La única oportunidad

El futbol es por definición el deporte de la asociación. Todos hacia un mismo objetivo de manera solidaria, aunque si no se cuenta con líderes que salten a la cancha para hacer la diferencia.

El futbol es por definición el deporte de la asociación. Todos hacia un mismo objetivo de manera solidaria, aunque si no se cuenta con líderes que salten a la cancha para hacer la diferencia,  el trabajo colectivo no conduce hacia ningún lado. Hace unos días platiqué con una figura que seguimos extrañando. Luis Hernández, ha sido el máximo goleador mexicano en Copas del Mundo. Fue uno de esos jugadores que se crecían -rindiendo más- cada que se enfundaban el uniforme nacional. Cada partido lo jugaba como si fuera el último, o el único. Recuerdo la sorpresa que provocó cuando Bora Milutinovic lo llevó a la Copa América del ‘97, y aún más cuando le anotó a Brasil para levantarse después con el título de goleo. Al “Matador” le gustó tanto acaparar los reflectores que decidió mejor hacerse indispensable para así no tener que dejar su lugar a nadie más, rumbo a la siguiente Copa del Mundo.   Luis Hernández aprovechó la oportunidad –que podía ser única- haciéndose grande con el Tri, justamente al enfrentar al Campeón Mundial vigente de ese entonces -el Brasil de Romario, Ronaldo, Roberto Carlos y compañía-. Regresando de Bolivia (de esa Copa América) fichó con el Boca Juniors en donde jugó muy poco pero igual respondió (hizo dos goles en apenas cuatro partidos, el primero ante el Colo-Colo recibiendo uno de los últimos pases que Diego Armando Maradona entregó como futbolista en activo). Siempre que Luis Hernández se puso la “Verde” brilló, corrió, se barrió, mordió, jaloneó, se “engalló” y anotó. Luis Hernández fue el referente ofensivo del Tricolor en Francia ‘98. Y en esta última charla, le pregunté si le gustaban los actuales integrantes de la Selección del “Chepo” y su respuesta fue tan clara como directa: “No veo aún referentes”. He destacado varias veces a este equipo que dirige José Manuel de la Torre. A mí me sigue pareciendo que tanto él como su grupo de trabajo están haciendo una labor inteligente,  bien planeada, profesional conduciendo a una generación de jugadores llenos de calidad y mentalidad positiva, pero coincido con el “Matador”. Ya va siendo hora que los que jueguen se hagan imprescindibles. Yo no me puedo imaginar a la Selección Mexicana del ‘94 sin Claudio Suárez, García Aspe, Benjamin Galindo o Luis García. No podíamos ver al Tri del ‘98 sin Jorge Campos, Ramón Ramírez o Luis Hernández. Nadie hubiera imaginado que México llegara al 2002 sin Jared Borgetti, Cuauhtémoc Blanco, el “Conejo” Pérez o Gerardo Torrado. Esos futbolistas que desde que debutaron con la Selección Nacional se quisieron quedar para siempre. Creo que el “Matador” tiene razón. Ojalá que más allá de la calidad que de por sí poseen, nuestros futbolistas de la actualidad salgan de una vez por todas a grabar su nombre en cada posición. Algo como lo que el propio Luis consiguió en la oportunidad dorada del ’97. Salir a ganarse el respeto robando los elogios frente al Campeón Mundial, para que después nadie se imagine a otro jugador ocupando su lugar.

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