

El problema con los Pumas es más complejo, pero al escuchar la declaración de Carrillo me hizo pensar en cuántas ocasiones se hacen cosas o se toman decisiones que no entran “ni con calzador”.

El proyecto de las Chivas no es ni bueno ni malo, sino completamente forzado. Un grupo de 11 entrenadores de un país lejano encabezados por alguien que fue grandísimo en el campo y que también en la banca cosechó éxitos (el último hace casi 20 años) pero que ahora intenta hacer del equipo más popular de los mexicanos un incómodo laboratorio humano (como cuando meten “apretujado” a un conejo para ser examinado).

Johan Cruyff es una leyenda mundial y no necesariamente está equivocado, pero parece claro que en este Guadalajara nadie se siente muy cómodo que digamos.

Ojo, que no estoy diciendo que en el futbol siempre debas estar muy cómodo para sobresalir, justamente tanta comodidad podría abrir un boquete para que se hunda el barco, pero hay que templar y manejar con tacto y argumentos para salir bien librado.

Johan Cruyff hoy critica el fondo y las formas. Intenta cambiar las tradiciones y hasta los gustos personales de los involucrados. Destaca una larga sequía (de la que no miente) en el equipo que tendría que festejar cada año, y lanza como estandarte el manoseado término “noventero” ya medio caduco que quizá ya no motiva tanto: La “calidad total” a la que debe aspirar el equipo más mexicano.

A mí en lo personal me parece que el futbol no es tan complejo. A veces creo que hay quienes buscan encontrar todas las maneras posibles para ser de otra forma a la que no son por el simple hecho de argumentar un cambio. Quizá sería también interesante preguntarle por una “fórmula” a todos aquellos integrantes del Guadalajara que antes ya ganaron 11 títulos, en lugar de pretender quitarle los cuernos al “rebaño”.

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